El Israel que yo vi

Como es habitual, nuestro compañero de redacción y de viaje, Jesús Muñiz, realizará una concienzuda crónica sobre nuestro viaje a este país, pero a mi me gustaría compartir algunas sensaciones y emociones con vosotros.

Mujer en el Israel ultraortodoxo.

En nuestro reciente viaje a Israel conocimos un poco más de su cultura.

Un país que nos resulta difícil de entender. Nuestro contacto con Israel se hizo a través de los ojos de un guía que se declaraba hebreo descendiente de polacos, ateo y que dejaba entrever un posicionamiento un tanto centrista en política.

Israel está a la vanguardia de sistemas informáticos, bélicos, es capaz de llevar agua a un pedregal y convertirlo en un vergel,  al mismo tiempo que sus ascensores estan inactivos en sabbat. En nuestro hotel de 4 *, atestados de turistas, parte de sus ascensores no funcionaban desde la tarde del viernes hasta la tarde del sábado.

En 2019 el 74,2% de la población se declaró Judía, el 4% se declaró Atea o de ninguna religión, el 17,8 Musulmanes,  2% Cristianos un 1,6% como seguidor del Drusismo y un 0.4% de otras religiones.​

Pero lo que más llamó nuestra atención fueron los judíos ultraortodoxos por su peculiar forma de vestir. Los observamos con ojos ávidos para tratar de acercarnos a su forma de entender la vida.

No se relacionan con sus conciudadanos. Hablan yiddish  un dialecto de origen mediaval germánico. No hacen el servicio militar, viven subvencionados por el estado y otras organizaciones judías, no pagan impuestos. No les gusta que entres en sus espacios.

En los autobuses que  realizan sus servicios, por esta especie de barrios-guetos, existen plazas reservadas en la parte de atrás destinadas a mujeres, para que los hombres no tengan que sentarse con ellas.

 

Este colectivo, el 11% de la población, se rige por leyes en las que las mujeres salen muy mal paradas.

En el judaísmo se da por sentado que el cuerpo de la mujer fue creado para incitar a  pecar al hombre, por lo tanto hay que poner todo tipo de limitaciones para que esto no suceda. Así se considera impura a la mujer en los días de la menstruación.

Las mujeres ultraortodoxas van  vestidas de forma gris y humilde, con falda a media pierna, medias  a pesar del calor, con un peinado similar que más tarde nos enteramos de que eran pelucas y con varios niños a su lado. Para no encender los instintos sexuales masculinos se buscan soluciones tan surrealistas como rapar la cabeza para luego simular que se tiene pelo con una peluca.

Pero evidentemente también existen mujeres judías religiosas del siglo XXI que son grandes ejecutivas y que visten al modo occidental.

Muro

Las mujeres ultraortodoxas son en muchas ocasiones las que aportan los ingresos familiares ya que los maridos se dedican exclusivamente al estudio de las escrituras. Son además las que cuidan a la amplia familia.

El marido es el único que puede conceder el divorcio, si él no quiere la mujer puede quedar en una situación muy incomoda, algunas pagan a sus maridos y renuncian a sus derechos para que estos cedan al divorcio.

Según la Israel Women’s Network , el 42% de las mujeres ultraortodoxas reciben golpes de sus maridos, y un 24% sufre violencia sexual.

Observar en el Muro.

En el Muro de las Lamentaciones existe una separación entre sexos, a un lado los hombres y a otro las mujeres.

Existe un grupo que se llama Mujeres del Muro que trata de cambiar esta tradición. Estas se arriesgan a ser arestadas por el simple hecho de llevar en brazos un rollo de la Torá. “La Asociación Mujeres del Muro desea poder rezar en el Muro de manera no tradicional y fundamenta su posición en el derecho a la igualdad para las mujeres y el derecho a la libertad religiosa”.

Ya me habían informado que no podría entrar a la biblioteca de la Torá a la que sólo pueden entrar hombres, así que decidí no dejar mi petición a un díos que discrimina tanto a las mujeres y dedicarme a observar en la plaza .

