Alsacia Lorena

La Odisea de Vigo a Nancy.

Alsacia Lorena es una región francesa situada al Nordeste del país, en frontera sobre todo con Alemania.

Nuestro destino inicial era Nancy.

Con buen criterio el autobús que nos iba a llevar a Oporto para tomar el vuelo a Paris, tenía dos puntos de salida: en Coia y en Pl. de España, junto al Concheiro. En este lugar se concentra la mitad de los viajeros. Y allí estaba a primera hora nuestro guía acompañante de nombre Jesús. Un hombre amable y sonriente, de cabello cano y buen porte.

El autobús nos llevó a Oporto, y en el camino, nuestro guía nos entretuvo largo rato con la historia de Portugal.

El primer contratiempo sucede a la hora de embarcar pues una persona no tiene el DNI, así pues una pareja se queda en tierra.

Luego, el vuelo a Paris transcurre sin incidentes. Claro que esto era solo el comienzo.

En la cinta de recogida de equipaje se evidencia la falta de una maleta. Eso ocasiona un buen retraso. En el tiempo de espera, un individuo bien cargado de alcohol lanza una botella contra la pared provocando un buen susto.

Al fin nos encaminamos hacia el autobús bajo un buen aguacero, en un largo trayecto.

Una vez en nuestros asientos nos toca esperar de nuevo, pues el tique de salida del aparcamiento no funciona. Más retraso.

Nada más salir del aeropuerto nos vemos envueltos en el maremágnum de autos que colapsan la circunvalación de Paris.

Tras casi una hora de atasco, alcanzamos la autopista que nos encamina a nuestro primer destino: Nancy, capital de la Lorena.

Alsacia Lorena

La lluvia nos acompaña a intervalos como la flor en manos de una enamorada: llueve, no llueve…

Hay que parar en el camino para la cena, en donde nos esperan, aunque sea una hora tardía, ya que nuestro guía se encargó de ponerlos sobre aviso.

Aunque no es carnaval, la cena se disfraza, pues nos sirven una especie de hamburguesa, que parece una “tournedós”, sobre una base de queso. Aquí empieza nuestro entreno para soportar la cocina francesa con estoicismo senequsta.

Pasa de la medianoche cuando llegamos a Nancy, y ahí comienza un divertido recorrido por sus calles. Vuelta a la derecha, vuelta a la izquierda, adelante y atrás, vuelta y revuelta, esto parece un bus bailando bachata. En una marcha atrás, un puente limpia a fondo el techo de nuestro bus, y cuando salimos al fin del laberinto, nos encontramos con turismo, con el conductor a pie y empujando con una mano al volante. La carcajada es general y eso es un índice del buen ambiente que reina y que no hay incidente que lo corrompa.

Al fin, en el hotel, ya no queda más que alcanzar el lecho y dedicarnos al merecido descanso.

Un tesoro de color en Metz.

La salida para Metz es a media mañana y llegamos con tiempo para dar un paseo por la ciudad antes de comer.

Una ciudad tranquila, esa es la primera impresión, que habla en silencio, asomando a través de sus calles alguna parte de su imponente catedral.

El templo gótico es como una damisela vergonzosa, que apenas deja ver sus encantos, oculta por los edificios que la rodean casi tocándola.

Después de la comida la guía nos acompaña a la catedral y buscando las palabras adecuadas en su mente intenta explicar en nuestra lengua las maravillas del trenzado encaje de los pináculos, cuya altura inclina el cuello hasta casi perder el equilibrio para alcanzar el final de sus 40 metros.

La piedra amarilla no se puede apreciar en todo su esplendor, ennegrecida en gran parte por el paso del tiempo, pero impone majestuosa su presencia de 3.500 m2.

El interior se llena de luz filtrada a través de casi 6.500 m2 de vidrieras que recogen diseños de varios siglos desde el siglo XIII al XX.

Siete siglos de historia recoge este inmenso templo y sus piedras nos hablan con voz callada, en susurros, que nos envuelve con besos de luz.

