Abuelas de hoy

Ser abuela es una experiencia única que puede disfrutarse de muchas maneras.

Podemos ser la abuela útil, la abuela comodín, la abuela  intendencia entre otras, o la abuela de disfrutar. Por suerte a  mí me tocó esta última.

Es cierto que las circunstancias familiares pueden ser muy diversas, y en ocasiones las abuelas  y los abuelos, se convierten cuidadores forzosos, que resuelven la imposibilidad de conciliar trabajo y vida familiar de los padres.

También, que algunos padres abusan de ellos, teniendo que hacerse cargo de los nietos, mucho más allá de lo que una paternidad responsable aconsejaría.

Pero en todos los casos ser abuela es una experiencia enriquecedora, que nos pone de nuevo en contacto con la máxima expresión de la vida: el desarrollo de un ser humano, en su etapa más importante.

Tener la oportunidad de participar en esa experiencia, creo que es un regalo que nos hacen los hijos.

Un regalo y una responsabilidad porque, con más experiencia y sabiduría, somos conscientes del impacto que nuestra compañía puede dejar en esos pequeños seres que se parecen a nuestros hijos.

En la actualidad los nietos llegan más tarde, dándonos la posibilidad de disfrutarlos  ya fuera de nuestra vida laboral, porque tenemos algo importante que sus padres no tienen: tiempo. Por suerte tenemos también una vida muy activa, y una mente más abierta que hace algunas décadas; estamos en muy buena forma para lidiar con estos pequeños llenos de energía.

Yo soy la abuela del paseo, la de la calle, la de aprender de lo que sucede a nuestro alrededor. Ser la abuela que me tocó ser, me aporta muchas satisfacciones. Estar con una personita ingenua, espontánea, traviesa, franca, pura, que no hace juicios me hace sentir bien.

Estar con un nieto casi a diario para jugar y disfrutar de la vida, me hace más consciente de lo que me rodea. Me hace ponerme las pilas, estar al día en nuevas tendencias educacionales. Hoy la educación tiene más en cuenta las emociones, los intereses del niño, sus motivaciones; no intenta domesticarlos , o por lo menos es lo que sus padres me transmiten. Yo sigo sus criterios porque la vida no se detiene.

 “Tus hijos no son tus hijos. Son hijos e hijas de la vida deseosa de sí misma”.

Este bonito poema de Khalil Gibran, colgaba de una de las paredes del cuarto de mis hijos pero ahora, cuarenta años más tarde, comprendo mucho mejor cada uno de sus versos.

Debo actualizar mi repertorio y mis recursos, para transmitir valores y enseñanzas a esa pequeña esponja que es un niño, en esa primera etapa de su vida.

Hoy en dos horas en su compañía fui consciente:

De que jugar a hacer pompas es muy divertido ,y no estaría bien visto que un adulto solo, haga eso en la calle.

De que cuando estoy con él mi pensamiento está en el presente, el ayer y el mañana no existe, desaparece toda preocupación.

Estoy más pendiente de los cambios que suceden a nuestro alrededor, para favorecer su observación.

Me asombro de su capacidad de aprendizaje, de su memoria, de sus asociaciones. Me divierto con su juego simbólico, me entreno respondiendo a sus  ¿Y esto qué es? ¿Y esto para qué es? Descubro nuevos personajes de cuentos y series infantiles, nuevos grupos musicales.

Descubro que en nuestros paseos por la calle, hay miles de cosas que su curiosidad desea conocer por ejemplo ¿Cómo se llaman los coches?. No sabía que hubiera tantas marcas de coches diferentes. Descubrí que es entretenido observar las maquinas que trabajan en las obras de las calles. Visitamos el mercado y aprendemos nombres de peces, verduras y otros alimentos.

Todo a nuestro alrededor es fuente de observación y aprendizaje.

El mejor ejercicio zen que una abuela puede hacer, es ver por los ojos de su nieto en estos primeros y curiosos años de la vida.

Margarita.

2 comentarios en “Abuelas de hoy

  • el 01/07/2020 a las 9:31 am
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    Qué artículo más bonito

  • el 05/07/2020 a las 10:15 pm
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    Margarita gracias por este nuvo texto, tan verdadero, tan educativo. Ya te echaba de menos en la revista. Qué suerte tienes, ya hasta eres abuela. Eso sí que es un tesoro. Guardo este artículo por si yo lo soy alguna vez. Yo también quiero ser la abuela del paseo, de la calle, de las historias y los viajes. Será como entrar en otro viaje estupendo de la vida. Y, además, sé que Margarita tiene un nieto precioso por dentro y por fuera. Me muero de envidia.

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