El niño bueno.

El niño bueno se llamaba Lorenzo.

Lorenzo vino al mundo en un momento muy malo en la vida de sus papás.

El niño bueno LorenzoEl padre había perdido su trabajo y estaba en el paro.

En la casa había escasez y mucha necesidad.

La mamá no daba hecho con tantos hijos que atender y para colmo de males llegó Lorenzo sin ningún pan debajo del brazo.

Nadie se ocupaba de él, ni siquiera sus hermanos.

Quien sabe cómo pudo sobrevivir en un hogar, donde se le ignoraba.

El pequeño Lorenzo era muy delgado, casi insignificante. En su cara solo había ojos y una sonrisa, cuando nadie lo miraba. Porque si alguien lo miraba sonreír es posible que recibiera algún golpe.El niño bueno con papa riñendo

─Te ríes ¿eh? A saber que habrás hecho. ¡Toma!

Y le caía un bofetón.

Si papá se lo encontraba cuando estaba de mal humor, cualquier excusa era buena para darle una zurra.

Por ello Lorenzo siempre estaba lleno de moratones.

Como era tan enclenque todos los hermanos abusaban de él.

Solo había una muchachita, María, amiga de su hermana Sonia, que cuando venía por casa, le sonreía. A veces le recriminaba a Sonia por el trato que le daban al diminuto Lorenzo, siendo tan bueno. Sonia se burlaba diciendo:

─¿Bueno, ese? Si no hace más que travesuras una tras otra. Nunca se hace nada bueno de él.

María no se dejaba convencer e insistía en que Lorenzo era un niño muy bueno.

Una noche se quedó a dormir con Sonia. Estaba muy excitada por la novedad de dormir fuera de casa y no conciliaba el sueño.

De pronto oyó un ruido y se puso al acecho. Al poco rato vio, iluminado por la luna, al pequeño Lorenzo. Lo siguió con mucho cuidado para que no advirtiera su presencia.

Cuando más tarde volvió a su cuarto y se acostó al lado de su amiga, sin que esta se hubiera enterado, estuvo un buen rato llorando en silencio, hasta que se quedó dormida.

Al día siguiente le dijo a Sonia que tenía que contarle algo, mejor dicho, que tenía que mostrarle algo.

Una vez que se hubieron acostado todos, permanecieron despiertas las dos amigas.

El niño bueno besa papáDe repente oyeron un ruidito. Se levantaron sigilosas. Enseguida vieron al pequeño Lorenzo que caminaba como un duende en la noche. Se dirigió a la alcoba de sus papás. Abrió la puerta muy despacio y entró. Se acercó despacito a la cama y poniéndose de puntillas, besó a mamá y luego a papá. Luego hizo el itinerario por todos sus hermanos, repitiéndose la escena de los besos. Las dos muchachas se acostaron y cerraron los ojos. Poco después sintieron en sus mejillas, los tibios labios del muchachito.

Sonia no contó nada a sus hermanos ni a sus papás, pero desde aquel ella fue la más fiel defensora de Lorenzo y poco a poco, con mucho empeño, fue consiguiendo que sus hermanos dejaran de maltratar al muchacho. Hasta sus padres fueron cambiando de actitud con respecto al niño.

Al fin la bondad de Lorenzo dio su fruto. Había plantado una semilla que nunca dejó de crecer.

Texto: Jesús Muñiz González

Jesús

Un comentario sobre “El niño bueno.

  • el 11 de junio, 2019 a las 20:56
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    Muy bonito y tierno el cuento jesus nunca deje de escribir

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