Desperté en una cama

Desperté en una cama. Lo primero que vi al abrir los ojos fue una mujer que me observaba atentamente y varios niños, alguno de mi edad, que rodeaban el lecho.

La mujer se presentó con el nombre de Arya y me comunicó que sus chicos me habían encontrado.

Después me preguntó si recordaba lo sucedido.

Primero le dije mi nombre y la dirección a donde iba. Los recuerdos se reducían a la callejuela solitaria, golpes, gritos y oscuridad.

A continuación le pedí a Arya sí podría comunicar con la dirección que le había dado.

Estuvo muy amable conmigo y los niños me sonreían. Arya me expresó que estaban muy felices de haberme encontrado vivo.

Luego me explicaron que estaba en el Albergue Don Bosco.

Era la primera vez que oía ese nombre e intentaron ilustrarme sobre el tema.

Se trata de una organización que trabaja con niños de la calle, sin techo y sin raíces: Un proyecto de la Familia Salesiana de Mumbai que se interesa sobre todo por los marginados.

Como el nombre de Don Bosco se repetía una y otra vez, pregunté quién era ese Don Bosco.

Todos querían hablar de Don Bosco. Con el barullo de hablar a la vez no lograba enterarme de nada.

Entonces llegó Dobrogost, un joven muy amable que enseguida estableció el silencio con un tono de voz muy cariñoso y sonriendo.

Recordó a los muchachos sus tareas y dóciles se esfumaron detrás de Ayra y me quedé a solas con el joven.

Enseguida me explico que él era un salesiano de Don Bosco (SDB), de origen polaco, y trabajaba en el Albergue.

Luego me hizo un resumen acerca de la persona de Don Bosco.

Me subyugaba que al hablar se le encendía el rostro de emoción y entusiasmo.

Me contó que Don Bosco había nacido en Italia, en una pequeña aldea del Piamonte, que perdió a su papá antes de cumplir los dos años.

Un huérfano como yo, aunque él tuvo la suerte de tener una madre.

Aun con la dificultad de su pobreza, logró estudiar, entrar en el seminario y ordenarse sacerdote.

Encontró su vocación en los niños de la calle. Y a ellos dedicó su vida. Se trataba de jóvenes, desarraigados, a veces sin familia, siempre sin educación, sin oficio, muchas veces delincuentes.

Don Bosco organizó talleres donde aprendían un oficio. Cómo era pobre comprendía muy bien a los pobres.

Lo que más atraía a los jóvenes de Don Bosco era su amabilidad.

Sus palabras incendiaban el corazón de sus colaboradores:

No basta con amar a los jóvenes; deben saber que son amados.

Solo cuando los jóvenes se sienten amados pueden crecer.

Desperté en una camaLas palabras de Don Bosco no eran teoría solamente, hacía vida cada una de ellas.

Este carisma de Don Bosco se refleja ahora en Mumbai, en los niños de la calle de la ciudad que han sentido ese amor especial.

Y en todos los que le siguen, tratando de continuar su labor de atender a los jóvenes de la calle.

Pude experimentar cuanto me decía en el cariño y ternura con que me cuidaban.

Dobrogost fue mi segundo amigo en el largo viaje que no había apenas comenzado. A este buen salesiano debo algo más que la curación de mis heridas.

Con él aprendí mucho sobre Don Bosco y esa presencia espiritual se hizo fundamental en mi largo y azaroso viaje.

Tenía varias costillas rotas y numerosas contusiones. Me habían robado todo, hasta los zapatos y me abandonaron medio desnudo en la calle.

Agradecí a Dios que me hubieran recogido en aquel albergue.

Aunque nunca había oído hablar de Don Bosco, a partir de entonces está presente en mi vida.

Aquel albergue era una de las obras salesianas en Mumbai.

Verdaderamente, dentro de mi desgracia tuve la suerte de que me acogieran en este lugar.

Me encontraba tan cansado y dolorido. Solo habían transcurrido unas horas desde que me golpearon y robaron.

Ayra me trajo un té con una pastilla y enseguida quedé dormido.

Al despertar tuve la grata sorpresa de ver a Indira, esposa de Madhur, a cuyo encuentro iba cuando me asaltaron.

No hizo falta que le hiciera el relato de lo sucedido, ya se lo habían contado todo.

Tendría que pasar en el albergue unos días, antes de que pudieran llevarme a su casa.

Entretanto ellos arreglarían el problema de mi documentación y los daños causados por el asalto.

Ahora no tendría que preocuparme más que de restablecerme para proseguir cuanto antes mi viaje.

Aunque reconozco que cada uno de los días que pasé en el Albergue Don Bosco constituyen un bello recuerdo.

Tendría que quedarme en Mumbai unas cinco semanas. Mi cuerpo dolorido en aquel momento no me dejaba pensar que iba a hacer en ese tiempo.

Varias preguntas golpeaban mi cerebro.

¿Ese retraso cuanto afectaría a mi viaje?

¿Sería seguro permanecer tanto tiempo en Mumbai?

¿El ataque que sufrí era un simple robo o un aviso de quienes amenazaban mi vida?

Descansar, recuperarme, eran mis objetivos inmediatos.

El albergue de Don Bosco parecía un buen lugar. Y además confiaba plenamente en Indira y Madhur.

El sueño se adueñaba de mí y no ofrecí resistencia.

 

Jesús Muñiz González.

Deseo que seas feliz

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2 comentarios en “Desperté en una cama

  • el 06/03/2021 a las 7:24 pm
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    Hola Jesús buenas noches hermoso cuento gracias por que gracias a. Ti leo algo cosa que poco hago

  • el 08/03/2021 a las 9:45 am
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    Siempre tu imaginación es muy sorprendente ,muy bonito cuento!!

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