El paseo por la ciudad abrazada por el Mosela tiene un encanto dulce y tranquilo, profundo y romántico, cargado de historia, que nos impregna de paz, de esa lograda después de muchas guerras.

Es el momento de regresar a Nancy, para cenar y luego hacer un paseo nocturno por la ciudad al amparo de nuestro guía Jesús.

En Alsacia Lorena, hay tesoros de luz.

La plaza real más bella de Europa resplandece en la noche de Nancy.

Las obras nos obligan a dar un rodeo para alcanzar la maravillosa plaza Stanislas. Su belleza nos deja sin aliento y la hermosura del enrejado que luce en sus cuatro esquinas, es una canción silenciosa de hierro y oro, que nos habla de guerra y paz, un matrimonio indisoluble a lo largo de la historia.

El apacible paseo nocturno de Nancy es un broche de luz bajo el manto de las estrellas que poco a poco nos va llevando al hotel para rumiar en el lecho todo lo que el día y la noche nos han regalado.

Al día siguiente tras subir las maletas al bus comienza la visita guiada por la ciudad, ahora a la luz del día.

La guía local explica en inglés y Jesús hace traducción simultánea.

El sol hace que nuestro paseo resulte más agradable para ver la catedral, y de nuevo la grandiosa plaza Stanislas.

En lugares estratégicos hay esferas que hacen un efecto mágico al reflejarnos en el como un espejo y recogiendo el entorno.

Este es una de esos lugares donde las horas se pierden con gusto sin hacer nada más que mirar y dejar que el entorno te envuelva con su belleza y con tantas historias guardadas en secreto en cada una de sus piedras.

Las horas se deslizan deliciosas hasta el momento de caminar hacia el restaurante para, tras el almuerzo, subir al bus y tomar rumbo hacia la capital europea de Estrasburgo.

Son las 18,30 cuando el autobús se sitúa junto al hotel de la ciudad fronteriza.

La cena es en un restaurante cercano, cinco minutos andando.

Jesús, tan solicito siempre, nos acompaña en un paseo hasta la catedral y luego por “la petit France” hasta el hotel.

Con lo visto por la noche la visita de mañana por la ciudad promete.

En Alsacia Lorena la noche también es bella.

El guardián de los viñedos.

Para comenzar el día, nos recibe Rodrigo, un colombiano, que nos acompañará en la ruta del vino, desgranando con gracia y sabiduría, todas las bellezas que nuestra mirada recoge.

En poco más de una hora llegamos al imponente castillo de Haut Koenigsbourg, que nos recibe de color gris.

Alsacia Lorena
castillo, bastante restaurado de Haut Königsbourg

El recorrido por el interior es rápido pues hay mucho que ver en poco tiempo. Es como recorrer un museo donde todo lo que se expone está en el lugar que le corresponde.

En lugares estratégicos hay puestos con personas vestidas al uso de la edad media, ambientando el lugar y consiguiendo el efecto de visualizar la vida de los tiempos antiguos en un cómodo paseo, que ahora el sol pinta de colores alegres.

Al salir del castillo y contemplarlo desde el exterior nos sorprende su color ahora dorado, la luz del sol lo ha vestido de oro.

Desde el mirador se contempla todo el valle, viñedos y trigo. El castillo es el guardián fiel de todo esto.

En Alsacia Lorena hay guardianes de piedra para los viñedos.

Una casa de muñecas.

Seguimos camino hacia Riquewihr, justo en el centro de la ruta del vino, un pueblo encantador, arrancado de un cuento de Andersen, con casas de colores y rincones mágicos que nos seducen con su belleza sencilla.

Alsacia LorenaEl pueblo canta alegre, pues está de fiesta, los balcones llenos de flores y los rostros repletos de sonrisas, nos acogen y dan la bienvenida.

El grupo se desparrama en pos de Rodrigo que pone palabras de historia y anécdota a este pueblecito de Alsacia, que algunos proclaman como el más bonito de Francia.

Aquí nos espera el almuerzo con los productos típicos de la zona, disfrazados como siempre, para hacer más atractivo el plato.

