Aquel Santa Irene

 Corría el año 1971 cuando entré a formar parte del alumnado del Instituto de Enseñanza Media Santa Irene, un edificio emblemático de Vigo que por aquella época parecía llenar toda aquella zona de Traviesas. Por el hemos pasado muchos alumnos. Su torreón con ese reloj que se ve por las cuatro esquinas, reloj que ha servido para dar las campanadas de fin de año en varias ocasiones. Sus escaleras de entrada, su pequeño jardín… Hoy lo vemos un poquito más escondido por las edificaciones habidas a su entorno pero sigue estando ahí, comandando esa zona.

¡Cuantos recuerdos me trae! Por aquella época era solo masculino por todas aquellas repercusiones que traía consigo el Régimen existente en aquella época.

Pues bien, yo permanecí allí dos años, el periodo bienal 1971 – 1973 para hacer el Bachiller Superior (5° y 6°) que era una parte del plan de la estudios de aquel momento. Conocí, evidentemente, personal docente y no docente. Dentro del profesorado tuve profesores variados como en todo en la vida pero la mayoría buenos entre ellos Xose L. Méndez Ferrin en Lengua Española y Literatura pues la Lengua Gallega no existía como tal asignatura debido a las circunstancias en las que vivíamos, Leónidas de Carlos nos daba Filosofía, Rufo Pérez González, Matemáticas, Luis Curiel, Francés…etc con todos ellos muy gratos recuerdos. Rufo Pérez, también ejerció como secretario de dicho Centro unos años.

Hablar de anécdotas en una época escolar pues la verdad es que siempre las hay. Puedo destacar unna con D. Luis Curiel. Todos sabíamos, antes de ser presentados, que asignatura nos daría cada uno y los horarios correspondientes y, claro, ya empezaban las conjeturas, éste es bueno, aquel duro, al otro no se le entiende nada lo que explica…en fin situaciones diferentes pero, dicho sea de paso, en mi caso, como diría en términos futbolísticos, una buena plantilla. Pues bien, el primer día que entra en clase D. Luis, nos saluda, frunce el entrecejo y nos “suelta el misil”: Amigos no habéis tenido mucha suerte: “Soy Luis Curiel, mi norma es aprobar uno o dos como máximo. No es que quiera suspenderles o les vaya a querer mal, ¡no! Es que conmigo hay que estudiar, sino será tiempo perdido para mí y mucho más par ustedes. Creo que he hablado claro. Ya se pueden imaginar ustedes, con estas “tiernas” palabras tan reconfortantes, como nos quedó el cuerpo a muchos, digo a muchos porque a todos sería mucho decir porque siempre hubo los que iban a leer novelas de vaqueros mientras tanto duraban las clases, gracias a Dios los menos. Pues todo esto quedó en ¡dos suspensos!. Uno por un mal comportamiento y otro por haber estudiado…¡En la Academia Barreiro! que no se por qué extraña razón odiaba. Era, eso sí, muy buen profesor.

Del personal no docente recuerdo al entrañable conserje o bedel llamado Campos. Nosotros siempre nos dirigíamos a él como Sr. Campos. Era serio o se ponía serio para darse, ¡como no! mayor importancia pero muy buena persona al fin y al cabo. Yo creo que al llamarle señor Campos ya lo dejábamos desarmado.

Una de las aulas que más nos gustaba ir era a la que llamábamos el Laboratorio donde hacíamos prácticas de Física, Química y Ciencias Naturales, pues a lo largo de las clases, entre el aprendizaje, surgía alguna que otra trastada. Todo formaba parte de la clase.

Íbamos también, de vez en cuando, al salón de actos para ver laminas de Historia del Arte, alguna charla….etc.

Recuerdo también haber subido a la torreta del reloj para ver su mecanismo, el cual daba cierto miedo al ver y sentir funcionar el motor que empujaba las agujas. ¡Parecía una película de terror!

La gimnasia y el deporte la ejercitábamos en el pabellón de la calle del Carmen. Conocí dos profesores, Pereiro y Miró.

Pero, también desgraciadamente, asistimos desde aquellas enormes ventanas, y dada la ubicación del Instituto, a revueltas laborales para conseguir sus reivindicaciones a personal del metal (astilleros, automóvil), con las Fuerzas de Orden Público, momentos nada agradables evidentemente.

Ya, para terminar, hace cuatro años yendo por Traviesas, vi el portalón de entrada abierto y me asomé al Centro y me identifiqué como antiguo alumno y les dije si podría ver algo de las aulas, pues desde que lo abandonara no lo había vuelto hacer y de eso pasaran 44 años. Busqué el momento del recreo y tengo que decir que todas fueron atenciones, solo faltó que presenciara las clases de alguna asignatura. El lugar que más le pedí ver fue, ¡por supuesto! el Laboratorio. Me lleve una sorpresa con nostalgia incluida, y, por supuesto, una gran alegría: el mobiliario era prácticamente el mismo, estaba intacto, como si no pasara el tiempo. Por un momento pensé que ayer (¡hace tantos años!) Había hecho unas prácticas y hoy que iba a ver cómo habían quedado!

Al Paraninfo o Salón de Actos se le llama ahora: Xose Luis Méndez Ferrin.

Ojalá pasen los años y te siga, te sigamos llamando:
¡¡¡¡¡INSTITUTO SANTA IRENE!!!!!

P.D. Con Ferrin y Rufo, mientras vivió, coincidí en algún encuentro. De los nombrados solo vive Ferrin. Ellos siempre se alegraban que les hablase.

 

 

 

Texto: Antonio Fernández

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