Rostros para la esperanza: Tuya.

Nos impresionaron tanto las historis que nos contaba nuestra compañera Lidia, en misión de cooperación con Onu mujeres, que hemos querido compartirlas con todos ustedes. Son vidas de  mujeres muy  valientes. Vidas rotas, llenas de dolor que, a pesar de todo, no les arranca la sonrisa de los labios, las ganas de bailar y seguir adelante. Son testimonios para la reflexión que nos han emocionado. Y ya les comento que Lidia les enviará estos relatos a todas ellas, allá a Ciudade Velha, para que vean que desde España y Galicia, desde nuestra humilde revista, nos interesamos por ellas y, de alguna manera, queremos darles fuerzas y ánimos en su dura vida. Queremos decirles que ellas nos importan, que ya las queremos a través de sus fotos, que son casi como nuestras amigas.

Gracias  y un beso grande a todas, hoy en especial a Tuya.

Nunca olvidaremos a estas mujeres de Cabo Verde.

Una mujer que afronta el dolor con dignidad y valentia.

Tuya es una mujer alta y delgada, aunque no débil. Su cuerpo fibroso hace adivinar una vida de esfuerzos. No sé bien si es tímida y eso la hace ser callada, o quizá es callada por naturaleza. Debe ser por eso que Tuja es una mujer que pasa inadvertida. Trabaja en silencio, colabora y no destaca del resto del grupo.
Historias de mujeres excepcionales y anónimas.
Tuja es de Salineiro. Un pueblo situado sobre el fondo de la Ribeira Grande de Santiago, en un lugar seco y pedregoso, donde caminar con rapidez se convierte en un calvario para los tobillos.

La carretera que llega hasta el pueblo, adoquinada como el resto de las carreteras de la isla, está delimitada por una hilera interminable de aloes para evitar el avance de la desertización. En Salineiro hace un calor infernal, pero sus desvencijadas calles están replietas de vida: de todas partes sale alguna música, hay hombres discutiendo en la calle de fútbol y política, niños jugando al balón, cerdos deambulando a sus anchas y mujeres y niñas carretando agua.

Pedir ayuda con serenidad.

Nunca había hablado a solas con Tuya. Un día, en un descanso de la formación se acercó a hablarme. Tuya tan solo habla en criollo. Pero me habla despacio y con gestos, lo cual me ayuda a entenderla. Les acabo de explicar alguna de las propiedades terapéuticas del aloe en la piel y me solicita, tímidamente, que le haga una crema para el cuerpo de una de sus hijas.

Me muestra la foto de su hija en una especie  de documento oficial: alta y esbelta como su madre, de unos quince años. Me parece bellísima. Tiene el mismo gesto tímido de su madre. En cuanto veo la foto me entra una gran desazón e impotencia. Su hija padece vitíligo en la mitad de la cara y cuerpo. Un estigma  más en una sociedad donde las mujeres son discriminadas habitualmente. Le hago una crema para intentar hidratar y proteger su piel pero, a mi pesar, le cuento que no puedo hacer nada más. Tuya se muerde el labio inferior y me mira fijamente.
Al día siguiente me obsequia discretamente con un paquete que me es imposible rechazar. Cuando lo abro, contiene unas manzanas y un puñado de granos de maíz…su comida. No puedo evitar llorar.

La fortaleza de esta mujer me emociona.

Pocos días antes de marchar, Tuya vuelve a aprovechar un descanso para hablarme. Esta vez me solicita una crema para el dolor muscular. Inconscientemente, empiezo a sudar. Le duele la pierna y me doy cuenta de que cojea al caminar. No entiendo muy bien sus explicaciones, así que se levanta la falda por un lado. Tiene el fémur roto un poco más abajo de la cadera, pero como no ha recibido atención médica, el hueso sigue fuera de sitio y su pierna tiene un aspecto desolador: retorcida y deformada.

Estoy paralizada y no sé que decir. Cuando por fin logro balbucear algo, solo se me ocurre un absurdo: ¿te duele, verdad? Tuya vuelve a morderse el labio inferior, pero esta vez, una gruesa lágrima resbala por su mejilla.

Desde que he regresado, por las noches, me asalta el dolor de cada pisada de Tuya sobre el suelo pedregoso de Salineiro.

Lidia Rojo de Dios.

Volvió de Canbo Verde hace unas semanas.

3 comentarios sobre “Rostros para la esperanza: Tuya.

  • el 12 de diciembre, 2011 a las 18:07
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    Podriais mandarme los enlaces para ver los articulos anteriores sobre el viaje de Lidia a Cabo Verde?
    Gracias

  • el 2 de enero, 2012 a las 0:32
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    Hoxe, de volta a Valladolid dende a casa dos meus pais en Ourense, íamos escoitando Ondacero e atopeime co relato sincero e fermoso de Lidia sobre estas mulleres. Unha sorpresa. Encheume de curiosidade por Cabo Verde e por coñecer a vida e saber destas mulleres. Ogallá que o proxeto funcione. Seguirei a vosa revista.
    Un abrazo
    Beatriz

  • el 19 de enero, 2012 a las 21:14
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    Gracias por tu comentario Beatriz. Gracias a vuestro interés, estas mujeres están sintiendo que no están solas en la lucha. La autoestima es algo muy importante. A veces…lo más importante. El proyecto va lento, pero sigue adelante. Espero poder tener pronto buenas noticias que contaros. Un saludo.

Comentarios cerrados.