Reinventarse en la madurez (III)

dia-jueves

Cuando se acercó la jubilación decidieron qué querían ser de mayores. Y lo hicieron. Tecnoabuelos, escritores, surfistas, modelos, estudiantes, cooperantes en el tercer mundo o perfectos enamorados. Todos ellos se han reinventado a una edad que ni es la tercera ni la cuarta ni ninguna. Sólo es otra etapa de su vida, nueva y emocionante.

Ketti Viñas y Lluís Cuspinera, 65 y 66 años, tienden al sol una tela africana que trajeron de Camerún en su casa de La Garriga (Barcelona). Cuando Lluís se jubiló, decidieron llevar a cabo una tarea pendiente: trabajar como cooperantes en África. Pasan entre cuatro y seis meses allí y vuelven a casa el resto del año.
Nueva identidad
Lluís y Ketti se han construido una nueva identidad. Probablemente, ahora son ellos los que hacen que los demás sufran un poquito cuando dejan las comodidades de Occidente y cogen el avión para irse de nuevo hacia allá, donde todo es escaso. Se han desprendido de las obligaciones que la sociedad casi les supone a los abuelos, del deber de cuidarse, del saber frenar. Y el estrenarse bajo una piel nueva les da ganas de comerse a bocados la vida.

Algo parecido le ocurrió a Alicia Marial Willotte, que tiene 91 años. Lleva a cuestas una historia de reinvenciones. La primera llegó cuando se quedó viuda después de ocho años de casada y tuvo que ponerse a trabajar como agente comercial para poder sacar adelante a su familia. La siguiente vino cuando abrió una cerería porque su trabajo no le dejaba desarrollar su parte creativa. Otra ocurrió cuando enviudó de nuevo. Y otra, cuando decidió sacar a flote, a los 80 años, la vocación que lleva dentro: escribir ensayo.

Culta, lectora, informada, joven –“mi lema es querer, respetar y no juzgar”–, segura de lo necesaria que es para ella la “gimnasia mental” y con clarividencia para entender la vida –“yo la felicidad la he aparcado por estar contenta de vivir”–, escribió primero A vuelapluma, título que resume la forma como se enfrenta al papel, pluma en mano, para reflexionar sobre todo lo que le ocurre. Después vino Ni zorra idea, que junto a “esto es muy chusco”, o “déjalo correr”, forma parte de su repertorio de frases coloquiales más utilizadas. Para Ni zorra idea, Alicia quiso que su nieta fotógrafa, Silvia, la retratara para la portada tal cual es, distinta. Leerla es aprender, pero ella reclama su papel como aficionada. De hecho, sus libros son ediciones limitadas que se han publicado, pero no se han vendido. Ella disfruta teniéndolos y, sobre todo, escribiéndolos. “Me ilusiona, lo hago cada día. No tomo ni una pastilla para nada. Escribir hace que en mi azotea no haya goteras, y esto es lo más importante.”

Texto de Mónica Artigas
Fotos de Xavier Cervera

Magazine. Los reportajes de la semana 19/04/09

A %d blogueros les gusta esto: