Cuando la vida vence

Miguel

Tomás padecía insomnio desde veinte años atrás. Las noches que no conseguía dormir, se precipitaba en su viejo Citröen hasta aquel bar de encuentro y allí aletargaba miserias entre cubatas, antes que apareciese el primero de sus borrachos, para ahogar en complicidad una existencia que nada les daba y a la que menos exigían.
Así transcurrían las noches, entre charlas y malaventuras. Cada mañana al despertar, Tomás, vagaba desnudo por casa. Ya no se duchaba, y cuando al afeitarse, sonreía delante de un espejo experimentaba terror ante su propia cara ¿Cuándo comenzó todo?  Se había producido de manera gradual, incluso tardó en darse cuenta que la vida  mudaba a una mierda creciente.
Durante años se ganó la consideración, social y profesional, en una aparente existencia respetable… Por lo menos durante un tiempo logró simular que habitaba en él más cordura, de la que realmente existía.
Ahora esperaba agazapado la noche, donde una tras otra sin diferenciarlas, se apandillaba con sus amigos ebrios, la mayoría, gente huída de la ley; todos locos y desheredados.  El primero de ellos, Armando, llevaba veinte años separado de su mujer; pasaba el tiempo huyendo de la realidad, o comentando el capítulo de Los Simpson que veía a diario, y del que únicamente, él se reía .
Nes contaba sobre su gata sensitiva que era capaz de distinguir cada uno de sus estados de ánimo y a la que demostraba su amor, dándole más comida de la que podía ingerir.  Era una gata consentida y caprichosa que según él, le abrazaba cuando estaba triste y con la que mantenía extrañas conversaciones donde le hacía preguntas, y al parecer encontraba respuesta.
-Tenemos una conexión cósmica – Comentaba cada noche, pasada la tercera copa.
Berto reflexionaba con frecuencia sobre distintas cuestiones metafísicas de la vida y la muerte, además de plantearse confusas disertaciones de todo tipo, sin mucha lógica ni sentido:
-Agatha Christie tal vez nunca en vida, hubiese matado una mosca, pero en ella habitaba una asesina mental.
-Pero de ¿Qué coño estás hablando? –Pregunta Nes.
-Alguien que no deja de escribir sobre asesinos y asesinatos debe sentir agrado por la muerte, y mucho más si esta es violenta.
Durante aquellas horas, Tomás se enfrentaba a los aspavientos y locuras de sus amigos borrachos, mientras escuchaba aburrido la música de la máquina de discos tan ruinosa como su dueño.
-Yo tengo miedo a durar más que mi dinero –Dijo Tomás aquella noche, sumándose a la incoherencia de las charlas.
-Todos duramos más que nuestro dinero –Comentó Armando- Solo no se les acaba, a esos multimillonarios que no saben cuanto tienen,  pero son unos desgraciados.
-Son desgraciados ricos.
-Pero desgraciados.
-Y ricos. Con sus sacas de monedas.
-Yo no quiero pertenecer a ese grupo.
-Pues yo, lo que no quiero es morir solo en una residencia, cuidado por gentes a quienes no importas y comiendo pollo dos veces a la semana –Concluye Tomás.
-Parece que lo tienes muy claro.
-Tengo claro lo que no quiero. A lo largo de la vida atravesamos etapas que pensamos jamás van a cambiar, que permanecerán inmutables, sin entender que la gente se aleja, los amores fracasan, y la vida termina cuando los tuyos mueren.
-Estás muy filósofo hoy –Dice Nes- Un filósofo negativo.
-Que encuentras de positivo en esta mierda de existencia.
-Estar aquí todos, por ejemplo. Nos reunimos para hablar, sacar conclusiones de la existencia… y…
-Solo somos borrachos sin proyección de futuro, ni expectativas en el presente –Interrumpió Tomás- Una generación perdida, en nuestra juventud por la droga, el paro en la madurez, y la crisis ahora que somos una panda de viejos.
-Yo no me considero un viejo por tener 59 años –Dice Berto.
-Estás más cerca de ser un chiquillo –Ironiza Tomás.
Tampoco es eso… -Dice Nes.
-Tampoco es eso –Repite Berto- Lo peor de todo es que el mundo se encuentra sumido en un genocidio cultural, ético, moral…  La sociedad se empobrece afectivamente… Los hijos no quieren a los padres, los padres no educan a sus hijos… Y a los ancianos se les aparca en “HOGARES DEL MAYOR” Si no aprendemos de nuestro pasado, cometeremos los mismos errores en el futuro…
-Pero ¿Qué sabemos nosotros…? –Responde Tomás- Cada noche nos emborrachamos mientras aguardamos que llegue el mes siguiente para cobrar una miserable paga por estar parados, o en paro… que no sé si es igual, o al final parece lo mismo. Y aquí resolvemos el mundo entre alcohol, para llegar de madrugada a casa y que el sueño nos venza y así pensar menos, que la vida es una inmensa bola de mierda…
Aquella noche, ya de madrugada, Nes se abrazó a su gata, sabiendo que era el único ser vivo que le amaba.  Berto arrojó a la basura todas sus  novelas de Agatha Christie… las mismas que contaban historias de muertes y muertos.   Armando abrió su caja fuerte y contó el dinero que allí guardaba y del que nadie excepto él conocía su existencia; al devolverlo de nuevo, a su lugar de reposo, pensó que todo lo daría a cambio de alguien a su lado, que le entregase amor… Se acostó solo entre sábanas sucias, descargando su dolor hasta que fue vencido por el sueño.
A esa misma hora, Tomás contemplaba la luna llena.  Durante un buen rato permaneció fumando frente a la ventana. Desde el octavo piso observaba el parque infantil, situado delante, ahora silencioso y vacío… Se acercó a la cocina y aproximando una silla, se encaramó a la ventana. Fueron unos instantes muy breves. Nadie puedo escuchar el sonido sordo que hizo su cuerpo cuando se rompió en la acera…

