Las flores. Relato corto de amor.

-!Gerardo!- era la voz de su mujer llamándolo desde el pasillo.
Tras 50 años de matrimonio Lola le tenía preocupado. Estaba convencido de que padecía TOC: un trastorno obsesivo compulsivo de limpieza y orden.
Lavaba y ordenaba todo lo que estaba a su alcance.
Desde hacía tiempo venía observando este proceso, su obsesión por la limpieza la había llevado a deshacerse de multitud de cosas.
Habían llegado a un reparto equitativo de los espacios de la casa. A ella le correspondía habitación, salita y baño y a él: salón, baño y habitación. El pasillo y la cocina eran territorio neutro: no se podía alterar.
Lola decidió cambiar sus muebles porque dijo que estaban llenos de polilla, cogían mucho polvo y eran antiguos.  Amuebló con unos minimalistas muebles de Ikea carentes de clase alguna. No tenía libros apenas, le habían regalado uno electrónico. Había eliminado todas las películas y CDs, lo suplía con una suscripción  a Netflix y Spotify, -por muy poco dinero tengo todas las películas y música que deseo, cuando quiero y donde quiero- solía decir, o cosas parecidas como -los objetos son ataduras, cuanto menos apego a lo material más libres somos-. Cuantos menos objetos: menos que limpiar, decía  cuando debatían sobre el tema.
En su parte de la casa, por su manía al orden y limpieza, todo era blanco; en las paredes sólo  algunos recuerdos de viajes. Sobre una cómoda una serie de fotos familiares y poco más. Pocos muebles, poca ropa , poco de todo.

-¡Gerardo! ¡Ven aquí! – cada vez su mujer  se impacientaba  más.

No le quedaba más remedio que ir a ver que pasaba. Desde la cama contempló con gusto su territorio. Allí estaba parte de su vida, sus recuerdos… puso los pies en el suelo,  buscó las zapatillas bajo la cama, vio los tesoros que tenía bajo ella . Algunos cuadros, unos sobre otros desde el suelo casi hasta el somier, además de otros objetos de valor, cajas que nunca abría… unos 20 pares de zapatos. Entre éstos localizó sus  zapatillas, al agacharse para cogerlas su  cabeza tropezó con las dos mesilla que tenía al lado derecho de la cama, cayeron todos los casettes y CDs que tenia sobre ellas, su pierna quedó enganchada en la pila de ropa que tapaba casi por completo la ventana. Se  levantó malhumorado del suelo, tenía que dar la vuelta al rededor de la cama. Para ello fue necesario ir saltando las pilas de libros, revistas y periódicos que tenia pegados a la pared, en ellos estaban todas las noticias, recetas, consejos, y artículos que algún día releería. Tropezó con el armario y con el golpe se abrió la puerta, este vomitó un mar de bolsas de plástico. Las bolsas ahora había que pagarlas y él las había ido guardando, ¡tenía una fortuna en bolsas!. Al fin pudo calzarse las zapatillas.

Su mujer volvió a gritar – Diógenes ven aquí-
Una vez más volvió a sentir pena por Lola, si que estaba mal pensó. Ahora le cambiaba el nombre cuando se enfadada y en vez de Gerardo le llamaba Diógenes.
Le costó abrir la puerta a causa de la   columna de  sillas,  que estaban al lado de la misma, en una esquina, encajadas unas en otras, en  su salón ya no cabían y algún día se podían  necesitar.

Él había ido quedándose con lo que su mujer desechaba, luego se dio cuenta que la gente tira alegremente cosas de gran valor y había ido recogiendo pequeños tesoros.
Abrió la puerta. El vacío del pasillo le molestó, vio a Lola parada en mitad de éste con la mano  señalando el pequeño mueble que allí se encontraba.

– ¿De dónde ha salido este ramo de mugrientas flores de plástico?

Sintió pena de que el trastorno de Lola, ya no le dejase apreciar el detalle que había tenido con ella, y disfrutar de esas flores que había encontrado en la acera cerca del contenedor.

-Gerardo, en esta casa ya no cabe nada más-. Su voz había cambiado, ahora era amable. Le dió un beso dulcemente en la frente y se llevó las flores al contenedor del plástico.

Resignado pensó que igual Lola no estaba enferma, simplemente tenían un desencuentro ,¿quién no lo tiene después de tantos años de convivencia?. Ellos a pesar de que veían la vida de diferente manera se querían, eso era lo importante.

Margarita

 

7 comentarios sobre “Las flores. Relato corto de amor.

  • el 30 de agosto, 2018 a las 10:01
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    Precioso, entrañable, monumento a la tolerancia y.amor verdadero.
    Gracias

  • el 30 de agosto, 2018 a las 14:07
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    Precioso…. Me ha encantado y entristecido al mismo tiempo. La vida es así y el paso del tiempo no sabemos lo que nos depara a cada uno

  • el 30 de agosto, 2018 a las 14:40
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    Muy entrañable, en el amor tenemos que ser tolerantes y respetar el espacio del otro. Me ha encantado.

  • el 1 de septiembre, 2018 a las 9:41
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    Muy tierno y emotivo.
    Real como la vida misma.
    Me gustan los relatos de Margarita

  • el 2 de septiembre, 2018 a las 12:17
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    Estupendo Margarita. Me identifico con Gerardo-Diógenes pero intento ser Margarita. Qué pasa con nuestra mente cuándo nos acercamos a los 60? Siempre me gustó guardar cosas, pero desde que cumplí los 50 se me aumento el “ánsia” del guardar. Me encanta esta Margarita que sólo escribe en verano, haciendo honor a su nombre. Gracias por estos relatos que se leen con verdadero gusto.

  • el 2 de septiembre, 2018 a las 12:22
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    Se me olvidaba Margarita, pero quiero comentártelo, por si te sirve para otro relato, ahora también me da por acumular comida que congelo, por si acaso no me da tiempo a guisar, por si viene alguien, porque no se van a tirar las sobras, etc, etc. La verdad es que nuestra generación, la de los 60, somos hormiguitas ahorradoras y recicladoras. Pero, tal vez nos pasamos un poco. Enfin, vamos a tomarlo con humor

  • el 2 de septiembre, 2018 a las 12:50
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    El testo es muy realista. Las cosas que sobran se reciclan. Estas deben ser pocos pero buenos. Tenemos demasiadas cosas. Lo que no sobra es el (AMOR) {sin el nada soy} pero la combinación del amor o sin ,mor, puede arreglar muchas cosas que estaban ocultas, perdidas
    ¿En qué grado es amado y querido el amor amado.? Hay que mimar constantemente la vida personal y familiar. El Mejor “tratamiento natural” es el amor. E.M.I

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