“Bajo el cielo de Sober”

“Bajo el cielo de Sober”

Caminando voy por estos senderos, por estos campos que va marchitando este otoño implacable que no se detiene.

Observo la hierba aún mojada por el estío, las hojas que van cayendo día a día que van desnudando los árboles poco a poco dejándolos en sus “huesos” solamente, árboles que ya parece que se están preparando para volver a florecer pues este ciclo de la vida no se detiene nunca.

Los viñedos dan ese color con cierto gracejo a la vida, pues sus hojas simulan los colores de la bandera de nuestra Patria grande, España, rojas y gualdas. Nos señalan los tallos que han parido esos racimos de uvas tintorras, el color rojo, y las blancas el color amarillo, haciendo un juego visual grandioso. Los árboles también se unen a ese colorido con sus hojas verde-amarillentas.

A esta especie de sinfonía de colores, se une la otra sinfonía de esos pajaritos que se niegan a dejar su residencia estival. Quieren seguir con nosotros, con sus gentes.

Además ¡qué bien! un poquito de sol nos acaricia a toda esta gran familia de la Naturaleza.

¡No se puede decir, pues, que el otoño es triste ¡No! Es bello y nostálgico, ¿verdad? Bello viendo esa naturaleza que nos va dejando, grande, variada…Nostálgica porque nos recuerda lo que dejó atrás pero, al mismo tiempo nos va diciendo que está ya construyendo esas otras fases de la vida, bellas, que sin esta etapa, no serían posibles…

Otoño, otoño grande
Que de ti nunca se dude.
Si no fuera por tu “ubre”
Y este solcito radiante

De esta fuente que de ti brota
Nadie diría jamás:
Que eres el manantial
Que sustenta esta gran flota

 

Antonio Fernández

 

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