Observé como algunos grupos festejaban el Benei Mitzvá, fiesta  que se realiza en el 13 cumpleaños para los varones. ​ A partir de este momento, pasan a ser considerados responsables de sus actos. Las mujeres subidas a unas sillas o barandillas ya creadas con esa finalidad observan desde el muro exterior, como los hombres se divierten. Era como si las mujeres asistieran  de mironas a una fiesta a la que no las habían invitado.

Participamos en la fiesta de un grupo que llegaba con un chico elegantemente vestido de traje, un poco abochornado creo yo. Un buen profesional animaba la fiesta de su 13 cumpleaños con un grupo musical también muy bueno, que pronto interpretó para nosotros “Que viva España” y nos animó a bailar con ellos, supongo que eran judíos practicantes de las tradiciones pero no ortodoxos.

 

Observé como grandes grupos mixtos de jóvenes vestidos de militares y portando armas se entretenían como si del patio de un colegio se tratase, como alumnos en una excursión fin de curso. Se prestaban encantadas y encantados a ser fotografiados.

Le pregunté a nuestro guía si no habían matanzas al estilo EE. UU. Tantos jóvenes con todo tipo de armas pueden ser muy peligrosos pensé, me dijo que no, que ese tipo de actos no se producían.

En uno de los controles de aduana que tuvimos que pasar entre Israel y Palestina dos soldados, un chico y una chica subieron a nuestro autobús en un tono tan amistoso que creo que lo que querían era hacer una demostración de su buen castellano.

Israel no cabe duda que es un país difícil de entender, moderno y anclado en el pasado al mismo tiempo.

Con una población muy heterogénea a la que no le queda más remedio que entenderse.

Una población a la que nuestro guía trataba de que identificásemos según su vestimenta y rasgos étnicos. También nos contó como al estado de Israel habían podido regresar judíos desde casi todos los lugares del planeta, así pudimos ver chicos de tez muy oscura haciendo el servicio militar con el típico Kipá  o gorro judío.

Vimos judíos laicos, judíos religiosos, judíos ortodoxos y ultraortodoxos,  árabes, católicos entre otros. Una amalgama de gentes de todo tipo.

Jerusalén tiene además muchos turistas que convierten a esta Ciudad Santa, llena de energía, historia y personalidad, en un parque temático, en el que uno descubre que el lugar donde Jesús apoyó la mano hace 2.000 años, camino del Calvario, está situada a la altura adecuada para apoyar la nuestra. Y unos pasos más abajo vemos el dintel deuna puerta, construcción de la época de Jesús que apenas sobresale unos centímetros del suelo. ¿Paradójico no?  Un grupo de peregrinos de algún país de Hispanoamérica se cruzó con nosotros portando una cruz alquilada camino del Calvario, mientras aquí y allá se saborea un rico jugo de granada y se regatea por una camiseta que dice: “Free Palestine”.

Cada iglesia cristiana tiene su trocito del pastel en los lugares más santos.

Soldados
Israel es un destino distinto, que no  deja indiferente, que no  entiendes antes de llegar, pero poco más  lo comprendes al volver.

Un ejemplo son las grandes medidas de seguridad en el aeropuerto, interrogatorio individualizado, preguntando si alguien había intervenido en la confección de nuestro equipaje. Luego vimos asombrados como algún compañero de viaje pasó  el agua y el pícnic con líquidos, en una caja que nos dieron en el hotel, sin ningún problema en los controles antes de entrar en el avión. Pícnic que no sabíamos quien lo había confeccionado o que podía ser realmente lo que parecía un arroz con leche que no iba ni tan siquiera embasado herméticamente.

Os dejo un enlace a un programa de “Madrileños por el mundo” Lo vi antes de hacer el viaje. Me llamó la atención en especial el de una madrileña que se había convertido al judaísmo y que iba con peluca y medias a 40º. Es una mujer divertida,  pero sigo sin entender como una profesora de universidad puede aceptar ciertas tradiciones. De todas formas creo que es una ortodoxa muy poco convencional.

Texto y Fotos: Carmen C. Blanco