Después de una hora de siesta

Después de una hora de siesta, Anand seguía tecleando a buen ritmo su historia.

Seguro que tendría una buena lectura.

Le dije que me iba a trabajar un poco en la finca y a llevar el reciclado. Me sonrió y siguió tecleando.

Dediqué bastante tiempo a recortar el seto de boj, al que estaba empeñado en darle forma esférica.

Soy bastante desastroso para esto de la jardinería y por eso me encanta intentar cositas para darme la satisfacción de superar mis carencias.

La tarde se me fue volando y planté antes de que se me hiciera de noche.

Ya me disponía a salir cuando apareció Anand. Me preguntó si le dejaba hacer la cena. Naturalmente le dije que si.

Me fui a llevar el reciclado, un paseíto de media hora. Coincidí con una vecina y estuvimos un ratito de cháchara.

Al abrir la puerta de casa me llegó un fuerte aroma. ¿Qué estaría haciendo el bueno de Anand?

Estaba muy atareado en la cocina. Le pregunté si necesitaba ayuda. Me dijo que descansará que la cena estaría en diez minutos.

Me fui a la sala y estuve viendo la tele. Las noticias eran buenas. Habían disminuido mucho los contagios y la vacunación avanzaba a buen ritmo.

Anand me avisó para cenar. La mesa estaba puesta. Sobre ella una serié variada colección de platillos, fuentes y una cazuela de barro que humeaba apetitosa.

Una esplendida y típica comida india.

Mi joven cocinero me fue explicando todos los componentes del menú que había preparado.

En primer lugar samosa, una especie de empanadilla rellena de verduras.

El bhelpuri, hecho con fideos de harina de garbanzo, arroz inflado y salsa de tamarindo.

La kati roll, una masa de pan de patata enrollado con cordero y verduras dentro.

El kashmiri Aloo Dum, plato vegetariano a base de patatas.

Y el pollo Tandoori, que consistía en un pollo asado al horno con especies.

De postre, jalebi, un dulce en forma de flor.

Para beber, falooda, una bebida muy refrescante con un sabor exótico, muy extraño.

Y finalmente el masala chai, un te preparado con agua y leche.

La mesa resultaba mesa espléndida, de un gran y variado color. No pude menos que dedicarle un sonoro aplauso y tomar fotos.

Anand solamente sonrío y dijo:

─ Somos amigos, ¿No? Sellamos nuestra amistad con la cena que mis manos han cocinado para ti.

Percibía en su mirada el gran afecto que me había tomado en tan poco tiempo, y en cada uno de aquellos platos veía el cariño con que fueron preparados.

Por lo tanto la mejor forma de hacer los honores a tan exótica cena sería degustarla con buen apetito.

Esa cena puso a prueba todos mis sentidos, especialmente el gusto y el olfato.

Fue una buena lección de sabores y aromas nuevos para mí. Mi joven cocinero resultó un maestro de la cocina india.

El disfrutó viendo mis caras al paladear algunas especies picantes que pusieron a prueba mi resistencia gastronómica.

Cuando mi estómago puso el cartel de stop Anand se compadeció de mi y permitió que nos fuéramos al salón acompañados del mesala chai dispuestos a saborear una agradable tertulia.

Le manifesté a Anand cuanto me gustaría leer el libro de Amin Seikh.

─ No hay problema Andrés. Te dejaré un ejemplar en pdf en el escritorio.

─ Gracias. Ojalá algún día podamos disfrutar de un café en Bombay to Barcelona.

Todavía charlamos un buen rato, hasta que los párpados de mi joven acompañante se abrieron y cerraron con demasiada frecuencia y se le escapó algún que otro bostezo.

Nos dimos las buenas noches. El se fue a cama y yo me dispuse a seguir con gusto el relato de su odisea, mientras saboreaba el mesala chai.

 

Después de una hora de siestaJesús Muñiz G.

Un comentario en “Después de una hora de siesta

  • el 13/04/2021 a las 7:54 pm
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    Buenas noches Jesús hermoso cuento ya quisiera yo probar eso plato preparado por Anand y el postre sería buenísimo

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