Amor en colores y recuerdos en sepia

Dedico este especial recuerdo, de una de mis personas más queridas, a todas las abuelas de nuestro Centro Sociocomunitario:

Querida abuela:
Como cada verano vengo a charlar un ratito contigo. Ya sé que es un monólogo desde la memoria y el recuerdo, pero siento que me escuchas, como siempre lo hacías. Voy por los recovecos de mi memoria recordando esos instantes de felicidad que viví contigo y gracias a ti. He amueblado mis recuerdos, a modo de interminable galería, con las fotos del abuelo, las tuyas y las de mi niñez con vosotros. Un lugar donde también hay olores vuestros. Cierro los ojos y me llega el olor del cocido del domingo en el puchero de barro , al amor de la lumbre. Hay suspiros de la abuela con un repetitivo, “Ay Madre”, que desde mi niñez no entendía. Pero ahora que ya no estás en esta vida yo, también, repito “Ay Abuela”, cuando la cuesta de la vida se me hace tan difícil de subir .

Sigo paseando por mi galería de fotos y recuerdos especiales y, me detengo en  aquellas horas de la siesta, tendida en la hamaca del abuelo, con el gato en el regazo, la lumbre de la vieja estufa al rojo vivo, la abuela con la costura en la mesa , la radio sonando bajito con tu programa preferido de “discos dedicados”. El abuelo en el viejo sofá impecable de escay al lado mio. Y el silencio amoroso en toda la estancia calentita. Esto era la felicidad de cada día en mi niñez. Esa hora y pico de la siesta donde mi querida abuela, a modo de guardián invencible, cosía y estaba a nuestro lado plácidamente. Muchas veces pensaba que debía detenerse el tiempo aquí para atrapar la felicitad, porque eran esos momentos donde yo más feliz me sentía. Era como si nada fuese a cambiar y nadie de aquella escena, tan perfecta, fuese a desaparecer nunca de mi vida . Pero el tiempo siguió caminando y sólo he podido guardar este cuadro en mi memoria, para que me acompañe siempre. Y aún sigue produciéndome esa sensación de bienestar y dicha, aunque ya solo sea un recuerdo .


Querida abuela, ahora que ya no estás me reprocho no haberte abrazado más veces. Te hiciste muy viejeita sin darme yo cuenta. De niña pensaba que tú siempre serías mi abuela, tal como estabas, sin envejecer, sin morir. Lo consideraba lo natural, porque tú eras la mujer más fuerte y valiente que he conocido. Eras como las diosas griegas, eterna y manteniendo toda la familia unida a ti. No te oía quejarte y siempre estaba mi merienda en tu casa, el pan con chocolate, el queso con aceite o, a veces, en los bolsillos del abuelo, las bolas de anís, junto a los parches para arreglar los pinchazos de nuestras bicicletas. Pero , cuando me hice mayor, un día me dí cuenta que me seguías sonriendo sentada desde tu viejo sillón de mimbre. Ya apenas podías caminar, y las imágenes de las personas que habías amado se fueron yendo de este mundo, pero seguían habitando en tu memoria. Era como si todo tu cuerpo se hubiese quedado en la tierra para sonreírme cuando llegaba. Y entonces fue cuando ví que mi abuela era muy vieja, y empecé a besarte y darte abrazos cálidos, como en aquellas tardes de siesta en el comedor de tu casa.
Querida abuela, gracias por todas las cosas sencillas y cotidianas que me enseñaste, desde el silencio y tu trabajo. Gracias abuela porque sin pedirme nada, cada día me dabas todo lo que de verdad importa: el amor .


Un amor envuelto en muchas meriendas de pan con chocolate, cocidos de domingo, pollitos en una caja al sol, tardes de costura, alguna regañina, la salida al mercado con buen paso y temprano, los churros y el panecillo caliente a la vuelta, las historias de la familia . En definitiva, una vida dura pero honesta y digna a pesar de la pobreza, el dolor y los malos recuerdos de una terrible guerra.
Querida abuela, hoy, como cada dia desde que te fuiste de este mundo, vengo a la galería de mis recuerdos para decirte que te quiero, que sigues estando eternamente conmigo.

Fdo. Tu nieta

Fotos – Internet

3 comentarios sobre “Amor en colores y recuerdos en sepia

  • el 16 de agosto, 2018 a las 12:39
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    Ai,ai! como rexurde a vida cando se chega a ser avoa. Que gran cousa é a memoria!

  • el 2 de septiembre, 2018 a las 12:29
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    Qué bonito. Yo también conocí a mis abuelas y cuidé a una de ellas. Nunca es suficiente decirles lo que las queremos

  • el 2 de septiembre, 2018 a las 12:30
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    Gracias. Las abuelas siempre nos dejan una huella muy especial

Comentarios cerrados.