Rostros para la esperanza: Vitalina.

Joana Mendes Tabares es una mujer pequeña y vivaracha. El nombre por el que se la conoce (“o nomiño”), la describe perfectamente: Vitalina. No sé si ya fueron sus padres que desde pequeña le pusieron ese apodo por su actitud, o es pura casualidad, pero lo cierto es que Vitalina es una mujer que rebosa vitalidad y disposición.
Los ojos de Vitalina me llamaron la atención desde el primer momento. No por su espectacularidad o belleza, sino por su mirada profunda y despierta, pareciendo asimilar cada fotograma de vida que pasa ante ella. Cuando se concentra, fija tanto la mirada que ni pestañea. Sus ojos me transmiten confianza y seguridad y a veces, no me hace falta ni hablar con ella. Nos miramos y nos entendemos. Tiene dulzura e inocencia en su rostro, pero a la vez, un aire pícaro se dibuja en su sonrisa. En realidad, estamos ante una mujer de gran inteligencia.La Ribeira Grande de Santiago.

Vitalina también vive en Salinero. A los pies del pueblo se abre una brecha en la tierra: La Ribeira  Grande de Santiago, una explosión permanente de naturaleza utilizada durante años como lugar de aclimatación de especies desde América hacia Europa. Palmera, papaya, calabaceira, guayaba y platanera. Lingua de vaca, sisal, caña de azúcar, maiz, aloe, mandioca y batata. Todo tipo de especies endémicas o  importadas conviven en la Ribeira que dispone de una mina de agua que nace directamente del fondo de su garganta. Fue precisamente esta exhuberancia y fertilidad la que animó a los portugueses a finales del siglo XV a instalarse en la zona, formando la primera ciudad occidental en África.
También crecen en la zona, todo tipo de plantas medicinales, cuyas propiedades y aplicaciones conocen alguna de las mujeres del lugar. Vitalina es una de ellas. Conocedora desde siempre del uso de plantas como la purgueira (jatropha curcas), extrae de ella un oscuro y denso aceite de fuerte aroma cuyas propiedades alivian rápidamente los dolores musculares. También usa la cáscara de su fruto para fabricar un agua que ella llama “cuada” que alivia sarpullidos o picaduras y ayuda a desinfectar y cicatrizar las heridas. También elabora una especie de jabón de plantas llamado “sabao de terra” muy usado por los lugareños para diversas dolencias. Pero es tal la humildad de su sabiduría que no se da cuenta de su importancia. Y ante mis comentarios de admiración por ella y sus conocimientos, simplemente se ríe.
Vitalina nos invita a su casa y ofrece para comer sus más exquisitos manjares: leche de cabra recién ordeñada y batata hervida.

Por supuesto, no nos permite marchar sin obsequiarnos con una botella de sus codiciados preparados medicinales. Dichos preparados los guardo como oro en paño y dosifico su uso a la espera de mi retorno a aquellas añoradas tierra.

Lidia Rojo de Dios.

Ingeniera Técnica Agrícola. Técnica en Gestión Medioambiental.

2 comentarios sobre “Rostros para la esperanza: Vitalina.

  • el 19 de diciembre, 2011 a las 18:09
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    Preciosos estos relatos de unas mujeres tan especiales. Un abrazo. Alex

  • el 20 de diciembre, 2011 a las 21:42
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    yo , que pude comprobar in situ todo lo que relatas, solo puedo anadir que la lectura de de tus comentarios me transporta de regreso a una experiencia irrepetible, la de sentir que todavia hay gente en el mundo que solo necesita de su mirada para hablar.
    felicidades por tus cronicas, reales como esas mujeres y llenas de sabiduria.

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