El amigo

El amigo ya no estaba. Nunca más volvería. Se había ido para siempre. El amigo, su gran amigo había desaparecido.

Estaban desolados, no podían creerlo.

Nunca conocerían a alguien como él. Era el amigo con el que uno sueña.

Él era ese amigo que está dispuesto a dar la vida por uno.

También ellos darían su vida por él.

Sólo hacía tres años que lo conocían y enseguida que llegó a sus vidas todo cambió para mejor.

Y de repente desapareció.

Al cabo de unos días denunciaron el hecho a la policía.

Entonces apareció su anillo, en el vientre de un tiburón.

El juez determinó su defunción. El amigo, el mejor de todos había sido devorado por un tiburón blanco.

Se sintieron huérfanos. Como si la vida perdiera sentido.

No sabían que hacer.

Se pasaban las horas sentados en la playa mirando el mar, en silencio.

El sol arrancaba destellos a las olas que mansamente morían en la arena.

Permanecían horas y horas, con los hombros caídos, sin ánimo, con dolor en el alma.

A unos metros, la barca varada en la arena, inmovil, los miraba desde la proa, con la quilla inclinada a estribor, como si les dijera: “estoy aquí”.

Sin el amigo la vida no tenía aliciente. Con la cabeza inclinada, en silencio, sin capacidad para mirarse unos a otros.

El mayor de grupo, el más grande y el más viejo, tan valiente e impulsivo siempre, ahora era como un muñeco gigante, desmoronado sobre la arena. Su hermano, con los ojos brillantes por las lágrimas a punto de brotar, le rodeaba los hombros con su brazo.

El más joven, con los codos apoyados en sus rodillas, sostenía su cabeza como si el peso le fuera insoportable.

Aquel otro se rascaba continuamente como si una picazón insufrible le invadiera.

Los otros dos hermanos, siempre juntos, se apoyaban el uno en el otro, incapaces de sostenerse por sí mismos.

El de la cabellera rizada, tumbado sobre la arena, cerraba los ojos, intentaba dormir, con la esperanza vana de que todo fuera un sueño.

La imagen del amigo estaba en la mente de todos.

El que primero lo había conocido recordaba cuando lo vio la primera vez…

Arreglaba las redes con el grandullón de su hermano.

Enseguida entabló conversación con ellos y ya se hicieron amigos. Entró en sus vidas como si hubiera estado allí siempre. Cuando le dijeron que eran pescadores les dijo: “Es el mejor oficio del mundo. Con vuestro trabajo come tanta gente. No hacen falta caminos, el timón marca vuestro rumbo.”.

Luego le presentaron al resto de la pandilla.

Les encantaba escucharle. Cada palabra suya estaba cargada de sabiduría, de sentido común, de afecto. Enseguida percibieron como los quería a todos. Y se hacía querer.

De pronto el grandullón se puso en pie y dijo.

-Voy a pescar.

Los demás se le quedaron mirando.

-Vamos contigo.

Y poniéndose en pie se fueron con él.

Salieron en la barca, con la mirada dura, puesta en el horizonte. Ya el sol se ocultaba.

Faenaron toda la noche y no consiguieron nada. Parecía que todos los peces del mundo se hubieran ido con él.

No era pescador. Aunque sí era muy hábil con la madera arreglando la barca cuando sufría algún deterioro.

Al amanecer, entumecidos con la tristeza, se acercaron a la orilla. Había alguien en la playa que no podían distinguir, la luz les daba de frente y el individuo estaba a contraluz.

El amigoLes habló desde allí.

-¿Han pescado algo?

Se preguntaron quién sería aquel hombre. Algo en su voz les resultaba familiar. El mayor, alzando la voz contestó.

-¡No!

-¿Por qué no lo intentáis de nuevo? Esta es una buena hora para pescar- Les dijo.

Algo les impulsó a echar la red una vez más. Al poco rato pensaron que iba a romperse con tantos peces que había en ella.

Ya estaban más cerca de la orilla y entonces uno dijo.

-Es él, es él.

El más impulsivo, al oír esto, no lo pensó más y se tiró al agua.

Los demás llegaron poco después con la barca y se dieron cuenta de verdaderamente era él.

No se lo podían creer. El amigo desaparecido estaba allí. Era tanta su alegría que no lo creían.

El, sonriendo con aquella dulzura que los cautivaba, les dijo que trajeran algunos peces para asarlos en las brasas.

La emoción no les dejaba hablar. Comieron los peces y no dejaban de mirarlo, como si fuera un fantasma.

-Soy yo,-

Les decía. Tocad mis manos, mi cara, soy yo, vuestro amigo, ¿es que ya no me conocéis?

Entonces se levantaron y le abrazaban llorando de alegría.

Tiempo habría para que les explicara cómo había vuelto, donde estuvo, pues ellos le creían muerto y estaba vivo.

Él les prometió que nunca más se iría de su lado, que siempre estaría con ellos.

Y así fue, el amigo se quedó con ellos toda la vida.

 

Texto: Jesús Muñiz

El amigo

3 comentarios en “El amigo

  • el 05/05/2020 a las 11:46 pm
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    Hola buenas noche un buen amigo es más que un familiar que no comprende un amigo fiel no se cambia por todo El Oro es muy valioso

    Respuesta
  • el 20/05/2020 a las 8:52 pm
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    Preciosa recreación, de algo que sucedió hace más de dos mil años.
    El Amigo, nuestro Amigo, efectivamente sigue con nosotros, aunque en algunas ocasiones, no seamos capaces de verlo.

    Respuesta

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