Autoestima en zapatillas, I

Esta es una nueva sección de artículos en los que intento reflexionar sin alardes sicológicos o filosóficos, sobre algo tan importante para el bienestar personal, como es la autoestima.

La palabra no tiene mucha antigüedad, pero si lo que significa.

Cuando todavía tenía niños en el colegio, en el Apa, (entonces se llamaba asi, y no Ampa, como ahora, y sobre estoy ya os diré algo que dice la RAE, claro que en otro momento, que me lio) nos dieron un cursillo de Autoestima, y la verdad que me impactó y desde entonces no solamente he pensado mucho en el tema, sino que mi autoestima subió muchísimo.

Ya Jesús de Nazareth dijo aquello de “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Y casi siempre nos olvidamos de eso, de que hay que amarlo como a uno mismo, luego, primero hay que quererse, es decir, primero tengo que quererme yo. Tengo que mirarme al espejo y decirle al que está allí: “te quiero”.

Una de las más bonitas historias sobre la autoestima es “El patito feo”.

Solo cuando fue capaz de mirar su imagen reflejada en el agua descubrió que era un cisne. Se encontró guapo, se quiso, y a partir de ahí, también pudo querer a los demás y fue querido.

¿Cómo voy a ser capaz de querer a alguien sino me quiero yo?

¿Cómo puedo pensar que alguien me pueda querer si yo mismo no me aguanto?

Os animo a que cuando lleguéis a casa, os calcéis las zapatillas, os miréis al espejo y fabriquéis una sonrisa.

De ese modo, empezaremos vosotros y yo echarle un vistazo a esta “Autoestima en zapatillas”.

Hasta la semana que viene.

Texto:  Jesús Muñiz González