Cicatrices en el alma

Entre las variadas cosas que circulan por las redes, me llegó este escrito. Estas reflexiones, que se notan escritas por una mujer, me hicieron sentir identificada con ella. No sé quién es su autora, pero admiro su experiencia:

La vida ya me enseñó a ser fuerte, ahora me toca ser feliz.

Aprendí que nunca se termina de conocer a las personas, algunas te sorprenden y otras te decepcionan.

En la vida solo tres personas se olvidarán de ti: Los malagradecidos, los que no te necesitan, y los que nunca te quisieron.

Hay dos formas de enfrentar la vida: Una es el orgullo creyendo que lo sabes todo, y la otra es la humildad, reconociendo que tienes mucho que aprender.

Cuando eres importante para una persona, esa persona siempre encontrará tiempo para ti, sin excusas y sin mentiras.

 

Tratar con respeto a otros es cuestión de educación no de dinero. El dinero no compra valores, sentido común, ni bondad.

Soy mujer… Orgullosa de serlo. Me caigo, me levanto. Me equivoco, aprendo. Me hieren y sigo viva. No soy perfecta, pero me amo. Me acepto tal cual soy.

Qué bonito se siente cuando una persona se esmera en demostrarte que eres importante.

Llega un momento en que no extrañas a nadie, ya no esperas nada de nadie y entonces usas las noches para dormir y los días para ser feliz.

Pero claro que hay cicatrices que no se ven. Se llaman recuerdos.

No hay medicamento que cure el dolor del al alma, solo hay un analgésico llamado tiempo, que te enseña a no sentir dolor aunque la herida perdure.

No esperes que todo el mundo te ame. La mayoría de las personas ni si quiera se aman a sí mismas.

Esther

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