“El Legado Interior”

El legado    Desde muy pequeño escuché decir a mi abuela, que yo había nacido con los ojos abiertos. Nunca supe si eso era bueno o malo, aunque fácilmente hubiera podido deducirlo porque según ella: quien nacía sin echarle una mirada al mundo, siempre andaría carente de alma y el corazón lo tendría solo de adorno.
Desde la casa de mis abuelos donde pasaba mis veranos de infancia, podía divisarse una gran casona de aspecto siniestro, bastante parecida a un pazo. Allí vivía sola, una mujer muy mayor de apariencia extravagante. No lo era tanto por su aspecto, sino más bien por su conducta, y lo que guardaba en el interior de la casona, donde atesoraba muchos y extraños objetos, entre ellos libros, así como unos lienzos sorprendentes que habían sido pintados sobre cuero de gacela. Aparecían representadas curiosas pinturas, que ella contemplaba ensimismada durante horas.
Aquella extraña mujer mantenía una estupenda relación con mi abuela y a la llegada del buen tiempo, siempre le ofrecía la fruta que maduraba en los árboles que rodeaban la casona.
-Las ramas se rompen por el peso, es necesario retirarla.
Una tarde, mi abuela me envió hasta allí con un capacho y  varias recomendaciones:
-Escúchala porque te enseñará cosas que jamás aprenderás en los libros –Dijo antes de despedirme.
Aquella primera vez, no iba muy convencido que saliese como esperaba. La anciana tras observarme detenidamente, hizo una serie de preguntas que he olvidado. No me di cuenta que estaba siendo sometido a una especie de examen, del cual obtendría conclusiones sobre mí. Después me invitó a bizcochos con chocolate.
-Pasa cuando quieras a recoger la fruta y cuando lo hagas trae agua de la fuente –Dijo cuando me despidió, entregándome un botellón de cristal rodeado de mimbre- Pero no olvides que yo no  he nacido para perder el tiempo en conversaciones podridas.
A partir de ese instante,  la atracción que fue ejerciendo sobre mí aquella casona y su dueña, me hicieron desear visitarla, pero siempre evitaba hablar, pues desconocía lo que ella consideraba  una conversación podrida.
Cada tarde me acercaba, no tanto por las ciruelas o manzanas que podía recoger, sino por verla y descubrir algo que hasta entonces había permanecido velado a mis tiernos ojos.  Durante aquel verano acudí casi a diario con el botellón de cristal lleno de agua. Tras guardarlo en lugar fresco merendábamos bizcochos  recién cocinados, que me ofrecía siempre acompañados de chocolate.
Pero no eran las meriendas lo que me cautivaba, buscaba  sus charlas y aquellas frases que se colaban en mi cabeza aunque no lograra entenderlas.
-Existe una universidad a la que llaman de “Todos los saberes” Muchos no consiguen acceder a ella porque creen haber nacido para perseguir un sueño: Entonces lo buscan  y jamás tropiezan con él.
-Pero ¿Dónde está esa universidad? –Pregunté inocente.
-En el interior de cada uno… la mayoría no lo saben, porque han perdido la facultad de mirar dentro de si.
Yo la escuchaba hasta que llegaba el momento de llenar mi capacho de fruta:
-Las verduras y las frutas, las creó Dios para  los pobres y para los cerdos –Dijo una tarde con naturalidad, mientras yo abandonaba la casona.
No me sentí ofendido al oír sus palabras, porque estaba convencido que todo cuanto decía, lo pensaba realmente.
La siguiente tarde se presentó una gran tormenta, pero yo acudí igual que otras, acompañado del botellón de agua fresca. Llovió durante horas, y al no poder recoger la fruta, me contó una sorprendente historia mientras merendamos:
-Lo que voy a relatar, muy pocos lo saben –Comenzó misteriosa, mientras los relámpagos iluminaban la estancia- Hace muchos años, antes incluso que tú hubieras nacido, estalló una guerra violenta.  Viendo que podía alargarse en el tiempo, una noche, durante sus horas más oscuras, me perdí en el cementerio, con un cofre donde guardaba mis mejores joyas y algún dinero. Completamente a oscuras me moví sigilosa hasta localizar la sepultura donde descansaban los restos de mi padre.
-¿Y que pasó? –Apremié.
La anciana bebió un pequeño sorbo de aquel chocolate caliente antes de responder.
-Deslicé mis riquezas en el interior de la tumba…
-¿Por qué lo hizo? –Pregunté con cautela.
-Estaba convencida que nadie buscaría en aquel lugar sagrado, porque si algo tienen los hombres, es respeto por los muertos – Explicó con voz profunda- Desde arriba  no nos juzgan, porque entienden las verdaderas razones que nos llevan a comportarnos como lo hacemos.
-¿Nunca  encontraron el cofre con sus joyas y el dinero? –Pregunté con curiosidad.
-Jamás. Durante la guerra mataron a muchos hombres, y algunas mujeres. Saquearon  casas, bienes y enseres. Pero de aquí no se llevaron más que mi desprecio.
-¿Y las joyas que había escondido en la sepultura de su padre? –Insistí.
-Volví a recogerlas años después, cuando ya había terminado la guerra y aparecieron los tiempos de escasez.
Yo la escuchaba con atención, entonces era bastante joven, y a lo largo de aquel verano, contemplando su enorme biblioteca, me sentí tentado varias veces a preguntarle por mis escritos, y sobre todo, la causa por la cual, pasado un tiempo, al leerlos de nuevo, no me gustaban.
La suerte vino en mi ayuda, una tarde, ya al final del verano. Había dejado fuera del capacho, una libreta que siempre llevaba conmigo. La anciana se apoderó de ella y comenzó a leer con gesto escéptico. Yo la observaba escrutando el texto con sus profundos ojos, atravesados por aquellas gafas, que colgaban siempre de un cordón dorado. Permanecí muy quieto y asustado siendo consciente de su implacable lengua carente de benevolencia y por supuesto sin piedad… Fueron minutos angustiosos hasta que por fin apartó aquellas cuartillas a un lado para contemplarme con su extraña mirada antes de comentar:
-Nunca escribirás bien, si en cada párrafo no entregas tu legado interior.
Aquellas palabras me acompañaron el resto del día, incluso por la noche, antes de dormir las repetía muy bajito para que nadie pudiese escuchar: “Nunca escribirás bien, si en cada párrafo no entregas tu legado interior“… “Mí legado interior… Mi legado interior”  Pasaría mucho tiempo antes de llegar a comprender lo que  había querido decir.
Cuando años más tarde descubrí, que podía dejar de escribir con la mano para hacerlo desde las entrañas, averigüe a su vez, que aquellos escritos ya no me decepcionaban. Y fue entonces cuando de nuevo recordé a la anciana de la casona, entendiendo que  sus palabras hablaban de honestidad…  la que me debía a mi mismo:
“Nunca escribirás bien, si en cada párrafo no entregas tu legado interior” Al fin, después de tanto tiempo, había hallado esa conexión con mi Legado Interior.

