Adicta a un culebrón

Cuando yo era una niña recuerdo que a las ocho de la tarde se reunían en mi casa mi hermana y sus amigas, no podíamos hacer ruido pues estaban escuchando la novela. Era un serial, así lo llamaban, que radiaban de lunes a viernes, en este momento recuerdo un título, Ama Rosa, pero esa hora de la tarde era sagrada.
isabeliiLlegó la televisión y los hábitos fueron cambiando. No tuve la “suerte” de tener tele en las aldeas donde trabajé, por lo tanto no pude aficionarme a las telenovelas hasta mucho mas tarde, ya casada, y la primera, que no podía seguir a diario como yo quisiera, fue una en la T.V.G , La esclava Isaura, menudo dramón. Por los veranos veía la que estaba en curso, que a veces seguía siendo la del año anterior. Pero llegó el momento en que no pude seguir viendo “los culebrones”, pues siempre termina el capítulo en lo más interesante y no va conmigo quedarme a medias.
Ahora mi sobrina está con una novela de sobremesa y no se la pierde por nada.
Pero esta pasión por los relatos novelados no es nueva. En el siglo XIX, y no sé si antes, se escribían folletines por entregas que la gente compraba, incluso obras de grandes escritores fueron publicadas en pequeños capítulos en distintos periódicos.
Antonio Flores (1818-65) escribió en el periódico La Nación una novela que publicó por entregas; fueron muchos los lectores que se engancharon a la misma incluida la reina Isabel II, esta creyó que por su título iba a conseguir saber el final antes que el resto de ciudadanos. La reina le exigió al autor que le diese el manuscrito, pero éste se negó respondiéndole que no podía complacerla porque ni siquiera él tenía idea de cómo salir del enredo que él mismo había tramado. Eso sí, le dijo, en cuanto lo averigüe os lo comunicaré de inmediato.
Ángeles

A %d blogueros les gusta esto: