Carta de un funcionario

376923_2Resulta que en la década prodigiosa del pelotazo, cuando media España se lo llevaba caliente a casa, cuando un encofrador sin estudios se embolsaba tres mil euros, cuando hasta el último garrulo montaba una constructora y en connivencia con un par de concejales se forraba sin cuento, cuando un gañán que no sabía levantar tres ladrillos a derechas se paseaba en Audi, los funcionarios aguantaban y penaban. Nadie se acordaba de ellos. Eran los parias, los que hacían números para cuadrar su hipoteca, hacer la compra en el Carrefour y llegar a fin de mes, porque un nutrido grupo de compatriotas se estaba haciendo de oro inflando el globo de la economía hasta llegar a lo que ahora hemos llegado.

Y ahora que el asunto explota y se viene abajo, la culpa del desmadre… es de los funcionarios. Los alcaldes, diputados y senadores que gobiernan la cosa pública a cambio de una buena morterada no son responsable de nada y nos apuntan directamente a nosotros: somos demasiados, hay que ultracongelarnos, somos poco productivos. Los responsables bancarios que prestaron dinero a quienes sabían que no podrían devolverlo tampoco se dan por aludidos. Todos los intermediarios inmobiliarios, especuladores, amigos de alcalde y compañeros de partida de casino de diputado provincial no tenían noticia del asunto. Nosotros sí. Como diría José Mota: ¿Ellos? No. ¿Nosotros? Si. Siendo así que ellos? No. Por tanto, nosotros? Si.

La culpa, según estos preclaros adalides de la estupidez, es del juez, abogado del estado, inspector de hacienda, administrador civil del estado que, en lugar de dedicarse a la especulación inmobiliaria a toca teja, ha estado cinco o seis años recluido en su habitación, pálido como un vampiro, con menos vida social que una rata de laboratorio y tanto sexo como un chotacabras, para preparar unas oposiciones monstruosas y de resultado siempre incierto, precedidas, como no podía ser de otra forma, de otros cinco arduos años de carrera. Del profesor que ha sorteado destinos en pueblos que no aparecen en el mapa para meter en vereda a benjamines que hacen lo que les sale de los genitales porque sus progenitores han abdicado de sus responsabilidades. Del auxiliar administrativo del Estado natural de Écija y destinado en Barcelona que con un sueldo de 1000 euros paga un alquiler mensual de 700 y soporta estoicamente que un taxista que gana 3000 le diga joder, que suerte, funcionario.

La culpa es nuestra. A poco que nos descuidemos nosotros los funcionarios seremos el chivo expiatorio de toda una caterva de inútiles, vividores, mangantes, políticos semianalfabetos, altos cargos de nombramiento digital, truhanes, pícaros, periodistas ganapanes y economistas de a verlas venir que sabían perfectamente que el asunto tarde o temprano tenía que petar, pero que aprovecharon a fondo el momento al grito de mientras dure dura! y que ahora, con esa autoridad que da tener un rostro a prueba de bomba, se pasan al otro lado del río y no sólo tienen recetas para arreglar lo que ellos mismo ayudaron a estropear, sino que, además, han llegado a la conclusión de que los culpables son… tachan…los funcionarios.

Soy funcionario. Y además bastante recalcitrante: tengo cinco títulos distintos. Ganados compitiendo en buena lid contra miles de candidatos. ¿Y saben qué? No me avergüenzo de nada. No debo nada a nadie (sólo a mi familia, maestros y profesores). No tengo que pedir perdón. No me tocó la lotería. No gané el premio gordo en una tómbola. No me expropiaron una finca. No me nombraron alto cargo, director provincial ni vocal asesor por agitar un carnet político que nunca he tenido.

Aprobé frente a tribunales formados por ceñudos señores a los que no conocía de nada. En buena lid: sin concejal proclive, pariente político, mano protectora ni favor de amigo. Después de muchas noches de desvelos, angustias y desvaríos y con la sola e inestimable compañía de mis santos cojones. Como tantos y tantos compañeros anónimos repartidos por toda España a los que ahora algunos mendaces quieren convertir, por arte de birli-lirloque, en culpables de la crisis.

Amigos funcionarios, estamos rodeados de gente muy tonta y muy hija de puta.

PD. Si alguien, en cualquier contexto, os reprocha -como es frecuente- vuestra condición de funcionario os propongo el refinado argumento que yo utilizo en estos casos, en memoria del gran Fernando Fernán-Gómez: váyase Usted a la mierda, hombre, a la puta mierda.

Internet
Matuca

6 comentarios en “Carta de un funcionario

  • el 31/05/2010 a las 4:33 pm
    Permalink

    Matuca, no creo que escribieras tu este artículo, no lo veo con tu personalidad, no por el contenido en si, que lo respecto, pero si por los descalificativos que empleas en ellos y que considero que no son apropiados.
    Un saludo.
    Antonio

  • el 01/06/2010 a las 9:50 am
    Permalink

    Matuca, es cierto que estamos rodeados de gente que critica a los que con su esfuerzo personal y sacrificio son capaces de mejorar sus espectativas en la vida y también es cierto que los funcionarios no sois culpables de los incompetentes políticos que nos conducen a la ruina, ya que son ellos quienes con sus medidas políticas deben marcar los cauces por los cuales la sociedad debe moverse y la burbuja inmobiliaria se habría parado con normas tan sencillas como “el que compre una vivienda no la puede vender hasta los 10 años y las viviendas sociales en vez de venderlas, alquilarlas por el 10 por ciento de lo que gana un trabajador y ya pararían a tanto tiburón desvergonzado. Saludos. Ceneme

  • el 01/06/2010 a las 4:18 pm
    Permalink

    Es una pena que un buen articulo pierda bastante merito para mi por su vocabulario de palabras soaces,creo que para”calar fondo”no es necesario.

