Café Escocés especial


Este día, 1 de julio, el autobús que transportaba el grupo del Centro de Coia en su periplo turístico por las Tierras Altas de Escocia, pretendía cubrir la etapa OBAN – INVERNESS.

El trayecto a recorrer, aparte de sinuoso y complicado, era al mismo tiempo bastante largo. Por eso, (prevista, o no), se decide realizar una “parada técnica”, con el pretexto de estirar las piernas. En realidad, lo más importante, era no estirar mucho el tiempo sin evacuar los inevitables líquidos residuales humanos.

La localidad escogida para la parada, es FORT VILLIAMS. Una población pequeña y marinera. Nada del otro mundo para nuestros ojos, acostumbrados a disfrutar de las ciudades o pueblos costeros más bellos del mundo.

Una hora es el tiempo de recreo. El cielo, con nubes circulando a toda pastilla y con síntomas de no muy buenas intenciones. Mi amigo Felipe y servidor, enfilamos la calle principal, (y única diría yo) sin más pretensión que ver escaparates y pasear. Yo camino cojeando, pues mi pierna derecha se resiente de un golpe sufrido recientemente por mi mala cabeza. Pero eso es otra historia.

De repente, se cumple el pronóstico, y, se pone a llover con cierta intensidad. Con este panorama decidimos poner la marcha atrás, y refugiarnos en una cafetería para hacer tiempo y tomar a la vez un buen café. Bueno, lo de un buen café, si se refiere a la cantidad, de acuerdo, pero si valoramos la calidad, ya hablamos de otra cosa.

Localizamos un local con buen aspecto, y allá que nos vamos, esperanzados en que sabiendo manejar lo de “coffee” y “milk”, y considerando nuestra poderosa capacidad de gestualidad, no existiría gran dificultad para ser comprendidos suficientemente.

Pronto nos damos cuenta que la tarea de comunicación no va a resultar fácil, ya que los condicionantes del café de Felipe y los míos, no solo son contrarios en cuanto a tamaño, sino que no coinciden en absoluto en temperatura, proporción de ingredientes, e incluso la naturaleza del propio café.

El local estaba ocupado por dos personas que charlaban amigablemente. Detrás de la barra, una moza rubia, sin duda producto nacional, donde quedaba patente la amplia generosidad del Creador, en cuanto atributos físicos. Al fondo de la barra, un varón luciendo una gran melena negra, y vestido totalmente del mismo color. Todo un personaje.

El obligado “morning”, y comenzamos la tarea de solicitar el café. Comenzamos suave, sonriendo y combinando las palabras conocidas en todos los sentidos, complementado con todo lujo de expresivos gestos. Una y otra vez. La moza sonríe y de vez en cuando, mira para el moreno del fondo en demanda de ayuda, Nada, no hay manera. Tras un intento ya con el tono subido, y seguro que con aspecto de desesperados, pensamos que lo mejor era tirar la toalla, y que la rubia nos sirviese el café que más se aproximase a lo demandado.

De repente, el personaje de negro toma aire y nos espeta a la cara lo siguiente.
-¡Pero! ¿Queréis aclararos como carallo queréis el café?. Por que con el lío que os habéis montado, no os entiende ni ella ni yo -.Y, además ¿ de qué parte de Galicia sois?.-
No repuestos aún del susto (¡Será cabrón el tío!) le contestamos que de Vigo.
.-Pues yo soy Manolo y de Chapela.-

Lo que sucedió a continuación es fácil de imaginar. Por supuesto tomamos un buen café y hasta nos ofrecieron algo para acompañar el café.

Manolo nos cuenta que se define como un gallego aventurero, y que una pirueta del destino lo situó en ese pueblo. Montó en principio un restaurante que terminó cerrando, por que, “estos escoceses no saben comer”. Ahora (y nos lo muestra orgulloso) es el propietario del único taxi que hay en el pueblo, y que le va “bastante bien”.

Con una sonrisa muy expresiva y una mirada todo corazón a la bella propietaria, nos cuenta que en los ratos en que no tiene trabajo con el taxi, ejerce como “relaciones públicas” de la cafetería.

Claro como el agua, Manolo. Y nos fijamos una vez más en la rubia que en ese momento lucía su mejor sonrisa, y unos cachetes lindamente sonrosados.

Y nos despedimos, ya que el tiempo se nos pasó a gran velocidad. Abandonábamos el local cuando oímos a Manolo su última frase; -Y si conocéis a alguien que tenga mano en la tele gallega, que sepa que aquí existe un candidato cojonudo para el programa de “Gallegos por el Mundo”.-

¡De acuerdo!-¡Chao Manolo! Y nos incorporamos al grupo con un fuerte ataque de risa.

Coia-Vigo, setiembre de 2010
Isidro Martínez Diez

Un comentario en “Café Escocés especial

  • el 04/10/2010 a las 9:19 am
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    Muy bueno, Isidro, me recuerda cuando yo estaba paseando por Trafalgar Square y me encontré con un vecino de mi barrio¿Qué haces por aquí? Nada, me dijo, como tú, paseando. Nunca sabes con quién te vas a encontrar. Saludos, Ceneme

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