Texto e Imagen:  Miguel A. Méndez González

10 comentarios en ““El Legado Interior”

  • el 08/11/2015 a las 9:06 am
    Permalink

    Me he llevado una sorpresa con el relato El legado interior. Es cierto que cuando escribimos algo al releerlo no nos parece igual que la primera vez. Muy bonita historia.

    Isabel.

  • el 08/11/2015 a las 11:10 am
    Permalink

    Un texto que asombra y alumbra. Ciertamente el autor ha conseguido conectar con su legado interior.

    Felicidades.

  • el 08/11/2015 a las 5:35 pm
    Permalink

    es cierto porque mi abuela tenía mucha fruta en la finca y cuando maduraba había que cojerla porque rompia las ramas. No te olvides de la Elviriña.

    Estela.

  • el 09/11/2015 a las 11:08 am
    Permalink

    considero que ese legado interior puede trasladarse a cualquier circunstancia de la vida, me ha gustado leerlo.

    Saludos.

  • el 09/11/2015 a las 11:55 am
    Permalink

    Me ha gustado El Legado Interior, es un relato corto donde podemos encontrar una clave y que además entretiene.

    Un saludo.

    Ana.

  • el 09/11/2015 a las 5:12 pm
    Permalink

    Todo lo más importante sale de las entrañas, en nuestro interior están todas las claves, es cierto lo que cuenta Miguel.

    Un buen relato corto.

  • el 09/11/2015 a las 6:12 pm
    Permalink

    Miguel, me quedé un poco asombrada, esperando más. Sí, porque pensé que anunciarías que era un fragmento de un nuevo libro que estuvieras haciendo.
    Me decía: “Va a ser interesante, ofrece intriga”.
    En fin, que me gustó el relato y espero que le des continuidad.
    Saludos

  • el 09/11/2015 a las 11:12 pm
    Permalink

    Muy interesante relato. Un personaje muy novelesco el de la anciana dueña del pazo.
    Saludos. Gloria.

  • el 10/11/2015 a las 12:03 am
    Permalink

    Aunque a veces por falta de tiempo no puedo poner comentarios quiero que sepa que procuro leer todo lo que escribe y creo que es un buen escritor,mucho mejor que otros que dicen serlo y que no tienen idea de nada ni saben conectar con el lector.
    Una vez más mi enhorabuena
    Atentamente
    Guadalupe Aguilera.

  • el 10/11/2015 a las 11:10 am
    Permalink

    Todo lo que nos llega lo hace porque hemos sido capaces de encontrar la realidad dentro de nosotros.

    Da igual la actividad, El Legado Interior siempre está ahí si sabemos conectar con él.

    Muchas felicidades por ser capaz de transmitir algo tan complicado y hacerlo de manera sencilla para que llegue a una gran mayoría.

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: