A la luz de un candil 2º Parte

2.    LÁMPARAS

Hoy en día las lámparas de incandescentes y de descarga siguen funcionando con el mismo principio básico. Aunque mucho más eficaces, riden mucho más, presentan formas más variadas y son estéticamente más perfectas.
Actualmente en el mercado se encuentran numerosos tipos de fuentes luminosas como solución a los diversos problemas de iluminación que se puedan plantear. En los apartados que siguen se tratarán las fuentes luminosas más comúnmente utilizadas.
1.    Lámparas de incandescencia.
1.    Lámparas  incandescentes.

Las lámparas incandescentes producen luz mediante el calentamiento eléctrico de un alambre (el filamento) hasta una temperatura tan alta que la radiación emitida cae en la región visible del espectro. Este filamento se fábrica actualmente con wolframio o tungsteno y se encuentra encerrado herméticamente dentro de un tubo de cristal o ampolla de vidrio en cuyo interior se ha introducido un gas inerte.
Su mayor defecto es la evaporación de las partículas del filamento, que se depositan como sedimento negro en la cara interior de la ampolla de vidrio, pudiendo llegar a provocar la rotura. Cuanto más sube la temperatura del filamento, tanto más luz se origina, pero al mismo tiempo el filamento se evapora más rápido y la vida útil de la lámpara se reduce.
También constituye una característica limitadora el hecho de que los cambios de tensión de la red afectan de modo considerable al funcionamiento de la lámpara y, más concretamente las sobretensiones que producen un aumento inmediato de la luminosidad de la lámpara, con un considerable acortamiento de su vida útil. De forma similar una reducción de tensión supondría una alargamiento de su vida y un descenso de luminosidad, aunque sin reducción del consumo.
No es una lámpara eficiente, tan sólo el 10% de su producción de energía se transforma en luz (el resto se pierde en forma de calor). Su rendimiento final se encuentra comprendido entre los 6 y 20 lm/W, según la potencia de la lámpara, valor ciertamente bajo. Su vida útil es corta  (de 500 a 1.000 horas), con una fuerte depreciación del flujo luminoso en las horas de servicio y como se indico anteriormente, gran dependencia de la emisión luminosa y de la vida de la lámpara con las variaciones de tensión en la red.
Al margen de su economía las principales ventajas que justifican su elevado uso son, su utilización tanto en corriente continua como alterna, y la posibilidad de fabricación para cualquier tensión, aceptable reproducción cromática por su espectro continuo de radiación, y no necesitar accesorios para su conexión a la red.
Las partes principales de una lámpara incandescente son:
•    El filamento.
Cuanto mayor sea su temperatura mayor será la parte de energía radiada que corresponde a la región visible del espectro y mejor será la eficacia de la lámpara.
El arrollamiento del filamento en  espiral incrementa la eficacia de la lámpara. Si la espiral es doble se reduce el tamaño del filamento para una determinada longitud, además de  presentar una menor superficie efectiva al gas que rellena la ampolla, por lo que las perdidas de calor por conducción y convección quedan reducidas a un mínimo.
•    La ampolla.
El filamento se encuentra situado dentro de una ampolla cerrada. La ampolla impide que el filamento esté en contacto con el aire exterior, cuyo oxígeno provocaría que se quemará inmediatamente.
Sirve también para dar a la lámpara las diferentes formas que la caracterizan.
•    Gas de relleno.
La evaporación del filamento queda reducida si se rellena la ampolla con un gas inerte, lo que permite además aumentar la temperatura a la que trabaja el filamento. Además de los gases clásicos  como el nitrógeno y el argón se utilizan otros como  el xenón y el Krypton que producen luz más viva y brillante.
Cuanto mayor sea la presión del gas, tanto menor será la evaporación del filamento y tanto mayores serán la eficacia luminosa y la vida de la lámpara.

•    Casquillo

Marino Lamas Costa.

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