Eduardo Chao “El científico demócrata”

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Eduardo Chao Fernández nació en Ribadavia el 6 de noviembre de 1822. Su padre, José María Chao, era un farmacéutico y científico liberal socio de la Sociedad Económica de Amigos del País de Santiago de Compostela y catedrático de Farmacia Experimental en la misma ciudad. En 1826, contando su hijo Eduardo cinco años, se estableció en Vigo en donde abrió una farmacia que se convirtió en un centro de conspiración política, motivo por el cual, tras el final del Trienio Liberal de 1823 y a la vuelta del absolutismo con Fernando VII, José María Chao fue perseguido y encarcelado por el general Nazario Eguía, acusado de enviarle una carta bomba que le voló una mano, siendo liberado en el año 1829.
Eduardo estudió primaria y secundaria en Vigo continuando sus estudios en Santiago de Compostela y más tarde en Madrid, donde se licenció en Leyes y en Farmacia. Finalizados sus estudios trabajó como profesor en la Facultad de Farmacia.
Desde muy joven, Eduardo formó parte en las filas que acaudillaba Nicolás Salmerón y colaboró con la prensa demócrata, (Argos, El Espectador, El Guindilla, El Huracán y años más tarde en El Murciélago, El Látigo, El Eco de las Barricadas, El Crédito y otros).
Por ello y porque intervino en los conatos revolucionarios de 1848 fue, al igual que su padre, sometido a vigilancia. Intervino activamente en la Revolución de 1854, aceptando un puesto de oficial en el Ministerio de Gobernación, del que dimitió al ver frustrados los propósitos de dicha revolución.
Al triunfar la revolución de 1868 lo nombraron miembro de la Junta directiva de Telégrafos y después director general, pero volvió a renunciar a este puesto al ver a su partido muy lejos del poder.
Fue elegido diputado por Orense dos veces, la primera en las cortes que no llegó a aprobar la constitución y la segunda en 1869. Fue ministro de Fomento en el Gobierno republicano presidido por Nicolás Salmerón en 1873 y aunque su labor en el ministerio fue breve, fue muy intensa; creó la comisión del Mapa Geológico de la Península Ibérica dirigida por el general Ibáñez del Ibero y la Junta del Canal Imperial de Aragón, organizó las Juntas de Puertos, procuró descentralizar los servicios de obras públicas y dictó varias disposiciones sobre carreteras e inspección de ferrocarriles. Impulsó un Plan General de Instrucción Pública elaborado por Juan Uña, director general de esta materia, bajo la inspiración de las ideas del krausista Francisco Giner de los Ríos. Fundó la Biblioteca Ilustrada Gaspar y Roig y la Biblioteca del Hombre Libre, de su propiedad.
Como historiador quiso continuar hasta 1849 con la sección “Historia contemporánea” la Historia general de España de 1601, obra del jesuita manchego Juan de Mariana, que ya había sido continuada anteriormente por José Manuel Miñana, el Conde de Torreno y Antonio Cánovas del Castillo. En su trabajo histórico incluía críticas al monarquismo, a su tendencia al centralismo, que hizo imponer a Madrid como capital del Estado y a su abolición de la foralidad.
Como farmacéutico, fue dos años presidente del Ilustre Colegio de Farmacéuticos de Madrid en el año 1887. También continuó su labor periodística escribiendo en los diarios madrileños, Revista Químico-Farmacéutica, La Discusión y como director de El Crédito y el Correo de España, éste dedicado a las cuestiones de ultramar. Además dirigió los dos volúmenes del Diccionario enciclopédico de la lengua española y “Los tres reinos de la naturaleza”, una gigantesca enciclopedia de ciencias naturales en nueve volúmenes.
En Vigo, participó en el proyecto de los nuevos muelles, dotó a la ciudad de un observatorio meteorológico que le costó 5.000 pesetas de la época, así como el material para la Escuela de Artes y Oficios creada en 1805 por la sociedad “La Cooperativa” de la que era presidente honorario diseñando para ella un plan de Instrucción Pública.
Como era un enamorado de la ría de Vigo, se hizo una casa en la Guía, en la finca llamada “La Ollosa” y que hoy en día ocupa el Arzobispado de Tuy-Vigo, al inicio de la cuesta de Cesáreo Corbal.
Falleció en Madrid el 21 de Diciembre de 1887 a los 65 años. Quince días después, en la sesión del 7 de enero de 1898, la Corporación acordó:

“El señor Presidente manifestó que la generalidad del vecindario deseaba honrar de una manera ostensible la buena memoria que guarda del ilustre finado Excelentísimo Sr. D. Eduardo Chao, y propuso, como medio de perpetuarla, que se diese su nombre a una calle de la población. El Cuerpo Municipal, que reconoce pues los justificados títulos que a la gratitud de sus convecinos tenía el Sr. Chao y el innegable mérito que contrajo al frente del Ministerio de Fomento, acordó, sin discusión y por unanimidad, que se denomine Eduardo Chao la calle longitudinal central que, desde la de Méndez Núñez pasa frente a las Escuelas de Instrucción Primaria y terminará en Pobladores.”

Información de: www.vigopedia.biografias.com. www.wikipedia.com, www.galipedia y La Voz de Galicia.

Gloria

3 comentarios sobre “Eduardo Chao “El científico demócrata”

  • el 18 de octubre, 2015 a las 10:13
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    Otra biografía muy interesante.
    Saludos
    Atentamente
    Guadalupe Aguilera.

  • el 18 de octubre, 2015 a las 10:16
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    Ciertamente, bien documentada y amena. Gloria nos ilustra sobre importantes personajes de esta ciudad, cuyas vidas e historia desconocíamos la mayoría.

    Un saludo afectuoso:

    Miguel.

  • el 18 de octubre, 2015 a las 20:16
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    Dejando a un lado el entramado político, es digno reconocer la labor realizada por esta persona en bien de todos.
    Enhorabuena, Gloria.

Comentarios cerrados.