El-libro-150x150 el aliento de cristalTexto: e  Imagen:  Miguel A. Méndez González

Autor: “El aliento de Cristal”

alientodecristal@gmail.com

6 comentarios sobre “Cuando la vida vence

  • el 28 de junio, 2015 a las 10:04
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    Una historia muy triste que da para reflexionar. Todos están desesperados y solos, parece que no tuvieran más que el bar donde se reunen y esas charlas sin esperanza.
    Un saludo.

  • el 28 de junio, 2015 a las 18:05
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    Me gustan más las historias de la suegra pero hay mucha gente que sufre y se ve así sin futuro.
    Hay que valorar a los amigos. A veces nos olvidamos lo importantes que son.

    Atentamente.

  • el 29 de junio, 2015 a las 1:35
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    Entre copas y miserias van soltando sus verdades, las grandes verdades de los borrachos y los locos.
    Un relato triste y sin esperanza pero bastante cerca de la realidad como dice Encarnación.

  • el 29 de junio, 2015 a las 10:41
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    Es un buen relato pero muy triste, que nos hace sentir lo que le ocurre a mucha gente en la realidad.
    Enhorabuena
    Atentamente
    Guadalupe Aguilera,

  • el 30 de junio, 2015 a las 12:09
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    Un relato muy duro con unas duras reflexiones. Muy bien escrito. Te felicito Miguel, tienes la misma capacidad literaria para el drama como la comedia.

    R.

  • el 30 de junio, 2015 a las 22:32
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    Triste pero real. Lo malo es que muchos de esta generación perdida, cuando le llegue el día de la recuperación, pensará que sigue perdida porque no sabrá adaptarse a la normalidad. Esta es la crueldad de la maldita crisis.
    Por eso pedimos leer historias que distraigan nuestra mente. Quizás no sea justo pero esperemos que pronto podamos ver más felicidad en nuestro entorno.
    Enhorabuena Miguel.

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