Carta a Loli

Querida mía:

Espero que donde estés puedas leer estas letras, en ellas quiero expresarte todo el cariño que siempre te profesé. Cuando naciste fue un regalo para toda la familia, pues todos éramos ya adultos, asíque fuiste una bendición del cielo. Cuando tu madre, mi prima, me dijo que tenía que hacerte los vestiditos para echarte de corto (a los tres meses) como se hacía entonces, aquella modista en ciernes que era yo, me sentí muy halagada y feliz.

Fuiste una niña buena y cariñosa, por eso cuando a los diez años te marchaste con tus padres a la Argentina dejaste aquí un vacío inmenso. Todos te echábamos muchísimo de menos, nos escribíamos, primero con tu madre y luego ya contigo, en mis cartas te contaba mi vida (más penas que alegrías) siempre me aconsejabas con dulzura y palabras cariñosas que me hacían mucho bien.

A los 36 años de vuestra marcha, fui yo a veros a la Argentina (pues vosotros no volvisteis) me encontré con una Loli físicamente desconocida, con un carácter fuerte y una voz dulce y persuasiva (ya eras monja seglar) y trabajabas en una biblioteca, tú y tus padres vivíais muy modestamente, por tu madre me enteré de tu labor, donde había una necesidad allí estabas tú, ¿cuantos matrimonios a puntos de separarse volviste a unir?, ¿cuantos chicos inteligentes sin medios económicos para poder estudiar pudieron hacerlo gracias a tu mediación? y así ¡cuantas cosas más solucionaste!, que gran labor hiciste mientras estuviste entre nosotros.

Yo no acabo de acostumbrarme a la idea de que no estés. Fue todo tan rápido, en un mes te fuiste de esta tremenda enfermedad que está azotando a la humanidad y de momento no hay solución

Te fuiste siendo gallega (nunca quisiste nacionalizarte argentina) asíque me despido diciéndote: adeus galeguiña ata sempre

P.D.: Te mando un verso de Peman, estas estrofas sé que te gustarán pues van dedicadas a ti.
Y, al fin, rendido quisiera
poder decir cuando muera:
Señor, yo no traigo nada
de cuanto tu amor me diera…
¡todo lo dejé en la arada
en tiempos de sementera!

Allí sembré mis ardores,
vuelve tus ojos allí,
que allí he dejado unas flores
de consuelos y de amores…
¡y ellas te hablarán de mi!

Estrella

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