El monte

Hice un viaje a Venecia, invitada por unos familiares que viven allí y la verdad es que lo pasé estupendamente.
Venecia me encantó, es una ciudad muy bonita con edificios maravillosos y no digamos nada de la Basílica de San Marcos, eso es una joya.
Pero que les voy a decir ustedes, muchos ya la conocerán personalmente y otros por reportajes y fotografías, así pues voy a contarles hoy de otros sitios menos conocidos, pero también dignos de ver por su belleza y significado.
A los pocos días de llegar empezaron con la vendimia, también fue una experiencia bonita pues aunque parezca mentira no estuve nunca trabajando en una, bueno trabajar, trabajar, es un decir, pero ayudè que ya es bastante.
Un día por la mañana me dice Julio (mi primo) que me van a llevar a ver un monte que está a 4 ó 5 kilómetros, pense que en un monte poco tendría que ver, pero bueno, allá nos fuimos. El día estaba radiante y la verdad apetecía salir a pasear por el monte.
Paró el coche delante de un bar en la carretera y entramos a tomar algo, era ya media mañana, nos hicieron un gran recibimiento pues eran amigos. Me presentaron a todos, charlamos un poco y nos fuimos, no sin antes encargar la comida.
Cruzamos la carretera y empezamos la subida al monte. Quedé maravillada de lo limpio y cuidado que estaba (senderos con escaleritas para subir, todo perfecto), hasta que llegamos a un lugar donde había un gran monolito de piedra y encima una gran bota de alpinista (también en piedra) entonces Julio empezó a contarme que aquel monte pertenecía a una sociedad de alpinistas de la que él también era socio, así como él del bar y otras personas que tembién estaban  allí. Todos pagaban una cuota y todos los meses, se formaban grupos para ir a limpiar y cuidar todo aquello. Un día al año hacían una fiesta campestre y acudía gente de muchos lugares del entorno, llevaban la comida y pasaban allí el día en amigable camaradería. Por la mañana tenían una misa pues un poco más arriba encontramos una capilla. Julio abrió la puerta (pues el del bar tenía la llave) y entramos. Muy sencilla, solamente tenía un gran Cristo y abajo en el suelo delante del altar una réplica de la bota que vimos al subir, pero esta más pequeña. Salimos y seguimos andando por aquél paraje precioso, pequeños puentes de madera que cruzaban pequeños riachuelos de aguas cristalinas, bancos para descansar (de los que yo hice bastante uso), en fin un paseo maravilloso.
De pronto nos encontramos en un paraje que me dejó sobrecojida, toda aquella parte del monte estaba llena de pequeñas lápidas de piedra clavadas en el suelo, delante una planta pequeña con flores. Las había de todos los colores, azules, amarillas, rojas…las que más abundaban eran las blancas, es la típica de la región. Cuando una moría enseguida plantaban otra.
Entonces Julio me explicó que allí no había nadie enterrado, era una cosa simbólica, en cualquier lugar del mundo donde muriera de accidente un alpinista, le mandaban los datos a ellos y entonces ponían la lápida con su nombre, fecha y lugar donde murió, había de todas las nacionalidades, incluso, claro, españoles.
Me pareció una casa bonita para contarles, pues a mi la verdad que me sorprendió bastante, por eso les decía al principio que Venecia me encantó, pero hay por el mundo cosas muy interesantes y curiosas de las que nada sabemos y que también son dignas de ver.

Estrella

Un comentario en “El monte

  • el 06/12/2008 a las 11:18 pm
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    Preciosos tu artículo Estrella, como para contar en cualquier lugar, comiendo con los nietos, en un grupo, en el coche de excursión etc…
    Los que ya no estamos para pensar mucho, estos relatos nos encantan, cuando ya hay un fondo político o religioso, pués …. como que cierro el ordenata y salgo ganando.
    Sigue contandonos todas tus vivencias.
    Un saludo

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