El diario de Anand

El diario de Anand, es decir, mi diario, lo comencé justamente aquí, por eso aquí termina mi relato, Andrés.

A partir de ahora podrás leer mi diario, que lo titulo justamente así: diario de Anand.

Como ya te dije antes, no se trata de un diario íntimo, confidencial, donde se cuenta todo.

Algunos hechos, pensamientos, intimidades, no figuran en mi diario.

En el solo relato lo que pueda ser leído, nada más.

Sencillamente lo titulo diario de Anand, porque lo escribo a diario.

Supongo que eso te bastará para saber acerca de mi viaje, de las circunstancias en las que se desarrolló, sin omitir detalle.

Como comprenderás hay algunos detalles, nombres, incluso pequeños detalles que no podía contar

Supongo que todo lo que falta en ese diario, se sabrá algún día. No sé cómo ni cuándo, pero se sabrá.

Pero eso ya no será el diario de Anand, ni siquiera mi biografía, eso será como el viaje de Ulises, eso es, será la odisea de Anand.

El héroe griego hizo un largo viaje para volver a su patria. Después de salvar un sinnúmero de dificultades llegó al hogar.

Ese viaje para Ulises fue quizá la parte más importante de su vida.

La historia no nos cuenta que fue de Ulises, después de su regreso.

Ni siquiera tenemos muchos datos acerca de su actividad en la guerra de Troya.

Realmente lo importante es ese viaje, singular, hasta el punto de que hemos adaptado la palabra odisea para definir un viaje lleno de dificultades.

Y la verdad es que mi viaje, que ha durado tres años, ha sido un largo y duro recorrido, que todavía no llegó a su fin.

Quisiera que nos diéramos un pequeño descanso, antes de comiences la lectura de mi odisea.

La verdad es que estos días contigo han sido y son de los más felices que he disfrutado en mi vida.

Sobre todo, porque en ellos he disfrutado de paz.

La verdad Andrés es que tu presencia ha traído sosiego y seguridad a mi vida”.

Hasta aquí llega lo escrito por Anand desde que llegó a mi casa.

En el escritorio he visto un archivo que se llama “el diario de Anand” y no me atreví a abrirlo todavía, pues voy a respetar sus deseos y disfrutar de unos días sin otra preocupación que vivir plácidamente.

Así que antes de acostarme anoté en mi libreta los lugares que pensaba visitar con Anand y algunas cosillas más. Realmente hice el borrador de un plan de vacaciones.

Me fui a la cama ilusionado pensando en ello.

Me levanté antes que Anand y preparé el desayuno. Justamente entró en la cocina cuando está a punto de llamarlo.

─El olorcillo del té y las tostadas me despertaron.

─Hoy es nuestro primer día de vacaciones Anand y vamos a comenzarlo con un estupendo desayuno.

Era un placer verlo desayunar con tan buen apetito. Era fácil saborear mis recuerdos juveniles contemplando a Anand.

Yo también disfrutaba de un buen apetito a su edad.

Con los años también se aprende a gozar de la vida contemplativa.

─ ¿Qué vamos a hacer Andrés en el día de hoy de vacaciones?

─ Pues para empezar vamos a visitar un castillo, y después depende del tiempo que nos lleve la visita. No estamos sujetos a horario.

Anand abrió los ojos con entusiasmo.

─ ¡Un castillo! ¡Eso es estupendo! ¡Me gustan los castillos!

Como me gustaba que se entusiasmara tanto. Después de todo había tenido una buena idea.

Ya le había dado un buen repaso a mis apuntes para poder contarle algo sobre lo que veríamos.

En cuanto terminamos el desayuno y después de fregotear el servicio usado, nos fuimos.

El castillo estaba muy cerca. En quince minutos enfilamos la subida y ya se podía ver la silueta de la torre desde el coche.

Tonto de mi no se me ocurrió indagar antes los horarios de visita. Si lo hubiera hecho nos hubiéramos evitado el chasco de encontrarlo cerrado.

Así que solo pudimos verlo desde fuera. Dimos un paseo alrededor del recinto y ya nos íbamos hacia el coche cuando oí una voz gritando mi nombre:

─ ¡Andrés!

Me volví y me encontré Eugenio.

─ ¡Cuánto tiempo! ¿Qué haces por aquí?

─ Veníamos a ver el castillo. Este es mi sobrino. Está aquí unos días.

─ Encantado.

─ Mucho gusto señor. Mi nombre es Anand.

─ Querido Andrés. Es estupendo que nos hayamos encontrado. Supongo que te habrás llevado un chasco al llegar y ver esto cerrado.

Eugenio se sonrió, me puso la mano en el hombro en un gesto amistoso y luego me comunico cuanto le alegraba nuestro encuentro.

Insistió para que le acompañara a que tomáramos un café con él y que nos daría una sorpresa.

Puesto que ya no podíamos ver el castillo y al observar que Anand parecía conforme con el cambio de planes, acompañamos a mi amigo.

Ni siquiera fuimos en coche, nos guió hacia un pequeño bar muy cerca de allí.

Nos sentamos a una mesa y pedimos los cafés. Eugenio se disculpó diciendo que tenía que hacer una llamada.

Charlamos animadamente un buen rato. Eugenio era un contertulio estupendo, todo lo contaba con mucha gracia.

Media hora más tarde entró un señor en el local que enseguida saludo a Eugenio. Este se levantó, se acercó al hombre y luego vinieron ambos a la mesa.

─ Andrés tengo el gusto de presentarte Raimundo Fontenla. Mi amigo Andrés y su sobrino Anand.

Nos dimos la mano con el tal Raimundo y luego Eugenio nos dio la sorpresa.

─ Raimundo es el encargado del mantenimiento del Castillo de Sobroso, y no solamente eso, es que además está muy enterado de cuanto hay de interés en el lugar. El nos guiará por el castillo en una visita y yo estaré encantado de acompañaros. Y al terminar la visita ya hice reserva para la comida.

Anand mostraba un rostro feliz y con ánimo excelente nos encaminamos al castillo.

 

El diario de AnandJesús Muñiz González

2 comentarios en “El diario de Anand

  • el 20/06/2021 a las 4:04 am
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    Hola buenos días feliz domingo yo también me gustaría visitar algún castillo muy bonito cuento

  • el 21/06/2021 a las 8:46 am
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    Como siempre muy bonitooo!!

Los comentarios están cerrados.

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