A la luz de un candil 2º Parte

               2.Filamento de tungsteno.

a_004.jpgMuchos investigadores se interesaron en las posibilidades de uso del filamento de tungsteno, pero parece ser que el mérito de las primeras realizaciones debe atribuirse a Alexander Just, Franz Hanaman, Hans Kuzel y Auer von Welsbach.En 1906 se alcanzaron los 7’85 lm/W para una duración de 800 horas, pero el filamento era muy frágil. Una de las principales dificultades que presentaba el tungsteno consistía en su evaporación a temperaturas muy inferiores a la defusión, y ello ofrecía un doble inconveniente. Por una parte, el  tungsteno se deposita sobre la pared interior de la ampolla disminuyendo su transparencia y, por otra, el hilo va adelgazando y acaba por romperse.En 1910, William D. Coolidge consiguió obtener un tungsteno dúctil que permitía fabricar filamentos flexibles. En 1911 salieron al mercado lámparas dotadas de este nuevo filamento de potencias 25, 40, 60, 200 y  150 W.

a_005.jpgEn 1913, los trabajos de Irving Langmuir abocaron a la aparición de la lámpara con atmósfera de nitrógeno. Con el fin de reducir las pérdidas, los filamentos adquirieron forma de hélice muy compacta y se empezó a hablar entonces, incorrectamente, de filamentos espiraleados.

En 1918 el argón sustituyó al nitrógeno.

Fue el 31 de diciembre de 1920 cuando se decidió utilizar una media docena de estas lámparas en el alumbrado de París. En 1925 y gracias a Marven Pipkin, las ampollas pudieron ser mateadas, reduciendo de esta forma la luminancia del filamento. Esta reducción aumentó más opalizando las ampollas mediante sílice u oxido de titanio.

a_006.jpgEn 1934 se disminuyeron aún más las pérdidas de filamento al utilizar filamentos doblemente espiraleados, sistema utilizado desde 1913, pero solo para lámparas de proyección.

Finalmente, en 1935, aparecieron en Europa, concretamente en Hungría, las lámparas con atmósfera de kryptón, que no serían comercializadas en los Estados Unidos hasta 1968.

a_008.jpgEn 1894, Novak había propuesto la utilización de una atmósfera de bromo con el fin de reducir el ennegrecimiento de la ampolla, pero fue nada menos que en 1959 cuando esta idea se puso en práctica en las llamadas lámparas de incandescencia con halógenos (mal llamadas de cuarzo-yodo). A título de ejemplo, para una duración nominal de vida de 2.000 horas, una lámpara de 500W tiene una eficacia luminosa de 20 lm/W. Su filamento trabaja a una temperatura de unos 3000 K° y emite una luz muy blanca sin que la ampolla ennegrezca a lo largo de su vida.

Evolución de la eficacia luminosa de la lámpara a filamento de tungsteno: Lámparas 60 W,110 V, 1000 horas.

Marino Lamas Costa.

TR

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