El bebé elefante

El bebé elefante es un gran amigo mío.

La historia del bebé elefante es sorprendente.

A mí me sorprendió.

Y os la voy a contar desde el principio.

Me gusta contar historias. Será porque tengo la lengua muy larga.

Yo soy un oso hormiguero.

Me encantan las hormigas y si son picantes mejor.

La historia que os voy a contar es verdadera.

Todo el mundo sabe que yo nunca miento.

Ya sé que tengo la nariz muy grande, ¿y qué?

Podéis comprobar que los osos hormigueros la tienen así.

Todo comenzó cuando en la selva hubo un gran revuelo.

La cosa no era para menos.

Mamá elefante llevaba años esperando un retoño y nada.

Un loro muy sabio y muy viejo les recomendó hacer un largo viaje hacia el oeste, en la confluencia de los tres grandes ríos.

Hacía más de dos años que se habían ido.

La gran noticia es que regresaban con un bebé elefante.

Era el primer día de otoño y las hojas decoraban los senderos, transformándolos en mullidos ríos dorados.

El sol se asomaba, con un poco de sueño. Se iba desperezando mientras iluminaba la vida.

Todos los animales estaban pendientes de la llegada del nuevo integrante de la familia de los paquidermos. Los paquidermos, son los elefantes, Eso ya lo sabíais, ¿no?

La gente hacía cola para verlo. En la entrada los más chicos en primera fila. A ver qué nombre le iban a poner: ¿Trompita? ¿Elefantín? ¿Proboscín?

Mi cueva está justo enfrente de los elefantes así que puedo ver todo lo que ocurre.

Os lo aseguro, ni yo  pude verlo cuando llegó. Papa y mamá elefante tenían a su bebé bien oculto de las miradas curiosas. Habían tardado tanto en tenerlo que ahora temían perderlo.

Al bebé se le llamó Junior. Hoy tiene cinco años.

Enseguida nos hicimos amigos.

Se le ve diferente a sus papás. La trompa no le crece, su boca es muy grande y llena de dientes, arrastra la panza al caminar y tiene una gran cola. Se me parece a otro animal. Aunque nunca he dicho nada.

Hasta Junior comenzó a plantear preguntas a sus papás.

─ Mamá, Papa, los demás chicos me ven raro y al verme en el estanque también a mí me parece que soy muy diferente a vosotros ¿Por qué?

Finalmente sus papás decidieron hablar con él.

Le explicaron que mamá no podía tener elefantes, así que adoptaron un bebé que se había quedado huérfano. Por eso era un poco diferente, ya que había salido de la panza de una “cocodrila”. Pero a quien le importaba eso. Él era su hijito querido. A un hijo se le conoce por el corazón y no por el color o la forma.

El amor supera todos los obstáculos.

─ Mami, papi… ahora los quiero mucho más que antes.

Y yo también quiero mucho a Junior. No me importa como es.

Algún tiempo después desde mí tronco pude ver el milagro: a Junior comenzó a crecerle una pequeña y hermosa trompa.

Os preguntaréis que como se tanto de estas cosas. Bueno, os confesaré algo, la familia de este oso hormiguero que soy yo, está formada por un papá oso gris y una mamá panda.

El sol comenzó a esconderse. La luna se reflejaba en el lago de los flamencos rosados, el silencio se fue comiendo los ruidos. El otoño, lleno de colores, se marchó caminando muy despacio.

Detrás venía un invierno no demasiado crudo en aquel rincón de la selva.

El bebé elefante reía feliz.

Y yo también.

 

Textos: Jesús Muñiz González

3 comentarios sobre “El bebé elefante

  • el 30 de abril, 2019 a las 20:09
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    Hermoso cuento para el amor no color ni raza el amor lo cura todo

  • el 1 de mayo, 2019 a las 10:55
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    Es una historia preciosa que nos recuerda que lo más importante es el amor!

  • el 2 de mayo, 2019 a las 15:22
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    Muy bonita reflexion, el amor supera todos los obstaculos, sigue escribiendo así que me encanta !!!

Comentarios cerrados.

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