A Covelo en busca de Historia

Aún no había amanecido del todo cuando el bus abandona nuestro Centro Social, con cincuenta animosos usuarios dentro, y enfila ruta tierra adentro con un destino y una aspiración; Visitar Covelo y su entorno, y conocer su historia.

El día pinta bien climatológicamente hablando. Cielo despejado y ambiente apacible, como corresponde a una jornada otoñal donde la naturaleza se adorna con sus mejores galas, y exhibe un inmejorable catálogo de colores.

Llegamos y aún hace frío. Se agradece un café. El hombre del bar asombrado y agradecido ante la avalancha.

Se incorpora al grupo como guía para toda la jornada, Maximino Fernández Sendín ,con currículo de etnógrafo y escritor sobre realidades e historia de la zona.

Cruceiro de Covelo

En la plaza de la localidad, comenzamos admirando el espectacular Cruceiro de Covelo obra del maestro Cerviño. Del mismo, cabe destacar su mástil de sección circular de un “mármol raro”,  y  la variedad de los personajes que se representan en su base, no todos ellos relacionados con la Iglesia Católica. Uno de los cruceiros más importantes de Galicia, en opinión de Maximino.

Las Playas Fluviales de Maceira

Camino de A Graña, se hace un alto en el camino para admirar un lugar realmente espectacular. Estamos ante Las Playas Fluviales de Maceira. Construidas en los márgenes del río Tea, forman un conjunto verdaderamente paradisíaco.

 

A Graña y Casa Leonidas.

Antes de llegar a A Graña, nuestro guía nos comenta algunas peculiaridades históricas del lugar. Destaca su forma de vida, que pasaba por tratarse de una sociedad, según la cual sus habitantes emparentaban con personas de su mismo grupo. Ello les llevaba a rechazar a quienes no estaban integrados en el colectivo. Asimismo destacó su espíritu viajero y comercial, que le llevaba a dominar las rutas entre el antiguo Portugal y los puertos gallegos.

 

Allí visitamos Casa Leonidas. Llamó mucho nuestra atención, el brutal contraste entre las viviendas rehabilitadas tal y como eran en la antigüedad, consistentes en construcciones de una sola altura y espacio muy reducido, donde compartían espacio animales y personas; con las espectaculares y modernas mansiones existentes, cuyos propietarios se mueven en un mundo de misterio, y salvo contados días del año, prácticamente invisibles.

Ermita de Xestosa

Ya de regreso nueva parada para admirar la Ermita de Xestosa . Cabe señalar que nos encontramos en torno a los mil metros de altura, lo que supone casi la máxima de la provincia existente en el Faro de Avión. En el monumento no se puede apreciar su interior por permanecer cerrado, aunque sí es bello en su aspecto externo. En la parte posterior se encuentra el famoso Sepulcro Antropomorfo alto medieval, al que se le atribuían ciertas cualidades curatorias del agua que contiene.

Abandonamos la solitaria zona dando fe de una circunstancia que el guía nos comenta a modo de anécdota. En los accesos a la ermita, y en un tramo de doscientos metros de estrecha carretera, y de tráfico prácticamente inexistente, existen veintisiete señales de tráfico. Ver para creer.

Señales de trácfico en un lugar deshabitado proximo a la Capilla

Regreso a Covelo y es la hora del Almuerzo. Y que mejor que un buen cocido para dar por finalizada una mañana excelentemente aprovechada. Pues dicho y hecho. Cocido rico muy completo y abundante, con invitación de la casa al chupito de despedida. No consta si tras el “homenaje” existió algún tipo de reclamación o queja sobre nuestro manjar. Para mí que existió voto favorable por unanimidad…¿O, no?.

Fiesta en la Casa Museo Pazo Da Cruz

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Como remate de la jornada, y convenientemente restaurados, visita a la Casa Museo Pazo Da Cruz no lejos del lugar donde comimos.

¿Se puede definir realmente como museo lo que contiene este peculiar edificio..? Yo tengo mis dudas. Pero si realmente el objetivo de semejante concentración de objetos de todo tipo, pretende reflejar de forma más o menos precisa como vivían los habitantes de la zona, puede admitirse como tal. Se trata de un peculiar edificio dividido en varios habitáculos destinados a reflejar ambientes tan diversos, que van desde una vieja escuela, vivienda antigua, almacén de juguetes antiguos, tratamiento de cereales, enseres, muebles, herramientas, aperos de labranza…en definitiva, muchas cosas en poco espacio, a las  que de forma genérica se le puede atribuir un cierto valor histórico.

En cualquier caso, si es de justicia valorar en su justa medida el trabajo, entusiasmo y dedicación de su promotor e impulsor.

Y para terminar, Una Fiesta Improvisada. Sí, resulta que ya concentrados en el porche de entrada listos para el regreso, por arte de magia apareció una saca con panderetas que fueron rápidamente auto adjudicadas. Un bombo, un tambor y hasta una gaita surgieron también misteriosamente. Y, claro. Puesto todo a funcionar, y con ganas de marcha, la visita al museo terminó con folclore cantado y bailado, de forma que semejante remate, más que el abandono de un museo, más bien tenía todos los ingredientes de una boda recién celebrada.

La tarde apacible, otoñal, luminosa comenzó a caer. Es hora de regreso al mismo lugar de donde partimos. La cita con la historia de un bello y recóndito lugar llamado Covelo resultó amena, amable, interesante, y… hasta divertida.  ¿Hay quien de más?

El impulsor de esta experiencia es Maximino Fernández Sendín, quien al despedirse nos dijo: “Como habéis visto carecemos de medios por falta de apoyos institucionales y estoy haciendo un gran esfuerzo para sostener el Museo, en todos los sentidos,  no quiero vitrinas y otras modernidades pero eso tiene un coste anímico y algunas veces material,  pero esas carencias, pienso, se ven compensadas poniendo mi alma en lo que hago y ya comienzo a ver los resultados positivos. Ha sido una satisfacción y ayuda importante vuestra visita”.

Vigo, octubre 2019.

Texto: Isidro Martínez.-    Fotos: Diferentes usuarios

Un comentario sobre “A Covelo en busca de Historia

  • el 1 de noviembre, 2019 a las 10:46
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    Pasamos un dia divertdo, una jornada distinta y el pazo muy peculiar. Gracias Isidro por contarlo tan bien

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