Después del yantar y un poco de tiempo libre, el trencito turístico nos pasea por todo el pueblo para dibujar con bellos colores cuadros para el recuerdo.

Al fin llega el momento de abandonar este rincón hermoso y proseguir nuestro viaje.

En Alsacia Lorena los cuentos se hacen realidad.

El pueblo preferido de Francia.

Sin tiempo para rumiar tanta belleza el bus nos lleva ahora a Kayserberg, el pueblo que los franceses reclaman como su preferido.

No hay tiempo para el reposo, hay que empachar la retina con el paisaje, las calles, los edificios, el rio, las sombras y las luces de este pequeño pueblo alsaciano.

Sus balcones repletos de flores, el rio murmurando en el centro, dividiendo en dos la población, nos envuelven para hacer realidad el cuento que todos anhelamos vivir.

Aún queda tiempo para tomar una cerveza tranquilamente y respirar ese ambiente tranquilo que solo lo pequeño nos hace sentir.

La vida aquí se detiene y el tiempo se hace lento, uno se podría quedar aquí dejándose embrujar por la belleza, sino fuera porque el bolsillo se resiente y nos obliga a seguir ruta.

Algunos quisieran dedicar más tiempo en cada lugar, yo prefiero pasar rápido, impregnar mi retina y luego rumiar lentamente en mi hogar todo lo vivido.

Y así pues llega el momento de regresar a nuestro hotel, justo para cenar y al terminar dar un pequeño rodeo para volver al hotel, dejándonos acariciar una vez más por la bella noche de Estrasburgo.

La Gran Isla de Estrasburgo.

En la mañana Rodrigo nos conduce por las calles de la ciudad, bajo un sol espléndido, que ilumina con tonos alegres cada rincón.

Nos extasiamos contemplando la catedral, a la que no podemos entrar pues están celebrando.

Tras el breve paseo continuamos la visita con el recorrido panorámico en el bus.

La gente se agolpa en todos los lugares, con aire de fiesta, pues es domingo y el río está plagado de canoas.

El almuerzo tiene lugar en un restaurante típico, con comida típica.

Luego hacemos siesta en el bus, camino de Colmar.

En la entrada nos recibe una réplica de la estatua de la Libertad. El autor de la que fue regalada a USA por Francia, nació aquí y hay más de una obra suya adornando la ciudad.

El guía que nos acompaña ahora es portugués y nos ayuda a recoger este bello lugar que tanta historia recoge en sus calles, como la capital del vino de Alsacia.

Salimos hacia Estrasburgo para cenar. Hoy degustamos quizá la mejor comida, para mi gusto, de todo el viaje, pato confitado.

Tras el breve paseo nocturno regreso al hotel para descansar, pues mañana toca autobús con maletas.

En Alsacia Lorena está la capital de Europa.

El tapón de champán.

Así es, el casco histórico de Troyes tiene forma de tapón de botella de champán y los tranvías ofrecen en su morro la forma de una copa. No me cabe duda que los franceses son buenos vendedores.

Nos guía por la ciudad un indonesio que habla inglés, así que Jesús traduce, y las palabras, pasadas por agua, nos hablan de la historia, la arquitectura, los entramados de madera y todas esas riquezas que hacen bella una ciudad, no solo por su arte, sino también por la vida que encierra en su historia.

La lluvia le da un brillo especial a las calles y edificios y sobre a la catedral, que no será ni la más grande, ni la más bonita, pero que ofrece sus buenas vidrieras, como todas las ciudades góticas.

Las hornacinas vacías nos dejan el testimonio de quienes en nombre de la libertad privan a algunos de ser libres, como siempre ocurre en la historia.

Cuando el guía nos abandona para de llover.

Aún queda tiempo para tomar un café o una cerveza, según se guste, y reposar un poco tanta belleza antes de ir a cenar.

Después de la cena, algunos todavía tenemos una pequeña reserva para recorrer la ciudad, y sacarnos fotos ante el gran corazón que bombea luz, como símbolo de una ciudad que está viva, tan viva como una burbuja de champán.