  • el 07/06/2010 a las 6:05 pm
    Permalink

    Matuca ,creo que te pasaste un mucho con respeto al salario del funcionario, y luego tu vocabulario (empleo fijo)
    MªCarmen

  • el 08/06/2010 a las 1:12 am
    Permalink

    RESPUESTA DE UN
    ENCOFRADOR SIN ESTUDIOS
    GARRULO MONTADOR DE UNA CONSTRUCTORA
    GAÑAN QUE NOSABIA LEVANTAR TRES LADRILLOS A DERECHAS
    A UN FUNCIONARIO CABREADO
    Entendiendo, que no compartiendo su cabreo, y su derecho al pataleo me tomo la licencia de darle cumplida respuesta.
    1º Un encofrador para serlo, tiene que tener como mínimo conocimientos aritméticos no a un nivel como al que usted se le supone, pero tampoco ser analfabeto como insinúa
    2º un garrulo, si puede montar una constructora porque algunos funcionarios como usted, de hecho la tienen.
    3º Un gañan tampoco coloca ladrillos, ni a derechas ni a izquierdas, según el diccionario español que supongo consulta, gañan – mozo de labranza, aunque supongo que su apelativo es en todo caso insultante, como todo su escrito hacia una profesión, que veo desprecia, y que desconoce y a la cual debería respetar un poco más.
    No se puede hablar tan a la ligera de temas que se desconocen, con todos sus estudios y todo su saber, es un analfabeto en según qué materias, por lo tanto desde esa distancia que nos separa, si quiere ser respetado en su profesión, empiece a respetar a los demás profesionales en las suyas.
    Su escrito rezuma y encierra todo aquello que se desprecia del funcionario, el listo de la clase el más inteligente, el no va mas, así que cuando un analfabeto encofrador un garrulo o un gañan albañil, caen por su ventanilla o despacho, le recibe como merece, con el máximo desprecio, como a un ser inferior a su posición y sabiduría, por suerte funcionarios de su catadura hay pocos, pero se ve que todavía quedan.
    Continuando en contestación a su escrito y viendo su referencia a lo económico, base de su escrito quisiera aclararle algunas cosas
    1º un encofrador, que cobraba según usted 3.000 € al mes, siendo también según usted analfabeto, tiene todo el derecho del mundo a cobrar ese dinero, que en todo caso es inferior a sus 1.000 € al mes, porque usted no dice toda la verdad, sólo lo que le conviene decir
    Los tres mil euros del encofrador son sacados a destajo (una palabra que usted como funcionario desconoce). En ellos se incluyen sus pagas extras, y además se incluyen un contrato por terminación de obra que no conlleva despido, pues tiene un contrato precario
    A demás de todo esto, en tiempos de vacas flacas, cobra un salario en el paro de 680 € cantidad muy inferior a sus mil euros.
    A demás, se levanta generalmente a las 6 de la mañana, pues entra a las 8, haga frio o calor a una altura indeterminada durante más de 9 horas
    Su café es un bocadillo, a la lumbre de unos troncos, donde calienta sus ateridas manos mojadas por la lluvia o la nieve, mientras usted funcionario probablemente este tomándose un café al lado de una buena calefacción, o se habrá tomado el día libre, al estar mal la circulación, y tener una disculpa para no ir a trabajar, de todo hay.
    Mientras usted, funcionario, hace sus cuentas para pagar su hipoteca, el encofrador analfabeto y el gañan albañil no tienen ese problema, su nomina de 700€ y su contrato en precario, no le dan derecho en el banco a una hipoteca, así que los sábados y domingos mientras usted funcionario, pasea por el parque a su perrita pequinesa y hace sus compras en el supermercado, el esta construyendo su casa, para ahorrándose la mano de obra poder tener una vivienda digna para el y su familia.
    Mientras usted funcionario, descansa de su trabajo, en unas merecidas vacaciones, el analfabeto y el gañan descansan poco, hay que aprovechar el tiempo en que hay trabajo, que luego viene el paro, (paro otra palabra que usted funcionario desconoce, cuanto está aprendiendo hoy de un analfabeto y de un gañan).
    Mientras usted funcionario, cobra sus correspondientes pagas extras, a las que tiene legitimo derecho, el analfabeto y el gañan ese mes cobran lo mismo, en los destajos o en el paro, no hay pagas extras.
    Y cuando tiene que ausentarse de su trabajo por necesidades imperiosas, sabe que perderá su jornal, no tiene el privilegio de usted funcionario, que tiene 8 días de moscosos, (mira esa palabra el analfabeto y el gañan no la conocían les suena a chino).
    Por todo ello, y no quiero alargarme más en el escrito, quisiera que su cabreo vaya dirigido contra los responsables de esta crisis,( el capital que no los gobiernos) y no contra una profesión que le debe merecer todos los respetos, y que gracias a su existencia, usted y su hipoteca, conviven en una casa con todas las comodidades que merece su hogar.
    Sin analfabetos encofradores y gañanes albañiles usted funcionario seguiría viviendo en una caverna.
    Un afectuoso saludo y a cuidarse que los cabreos producen infartos.
    Un encargado de obras también analfabeto y gañan

  • el 01/07/2010 a las 5:12 pm
    Permalink

    no vo adecuado este comentario espero no estes entre los tontos

Los comentarios están cerrados.

A %d blogueros les gusta esto: