Café con mujeres. Otras Meninas de Coia

La realidad nos obliga a una adaptación inteligente y necesaria. Les comento esto porque, a pesar del cierre, de escribir desde casa, seguimos trabajando la gente de la revista . Y, por supuesto, seguiremos contándoles las historias de vida que un grupo de mujeres y usuarias, nos narraban durante los actos del día de la mujer. No lo dejaremos en un solo día, sino en todo el mes. Dimos voz, en directo de las historias laborales de Marisol, Maria, Gloria, Yoya o Paula.

Ellas estuvieron con nosotras hace unos días. Nos contaron con una sonrisa en los labios, su dura vida laboral. Mezclada, a veces, con su lucha más personal. Son mujeres valientes que salieron adelante. Para mí, mujeres excepcionales. Vidas mezcladas en el terrible trabajo diario. Por eso, hoy les traigo el testimonio directo de cada una de ellas. Yoya nos escribe los que ya nos contó en directo:

Soy Heliodora Barbosa, pero la gente cercana me conoce por Yoya. Tengo 82 años y he sido y soy una mujer trabajadora. Con 14 años tuve que dejar la escuela y ponerme a trabajar por un revés de fortuna familiar. Aprendí a coger puntos a las medias y me empleé en un comercio que tenía una máquina. Entraba a las 3 de la tarde y salía a las 10 de la noche por 5 pesetas al día. Corrían los años 1956-1957 y eso era una bomba donde yo vivía. 

YOYA

Pertenecía a una familia muy conocida, y las mujeres de aquel tiempo no trabajaban, pero a mi me hacía falta. A veces mi dinero era el único que entraba en casa. Pasó el tiempo y, como tenía un cuñado en el ayuntamiento, me fueron dando algunos trabajos allí. También conocía al alcalde y siempre que había alguna vacante en alguna escuela me llamaban. 

De este modo, fui haciendo escuela en algunas parroquias de la zona. Por medio de una maestra, me salió una beca para hacer un curso,en Oviedo, de Puericultura. Desde Vigo fuimos dos chicas.¡Fue maravilloso! 

Pero las críticas en el pueblo fueron crueles. ¿Una chica de 21 años sola en tren hasta Oviedo? ¡Qué barbaridad! Yo era muy seria y formal porque recibiera de mi familia una buena educación. A los 8 días de regresar, me llamaron para cubrir una plaza de auxiliar de enfermería en el campamento de Gondomar. ¡Otra bellísima experiencia! Mis amigas casi no me hablaban.“Mira tú, Yoyita luciéndose en traje de baño en playa América.” ¡Casi pecado!

Más tarde, me volvió a sonreír la fortuna, y conseguí una plaza de auxiliar de enfermería en el Hogar Padre Salvado de Tuy. Aquí estuve unos años hasta que me casé (cosa que nunca debí hacer). Me fui a vivir a Baiona porque mi marido comprara allí un restaurante. Cambiar mi uniforme blanco por un delantal de cocina no era lo que yo esperaba.Tuvimos una niña. Muy salada y muy lista. Hoy tiene dos carreras sin saber lo que es un suspenso en sus estudios.

Yoya y Paula dos mujeres excepcionales

En el verano de 1980 nos vinimos para Vigo porque mi marido abriera una zapatería. Al casarme solicitara una excedencia por 10 años y como el comercio no iba bien necesitaba trabajar. En ese tiempo se inauguraban las guarderías de la Xunta y podía optar a una plaza. A finales de octubre de 1982 nace mi niño con parálisis cerebral y epilepsia. Creo que perdí el norte al conocer la noticia. ¿Qué hago yo ahora? Ya había pedido mi reincorporación al trabajo.  Pero Dios me dio fuerzas para seguir. 

Me destinaron a Pontevedra. Sin saber conducir, a base de autobuses y trenes, y con el corazón partido, me fui a trabajar dejando en casa un niño de tres años con discapacidad. 

Puse una empleada en casa y me fui pensando que mi hijo crecería y le encontraría un colegio. Así fue. Al año y medio de estar trabajando lo admitieron en San Francisco .A los cuatro años me trasladaron para Vigo y poco después para Coia. Las cosas mejoraban. 

Pero mi hijo tiene una gran minusvalía. No se vale por sí mismo. Hay que lavarlo, vestirlo, darle de comer, no anda solo, va en silla de ruedas… Mi marido se negó a salir con él en silla, a llevarlo al autobús, etc. y empezaron los problemas.Cuando mi hija terminó la primera carrera en Santiago le presenté la separación. No fue fácil. Tuve que empeñarme y pedir un crédito. Pero como nunca me faltó la fe y la esperanza seguí adelante. 

Tenía un buen sueldo y había recibido la herencia de mis padres, con buenos solares en el pueblo. Vendí alguno para salir adelante.Hoy en día, mi hijo sigue en San Francisco como residente. Mi hija trabaja en un centro de la Xunta en Ourense. Y yo soy alumna de la escuela de memoria en este centro social de Coia.  A todas las mujeres les pido que luchen por la igualdad y la equidad. 

Yo luché en unos tiempos en que casi era imposible salir adelante y aquí estoy. Viviendo de mi pensión, de lo que me he ganado trabajando toda mi vida.¡Viva el 8 de marzo! 

¡Viva el día de la mujer trabajadora!  

 

 

 

Mª Heliodora Barbosa González 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

A %d blogueros les gusta esto: