Bueu y su entorno: una excursión fácil y gratificante

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Hice una pequeña excursión, de un día, a Bueu, para ver el Museo Masó, así como la pequeña iglesia románica de Santa Mª de Cela, sin olvidar el espléndido Cabo  Udra y las playas del entorno.

Es otro de esos lugares espléndidos que tenemos al lado de Vigo y que conocemos un poco, sin llegar a descubrir su esencia. Y es lo que siempre intento en mis viajes. Así pues, me marché con  mi amiga Gloria y otras dos compañeras, para disfrutar de lo que  tenemos tan a mano y les recomiendo.

Parada en el Museo Masó para conocer parte de la historia de la Ria.

Fuimos con una pequeña empresa de viajes, “Senderos de Galicia”,  que dirigen una filóloga de Cangas y su marido, un periodista argentino encantador.

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Vimos primero el Museo Masó. Para mí fue un auténtico hallazgo porque en una de sus vitrinas guardaban una edición, muy antigua, del Quijote. También valiosos mapas y cartografía marina , además de una  joya, como es la edición, creo que la primera,  de la “Divina Comedia”, o un manuscrito de Isacc Peral.  Antes había  un incunable que era  la única edición que hay en el mundo, de la novela de caballerías escrita en España, “Tirante el Blanco”. Me informaron hace un tiempo que este libro debe tenerlo a buen recaudo alguien de la familia Masó.  Y así muchos otros objetos que hacen necesaria la visita a este singular museo que, entre otras cosas, nos dará una visión importante de lo que supuso la fábrica de conservas para el empleo de las mujeres, la primera guardería, hábitos de higiene y salud, etc.

Después de un buen café y ricos panecillos, hicimos la visita imprescindible en Bueu: un paseo por su mercado de abastos. Uno de los mercados donde van a encontrar el mejor pescado de Galicia, diría yo, a buen precio.  Tampoco está nada mal las verduras de las señoras que bajan de la aldea para ofrecer los grelos, flores, lechugas, etc, de su huerta en la puerta del mercado.

Nuevo paseo hacia el pequeño bus mientras Daniel nos comenta las vivencias del escritor Gonzalo Torrente Ballester, durante sus largas estancias en Bueu. Lugar donde se desarrollan muchos de los capítulos de “Los gozos y las sombras”. Así como algunos de los personajes que inspiraron al escritor, como “Juan, el de los laureles”, que era  muy conocido en este pueblo marinero por sus manías y peculiaridades.

Playeando por el Caribe gallego.

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No, no nos fuimos al Caribe porque con las playas que nos descubrió  Daniel ya no hacia falta.  Playas recónditas, limpias y árboles majestuosos, como las de Agrelo o Portomaior. Pero la más impresionante, con nombre muy  “caribeño”, es la de “Lapaman”, que está bien escondida y se llega  preguntando a los lugareños, o a nuestro paciente conductor. De frente también pueden ver la Isla de Ons, precioso lugar que pertenece a Bueu.

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Mientras contemplamos la belleza de estas playas, Mayte nos  cuenta la historia de un famoso contrabandista de Bueu. Era marinero y su esposa se dedicaba a vender leche . Y de ahí, al mundo del “contrabando moderno” que generaba grandes beneficios, primero el tabaco y luego “otras drogas”. Se enriquecieron en poco tiempo, pero la mujer seguía vendiendo la leche  en Bueu, . Eran nuevos ricos sin demasiada cultura. Menos letras tenía aún la mujer que presumía, ante los vecinos, de tener todo el baño de “mármol de carrasca” (Mármol de Carrara). El dinero lo guardaba en bolsas de basura en el salón o el dormitorio, para “pagar al contado”. Ni Suiza ni nada, a lo práctico y simplificado, diría yo.

Parroquia de Cela y su iglesia románica.

Subimos un poco y llegamos a la aldea de Cela, otra parroquia de Bueu, donde visitamos la pequeña iglesia románica que está muy bien conservada, así como el espléndido cruceiro.

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Molesta a la vista la gigantesca antena que han colocado para los teléfonos móviles. Ya sabemos que pagan bien el alquiler del terreno, pero aquí destroza y afea mucho el bello entorno con el Cruceiro y la iglesia.

Nos dice Mayte, la guía, que Cela es famoso por su buen vino casero. Así que si pasan por allí compren el ribeiro en casa de algún lugareño.

También pueden visitar, por esta zona de Bueu, la mámoa do Forno das Arcas, petroglifos o un yacimiento romano.

Final en  Cabo Udra.

No podía haber mejor final para cerrar esta ruta. Como en la mejores pelis, acabamos frente a un mar  radiante, desde la altura del Cabo Udra. Estamos rodeados de varias playas donde poder bañarse al abrigo de los vientos, escogiendo una u otra.

Hay también un merendero, limpo y amplio, para reponer fuerzas y gozar otro rato más del paisaje. Destaco los curiosos chozos que hay en la zona, cuando nos adentramos un poco por el camino. Según las leyendas, eran lugares donde se retiraban los eremitas a meditar o hacer penitencia. Pero la teoría más verosímil es que  fuesen los lugares donde se refugiaba o guardaba el ganado.  Me recuerdan los singulares “bombos” de Tomelloso.

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En torno a las 3 de la tarde regresamos a Vigo, de donde salimos a las 9 de la mañana.

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Una ruta de medio día, preciosa y gratificante, que hicimos, sin prisas, un grupito de gente viajera  amante de los paisajes, la esencia de los lugares y sus historias.

 Textos y fotos : A.Garrido.

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