Autoestima en zapatillas: míra con ternura.

Sí, es un gran paso descubrir que el amor de tu vida eres tu.

Si lo piensas bien te das cuenta que la mayor parte del tiempo, en realidad todo el tiempo, te lo pasas contigo mismo. La cuestión es que te des cuenta.

No te queda otra.

Y si no te llevas bien contigo mismo tienes un problema muy gordo.

Nada peor que aguantar a una persona que no te gusta.

Luego tendrás que descubrir lo que te gusta de ti, o tu vida será un infierno.

Descúbrete. Mírate. Se te fijas detenidamente no está tan mal.

Sonríe. Haz una mueca ante el espejo. Ríete. Diviértete un rato contigo.

Piensa en algo que despierte tu ternura: Esa mamá que le está dando el pecho al bebé, ese angelito que pone pucheros, esa canción que te trae recuerdos, esa escena de película que siempre te emociona… y a continuación vete al espejo y mira, de pronto estarás deseando darte un abrazo.

Hazlo, date un abrazo. Te sentirás estupendamente.

Los abrazos sientan de rechupete.

Ayer vino mi amigo Jose a casa y me dijo: “dame un abrazo con cosquillas”. Y le dije que no. Y el, con esa sonrisa que tiene de niño grande, me dijo: “bueno, vale, un abrazo de oso”. Y nos dimos un abrazo de oso.

¡Qué bien sienta un abrazo! ¡Es una maravilla!

Cuando me encuentro con los amigos y nos abrazamos todos con todos para saludarnos, tienes un subidón, si, si, un subidón de autoestima. Porque los abrazos hacen subir la autoestima.

Ah, sobre los abrazos tenemos que hablar bastante. Los abrazos son a la autoestima como el pan al huevo frito.

Ahora tienes la ocasión perfecta, estamos en Navidad, todo el mundo se abraza. Aprovéchate, abraza todo lo que puedas, es como poner el móvil a cargar cuando la batería está baja. Tu abraza y luego ya me dirás. Las comidas copiosas te pulverizan el estómago y la línea, la bebida te estruja el hígado y el riñón, el turrón te rompe los dientes. Los abrazos regeneran el corazón.

Texto: Jesús Muñiz González