En Alsacia Lorena está el corazón del champán.

La ciudad de las consagraciones.

Hasta 33 reyes se consagraron en la ciudad de Reims.

Llegamos a la ciudad bajo un cielo azul salpicado graciosamente de nubes. Nuestra guía es una joven simpática, que luce zapatos de charol y habla un español bastante inteligible.

Nos explica la imponente catedral con todo detalle, para después continuar con el casco antiguo.

Resulta un paseo agradable y apacible.

Nos queda un poco de tiempo libres antes de comer.

El restaurante, en lo que a nuestra mesa se refiere queda borrado de la lista de lugares donde repetir. El servicio nefasto, sin orden, ni concierto, muy mal atendido, sin ni siquiera una sonrisa de disculpa.

Tras un pequeño tiempo de paseo y tomar un té subimos al bus.

En Alsacia Lorena se han consagrado los reyes de la que ahora es república.

La capital del champán.

Tras recorrer la ruta del vino solo queda visitar Epernay, la capital del champán. Este pequeño pueblo, solo vive por y para el champán.

Aquí están las más famosas casas del espumoso vino que un monje ciego llamado Perignon fabricó de casualidad mezclando diferentes uvas tintas, para obtener un vino blanco. Cuando al fin lo consiguió, no se explicaba aquellas burbujas y se pasó mucho tiempo tratando de evitarlas y finalmente no lo consiguió.

Un paseo breve por las calles de Eparnay, mientras algunos degustan alguna copita de la famosa bebida burbujeante para terminar de nuevo en el bus, rumbo hacia el hotel para tener la última cena del viaje.

En nuestra mesa está la persona que por fin recobró su maleta y que nos invita a vino, para celebrarlo.

Ya no queda ni tiempo para pasear, porque además llueve.

En Alsacia Lorena hay burbujas que alegran el corazón.

Hogar dulce hogar.

Antes de las siete estamos en el bus hacia Orly. Tras unos atascos interminables llegamos al aeropuerto.

Jesús, nuestro atento guía nos acompaña en todo momento, hasta que tenemos que separarnos, pues él se va para Madrid. Un encanto de persona, que nos deja un buen recuerdo. Espero que al menos pueda leer estas líneas y saber que su presencia en el viaje ha sido más burbujeante que cualquier famoso vino de Champagne.

Al fin estamos volando rumbo a Oporto.

Allí nos espera el bus que nos lleva a casa.

Tan bueno es viajar, como regresar después de cada viaje.

Todo sabe mejor en casa y ahora es el momento de rumiar cada momento vivido del viaje en la tranquilidad y sosiego del hogar.

Hemos podido ver unos hermosos pueblos de Francia, en torno a la ruta de los vinos. También degustamos la cocina francesa, con aliento alemán, y bien disfrazada, pues a los galos les encanta el carnaval gastronómico.

Hemos visto trocitos de Alsacia Lorena, una región ambigua, francesa con aliento germano.

Ya estamos listos para un nuevo viaje.

Antes, vamos a disfrutar del verano.

Fotos: P.Guimerans

Textos: Jesús Muñiz

Jesús

2 comentarios sobre “Alsacia Lorena

  • el 10 de julio, 2019 a las 21:05
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    Gracias Jesús por el relato del viaje. Me ha servido para pasar un buen rato disfrutando un poquito de lo que vosotros habeis vivido en directo. No me imaginaba que esa zona fuera tan espectacular. Me alegro de lo bien que lo pasasteis a pesar de la lluvia que también tiene su encanto.

  • el 18 de julio, 2019 a las 10:12
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    Vuelvo a revivir y releer tu crónica Jesús. Me gusta. Y ahora, que la vuelvo a leer desde un lugar donde no bajamos de los 34 grados pegajosos, añoro esos momentos estupendos de lluvia en Troyes, que me encantó. No cabe duda que el viaje con buena gente, se revive una y otra vez para seguir gozando. Un abrazo y hasta el próximo viaje con un “lorg greig” en tetera sofisticada.

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