El cambio

El cambio vino porque primero cambió él.

Alegre y jovial, había sido para sus padres un hijo querido y para el pueblo un excelente muchacho, en el juego un sensato divertido, en el estudio un aplicado rebelde, en sociedad un pícaro entrañable, en política un osado convincente, en el amor un ingenuo apasionado. “Este es mi hijo” repetía su padre orgulloso mientras  su madre lo miraba embobada. Cuando las miraba las muchachas se ruborizaban, los parientes lo tenían en gran estima, los siervos lo elogiaban, sus amigos lo adoraban. Siempre generoso, con la sonrisa fácil, la paciencia ilimitada, enemigo de estar quieto. Así creció, hasta que muy joven tuvo que ir a la guerra.

Después de un tiempo se terminaron las batallas y él volvió a la casa paterna; sin la sonrisa, con la mirada manchada de sangre y un silencio desgarrado encalleciendo su garganta.

Durante un tiempo caviló por los rincones. Se levantaba al alba y se quedaba quieto esperando el atardecer, envuelto en el silencio. Una tarde anunció a todo el mundo que se iba. Lo miraron asustados. ¿Irse? ¿A dónde? Su madre lo miró llorosa; su padre, preguntó, razonó, discutió, pero fue en vano. El silencio de su hijo fue locuaz y destrozó cualquier argumento.

El camboSe levantó al amanecer, un amanecer diferente, inolvidable. El sol, con un fulgor indescriptible desnudó la oscuridad. Extendió su manto de luz coloreando la campiña e inyectando estrellas en las gotas de rocío. Había pasado la noche en vela, en compañía de la luna. Sonreía. Se despojó muy lentamente de la ropa hasta quedar desnudo. Abrió la puerta de su alcoba y sin hacer ningún ruido salió fuera de la casa y se marchó.

Anduvo con los pies descalzos en contacto con el frío y duro suelo. Lo hizo con cuidado, tentando suavemente, con los dedos, buscando el apoyo más seguro y experimentando a cada paso el placer de adentrarse en un mundo para el desconocido. Aprendía como un niño que inicia su andadura y descubre con una mezcla dolorosa y placentera, un mundo nuevo pero antiguo, misterioso aunque cercano. El camboLa planta de sus pies recuperó la facultad de conocer por el contacto, y balbuceaba al cerebro muy despacio, pero con una ilusión arrolladora, cada una de las sensaciones percibidas. Nada había agresivo en la superficie que lastimase la delicada planta de sus pies, tan poco acostumbrada a un ejercicio como este. A pie descalzo descubrió en el camino la desbordante vida que bullía en el vecindario.

La brisa fría, empujada por los rayos cada vez más decididos, le envolvió y cerró cada uno de los poros de la piel, tensando sus músculos, hasta sentir con una intensidad extraordinaria multitud de sensaciones, que hicieron de aquel instante un recuerdo imborrable: el silencio apacible de su casa dormida, el pueblo diligente y campesino iniciando sus labores, el competitivo canto de los gallos, la rueda cantarina del carro con los bueyes, la roldana del pozo que lanza la cuerda con el cubo sediento en un extremo, innumerables sonidos, colores y aromas, la naturaleza plena de vida envolviéndole y en contacto con todo su ser.

El camboEl camboFundido su cuerpo en el camino, nadie pudo percibir su presencia y pronto se adentró en El camboel bosque, para ascender por la pendiente suave de la colina que cobija al pueblo. Las ramas de los árboles, los helechos, las zarzas, se apartaron a su paso, sin violencia. Un pacífico universo le acogía. Era una comunicación nueva y distinta, deseada, un diálogo que iba a ser a partir de entonces vital y permanente. Cruzó el bosque y continuó su marcha entre rocas y arbustos. Tanto como avanzaba y se alejaba de todo lo ordenado así le pareció hallar un orden nuevo. Sintió hambre y la nueva fraternidad establecida le suministró el alimento: moras, fresas, bayas…

El cambioInauguró una nueva era entre él y el resto: animales, plantas y cosas. Su alegría era inmensa y su corazón estaba a punto de estallar de gozo. Cuando vinieran los días de angustia y de dolor, el recuerdo de este día sería un inagotable almacén de energía que le ayudó a sobrevivir. Renunciando a sus cosas, a su hogar, a sus parientes y amigos lo poseyó todo y cada hombre fue su hermano, cada ser viviente y cada cosa, donde quiera que estuvo fue su hogar. La pobreza fue su mayor riqueza, la humildad su fuerza, renunciando al amor de unos pocos alcanzó el amor de muchos, se hizo nada y lo tuvo todo.

La humildad y la pobreza fueron las armas poderosas que utilizó para transmitir paz y amor a todo lo que existe. Con el tiempo se hizo con un grupo de amigos, que anduvieron con el todos los caminos, la vida entera. Murió sonriendo y enterraron su cuerpo. Yace en su tumba rodeado de compañeros. Quien busca la paz, acude a su pueblo; allí nadie molesta a las mariposas, ni acalla los trinos, ni asusta a las ardillas.

 

Texto: Jesús Muñiz

El cambio

2 comentarios en “El cambio

  • el 17/12/2019 a las 7:32 pm
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    Buenas tarde Dios le bendiga muy bonito cuento aunque un poco triste pero al finar encontró paz

  • el 17/12/2019 a las 7:54 pm
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    Muy buen cuento !!los caminos de la vida siempre sorprenden!!

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