Cuando despierto abro los ojos

 

Cuando despierto abro los ojos y no veo nada.

Claro, todavía es de noche.

Es necesario que la tierra gire un poquito mas para que la luz del sol ilumine mi casa.

En ese momento entra la luz por la ventana y comienzo a ver.

Es decir, que necesito la luz para ver.

Sin luz todo es oscuridad.

Todo está ahí, pero no veo.

En la vida también necesito luz para ver.

Necesito ver lo bello, lo nuevo.

Es necesario que vea la vida.

Tengo que ver a la gente, a cada persona.

No solo la luz de sol para ver su piel, sus ojos, su sonrisa.

Preciso ver lo que piensa, lo que quiere, sus deseos, sus anhelos.

Me hace falta ver si está ilusionada o triste.

Si alguna angustia o dolor la oprime, la tiraniza.

Deseo ver si me quiere.

Todo eso requiere otra luz.

Una luz que no viene de fuera.

Una luz que está dentro de mi.

Es una luz que tiene un sensor.

Solo se enciende cuando verdaderamente tengo la intención de ver.

Cuando de verdad deseo descubrir a la gente que me rodea

Conocer, saber, es necesario.

Y para ello necesito esa luz.

Además de abrir los ojos cada mañana tengo que poner en marcha el sensor que me permite ver desde entre, sobre todo a los demás.

En la vida, ver y mirar se complementan.

Cuando despierto abro los ojos y ese sentido interior que me permite descubrir la vida.

 

Cuando despierto abro los ojosJesús Muñiz González

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