Carta a Juan Ramón Jiménez

burroPerdone usted D. Juan Ramón por tamaño atrevimiento, es que sabe usted, tengo un burrito tan bueno, obediente y cariñoso que me recordaba al suyo y le he puesto de nombre Platero, tiene el pelo suave y los ojos de azabache que al mirarme se tornan tiernos. Por la mañana temprano vamos al monte a por leña, tampoco pisa las flores que están al borde del camino, las huele, eso si, con toda delicadeza, parece que las acaricia. El otro día en las ramas de un árbol se escuchaban el piar de pajarillos esperando seguramente por su madre, ansiosos por la comida, Platero se puso nervioso, sus ojos relucían e intentó subir al árbol
Platero -le dije- que malos pensamientos rondan por tu cabeza. ¡No te da vergüenza!
Se separó del árbol presuroso y avergonzado con la cabeza gacha y siguió su trote ¡es que todo lo entiende!

Volvemos a casa, le hecho de comer a las gallinas y en cuanto me descuido entra en el corral y suelta un rebuzno y las pobres gallinas se asustan de tal manera que no saben donde meterse, le riño y a mi se me antoja que su cara se distiende con una sonrisa, le encanta hacer travesuras como un niño pequeño

Bajamos al pueblo, lo primero que hacemos es ir a casa de la señora Lola para llevarle las hortalizas (que ella cultiva) al mercado, luego a la panadería y al carnicero, siempre tienen algún recado para hacer, al acabar vamos a la taberna, allí, en el patio de atrás come Platero y se duerme como un bendito, mientras yo después de comer echo una partida a las cartas con los amigos y luego nos retiramos a casa, si hace frío enciendo la lumbre y Platero se tumba al calorcillo, con lo grande que está, casi no me deja sitio para moverme por la cocina, entonces charlamos de lo acontecido durante el día, bueno, yo hablo y él escucha, de vez en cuando mueve las orejas para que yo sepa que me está escuchando

El día del Santo patrón, nos levantamos temprano, lo lavo y lo cepillo bien, le pongo su manta nueva y el collar de cascabeles al cuello ¡pero que guapo está! yo camisa limpia y traje de pana y bajamos al pueblo, ya los niños lo están esperando y él sacude la cabeza para hacer sonar los cascabeles, luego vamos a misa, lo ato a la entrada y le digo que no se mueva, que sino el señor cura vine a reñirle y se está muy calladito, de vez en cuando suenan un poco los cascabeles pero eso es inevitable, en fin un día feliz para todos.

Cuando no duermo me pongo a pensar con tristeza que será de mi cuando me falte mi querido Platero, él es mi familia, mi amigo, mi compañía, pues no tengo a nadie más que a él, me consuela pensar que él sí será feliz pues el Señor tendrá un rinconcito en el cielo para los burritos buenos y allí se encontrará con su Platero, D. Juan Ramón y seguro que serán amigos y felices de estar juntos

Un saludo, señor, muy agradecido por leerme

ESTRELLA

2 comentarios en “Carta a Juan Ramón Jiménez

  • el 26/07/2010 a las 11:50 pm
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    Tierna, muy tierna esta reflexión literaria y triste muy triste su conclusión. Estrella la persona que busca la felicidad, no la tiene. La felicidad no se busca, camina contigo, pegada a tí como la matequilla. Te invito a que entres en “filosofía en verso”, quizás encuentres consuelo para tus males. Saludos, Ceneme

  • el 27/07/2010 a las 11:10 pm
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    Delicioso, dulce, tierno, casi un capitulo del libro de Platero o un pequeño resumen del mismo; la forma de narrarlo epistolar lo ahce si mas cercano e intimo. Una delicia. Un fuerte abrazo.

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