Autoestima en zapatillas, disfruta.

¿Has pensado en lo que te gusta?

Estupendo.

Disfrutar de lo que te gusta es tan agradable.

Te encanta que alguien te regale algo que realmente te gusta.

Te emociona que quien te lo regala te conozca tan bien como para saber tus gustos.

Si una persona te conoce bien, es porque te quiere.

¿A quién le interesa conocer bien a una persona que no quiere?

¿Y tú, te conoces bien?

Si te conoces  bien, entonces te quieres y si te quieres, tu autoestima goza de buena salud.

Si te gustas a ti mismo tienes buen gusto.

Eres la persona con la que siempre vas a estar.

La autoestima hay que alimentarla.

La tienes que alimentar tú.

Y también tienes que aprovechar cuando los demás lo hacen.

Déjate querer. Déjate alabar.

Y claro, no te envanezcas. No adoptes esos defectos nocivos para tu autoestima: vanidad, egoísmo, soberbia…

Tú ya sabes.

La autoestima y la humildad van cogidas de la mano.

Tienes que luchar con ganas cuando algo te la baja.

Frases como “no sirves para nada” hay que transformarlas cuando te llegan. Con pura lógica: “no sirves para nada”, luego sirves para algo. Dos negaciones afirman. Hazlo con una sonrisa y verás el cambio.

Si tú cambias, todo cambiará.

Recuerda que tus ojos son una cámara perfecta que ven hasta el infinito. Hasta ahí tiene que llegar tu autoestima.

¡Vamos!

 

Texto:  Jesús Muñiz González

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