El Bolso. Relato corto de Leonor Sánchez

María G. es una usuaria y lectora de nuestra revista, ha colaborado en múltiples  ocasiones como voluntaria.
El verano pasado me comentó orgullosa, que su ahijada Leonor Sánchez  había escrito una novela, que le iba muy bien, ¡ya en una segunda edición! -dijo con entusiasmo-.
Me pasó el título del libro: La ventana de la vida.

Haciéndole publicidad me dijo ” la puedes encontrar en Amazon”. Un tiempo después me la trajo, ella ya la había leído. “es una novela de amistad y amor, ya me la devolverás, no tiene prisa”.

La ventana de la vida

Tengo que reconocer, que la dejé olvidada en un estante. Hace dos semanas, buscaba algo que leer y allí estaba:  “La ventana de la vida”  con su atractiva cubierta. Empecé, por ocupar el rato, pero  me fue enganchando y en unos días llegué al final… rosa como era de esperar.

Es una novela amable, con sabor a nuestra juventud a pesar de estar situada en el presente. Con momentos dramáticos en los que creo que la autora deja entrever todo su potencial creativo y narrativo.

María dice que en Valencia, donde vive Leonor, tenemos una lectora habitual de nuestra revista.

Su ahijada nos sigue,  cotillea las múltiples actividades en las que participa María para sentirla más cerca.

Hace unos días me hizo llegar un enlace, a un relato corto de Leonor, me pareció tierno y muy adecuado para este mes de abril, en que se cumplen 80 años del final de nuestra Guerra civil.
Pedimos permiso a su autora para publicarlo. Lo compartimos, esperando que os guste como nos gustó a nosotros.

El Bolso. 

La casa llevaba dos meses cerrada. Al abrir la puerta se sorprendió que siguiera guardando el olor al hogar donde se había criado. Olor a ropa recién lavada, a polvos de talco, al fresco de la casa siempre ventilada. Con un nudo en la garganta entró en la cocina esperando encontrarla entre pucheros preparando un buen cocido madrileño, pero no estaba… Siguió recorriendo el resto de la casa como un fantasma. Se detuvo en la pequeña salita; se quedó contemplando la silla de brazo donde se sentaba su padre; allí, junto a la mesa redonda y al calor del brasero, la pareja pasaba horas escuchando música de todos los géneros; desde una Zarzuela, pasando por la música clásica, tangos, boleros y los éxitos de los festivales de Eurovisón. Siguió deambulando por la casa fría, deshabitada desde hacía casi un año. Cuando su madre enfermó decidieron que era mejor llevársela a casa con ellos.

La autora delante del escaparate de una librería con su libro

Ella iba de vez en cuando a recoger el correo y quitar un poco el polvo; quería mantenerla recogida como a su madre le gustaba. Cuando llegó a la habitación de matrimonio se quedó apoyada en el marco de la puerta contemplando la estancia. Se sentía una intrusa invadiendo la intimidad de sus padres; pero tenía que hacerlo, no podía dejarlo por más tiempo. Tenía que empezar a vaciar la casa, se le rompía el corazón por tener que deshacerse de lo que había pertenecido a las dos personas más importantes en su vida y cosas que le traían recuerdos de toda su vida. Con un suspiro abrió el armario y el olor a lavanda salió como una suave brisa. Con los ojos llenos de lágrimas empezó a sacar la ropa de su madre; cada falda y camisa le traían un recuerdo; acarició el abrigo negro de paño que apenas se había puesto; descolgó el traje que su madre se había comprado cuando ella se casó. Con el llanto desconsolado, agarrando entre sus brazos aquel traje, se dejó caer en la cama. No recuerda el tiempo que estuvo tumbada llorando.

Cuando se calmó pudo ver desde su posición al fondo del armario un bolso. Sacó aquel bolso de marca, lo colocó encima de la cama y se quedó mirándolo; nunca se lo había visto a su madre. Se preguntaba de dónde había salido, lo cogió en sus manos y notó su peso. Algo le decía que no debía abrirlo, pero tenía que averiguar su contenido y si era de su madre. Aguantando la respiración abrió la cremallera y miró dentro; se veían paquetes cogidos con lazos de colores. Con la curiosidad de un gato sacó todo los paquetes, se fijó en que eran cartas antiguas pues el papel estaba amarillento; en el fondo del bolso había una caja de chapa. Al abrirla vio que estaba llena de fotos antiguas; una pareja sonreía a la cámara; llenos de vida se miraban como si no hubiera nadie más en el mundo. Reconoció que la joven era su madre. Pero quién era él, su padre no era. No entendía lo que aquel bolso le había revelado. Qué era todo aquello. Decidida a averiguarlo fue cogiendo los paquetes de cartas y ordenándolos por las fechas del matasellos. Cogió la primera carta y empezó a leer:

Mi querida María

Esto es más duro de lo que imaginaba. Hace frío, apenas tenemos para comer y lo que nos dan esta lleno de bichos, pero con el hambre que pasamos nos lo comemos sin rechistar. Todas las noches cuando me voy a dormir pienso en ti; tu sonrisa seductora; en tus besos …

Una tras otra leyó todas las cartas, llenas de amor y devoción hacia su madre, relatándole las penurias de estar luchando en el frente. Cuando cogió la última carta vio que no era como las demás, esta era un telegrama. Ana tuvo que leerlo dos veces para entender lo que decía, la tercera vez lo leyó en voz alta:

Sentimos comunicarle que su marido a fecha del 15 de marzo del presente año ha caído en combate, luchando por la libertad de España.

Madrid, a 30 marzo 1939.

Ana miraba todo aquel montón de cartas que le había revelado el bolso. Miles de preguntas saltaban a su cabeza. Pero la que más le dolía era por qué su madre nunca le había contado que había estado casada. Qué su padre era su segundo marido… Por un instante Ana se dio cuenta, aquel soldado había muerto quince días antes de terminar la guerra civil española y en esa época ella tenía un año… Aquel desconocido era su padre. Pasados unos minutos en shock, reaccionó y con delicadeza empezó a guardar las cartas en el mismo orden que su madre las había guardado tantos años. Las volvió a meter en el bolso. Ana cerró la puerta de la casa, llevándose el bolso con ella. Ahora era parte de su vida.

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2 comentarios sobre “El Bolso. Relato corto de Leonor Sánchez

  • el 13 de abril, 2019 a las 1:22
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    Un bonito relato, nuestra guerra civil está más presente de lo que creemos.
    Una época oscura que algunos padres ocultaron como forma de proteger s seis hijos. ¿Era republicano el padre de esta historia?

  • el 14 de abril, 2019 a las 22:50
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    Gracias por estas bonitas palabras. Es cierto que me gusta seguir vuestras actividades. Me hace sentir que estoy más cerca de la tierra y familia que adoro. Me hace muy feliz que os haya gustado mi relato del bolso, escribirlo fue una delicia porque salió el solo. Gracias por vuestro apoyo.

Comentarios cerrados.

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