Viaje a Burgos, final.

6 junio, miércoles, Oña, Complejo minero de Puras de Villafranca, Belorado.

La primera visita del día es para Frías, la ciudad más pequeña de España. Es impresionante la vista del castillo con las casas colgadas y el monasterio benedictino de Oña.

Oña es villa y municipio situado al norte de la  provincia de Burgos.

Fue una ubicación importantísima durante la Edad Media, en la formación de Castilla,  que ha quedado reflejado en su amplio conjunto monumental. Ostenta los títulos de Muy Leal y Valerosa Villa.

En el año 2011, se celebró el milenario de la fundación del Monasterio de San Salvador.

Aunque la localidad de Oña hunde sus raíces en los tiempos más remotos (con restos paleolíticos y un castro romanizado) su entrada en la historia se sitúa a mediados del siglo VIII, cuando surgió como fortificado baluarte de uno de los más estratégicos accesos al norteño territorio en donde se habían refugiado las gentes cristianas ante la presión militar de los islamistas del sur. Dos siglos más tarde, en el año 950, el primer conde independiente de Castilla, Fernán González, le concede sus primeros privilegios. Su nieto, el conde Sancho García, eleva el lugar al rango condal y funda el monasterio de San Salvador que pone en manos de su hija, la infanta Trigidia.

Desde ese momento el devenir de Oña va a estar ligado íntimamente a esta poderosa abadía benedictina (sus abades ostentaban el título de señores de Oña), que con el tiempo llegó a convertirse en una de las instituciones más influyentes de todo el reino de Castilla. Las exenciones y fueros con los que contaba Oña, en especial los concedidos por el rey Alfonso VIII, contribuyeron a su desarrollo económico y fueron el foco de atracción para una numerosa comunidad judía.

Después de comer hay un poco de tiempo para visitar el interior de la catedral de Burgos. Fue declarada Monumento Nacional el 8 de abril de 1885 y Patrimonio de la Humanidad por la Unesco el 31 de octubre de 1984. Es la única catedral española que tiene esta distinción de la Unesco de forma independiente, sin estar unida al centro histórico de una ciudad (como en Salamanca, Santiago de Compostela, Ávila, Córdoba, Toledo o Cuenca) o en compañía de otros edificios, como en Sevilla o Zaragoza. Es además el templo católico de mayor rango en Castilla y León al tratarse del único templo que siendo catedral metropolitana es a la vez basílica.

En 1994, a raíz del desprendimiento de una figura de la fachada ocurrida unos años antes, comenzaron unas profundas labores de restauración. En total, se llevan invertidos 30 millones de euros, lo que le convierte en el monumento europeo que más fondos ha recibido para su restauración y que más se ha prolongado en el tiempo.

Los tesoros arquitectónicos, escultóricos y pictóricos de su interior:

El cimborrio gótico-plateresco, alzado primero por Juan de Colonia en el siglo xv y reconstruido por Juan de Vallejo en el xvi, siguiendo planos de Juan de Langres,. ​

La Capilla del Condestable, de estilo gótico isabelino, en la que trabajaron la familia Colonia, Diego de Siloé y Felipe Vigarny.

El retablo gótico hispano-flamenco de Gil de Siloé para la Capilla de Santa Ana.

El gran cuadro sobre tabla La Sagrada Familia de Sebastiano del Piombo, obra destacada del artista que se expuso en el Museo del Prado.

La sillería del coro, obra renacentista plateresca de Vigarny.

Los relieves tardogóticos de la girola, de Vigarny.

Los numerosos sepulcros góticos y renacentistas.

La renacentista Escalera Dorada, de Diego de Siloé.

El Santísimo Cristo de Burgos, imagen de gran tradición devocional.

La tumba del Cid Campeador y su esposa Doña Jimena, su carta de arras y su cofre.

El Papamoscas, estatua articulada que abre la boca al dar las campanadas de las horas.

El recorrido por todas estas maravillas es interesante, pero no hay tiempo para detenerse, apenas experimentar el envolvente abrazo en el silencio de tanto arte que te abruma por sobreabundante. Quedará para otro día, si es posible, degustar con calma tanta maravilla.

Ahora hay que visitar la zona minera de Puras de Villafranca. La visita a este complejo minero permite vivir en primera persona una experiencia minera de mediados del siglo XIX: como era la labor de los mineros que trabajaban aquí, las herramientas que utilizaban, los procesos industriales y los usos que se daba al mineral extraído.

El complejo minero permite adentrarse en varias minas reales de Manganeso y conocer todas las infraestructuras asociadas a esta actividad industrial: desde los lavaderos de mineral, a la turbina que generaba electricidad, las oficinas… Es un viaje en el tiempo a la mina de Manganeso más antigua de España.

La primera parada es en el Lavadero de manganeso, necesario para conocer el proceso minero.

Claro que la primera pregunta es sobre el mineral, ¿Para qué servía el manganeso? Lo más importante en el primer momento es que para hacer al acero más resistente. Tal era su importancia sobre todo a finales del siglo XIX y principios del XX, que el manganeso extraído de las minas de Puras de Villafranca fue usado para construir las planchas de acero del casco del Titanic. Aunque no sirvieron para evitar el desastre, un acero de menor calidad hubiera hecho que los daños sufridos hubieran sido mayores, precipitando el hundimiento.

Subiendo a la oficina de la explotación, que quedo intacta tras el abandono de la actividad, el guía muestra cuántas cosas se pueden hacer con este mineral, negro y algo untuoso, pero muy interesante.

El guía realiza una serie de experimentos químicos muy interesantes y sorprendentes, que más parece magia que ciencia.

Después nos detalla los diversos usos del manganeso:

El traquetreo de los motores se reducen mediante el uso de un compuesto de manganeso que se añade a la gasolina sin plomo. Esto aumenta el octanaje del combustible.

Se utiliza en las baterías desechables estándar.

Es esencial para producir acero y el hierro. El manganeso es un componente esencial para la fabricación de acero inoxidable de bajo costo.

Es aleado con aluminio para producir un metal que es más resistente a la corrosión. La mayoría de las latas de aluminio para bebidas contienen entre 0,8% y 1,5% de manganeso.

En química, el óxido de manganeso se utiliza para oxidar alcohol bencílico.

La contaminación de hierro puede hacer que el vidrio se tinte de color verde. Ya desde tiempos antiguos se añade un compuesto de manganeso al vidrio contrarrestar este efecto.

El oxígeno y el cloro se procesan utilizando dióxido de manganeso. Este mismo compuesto es también un pigmento marrón que se puede utilizar para hacer pintura.

El vidrio y la cerámica se pueden colorear mediante diversos compuestos de manganeso.

En algunas partes del mundo, el manganeso se utiliza para fabricar monedas

Después de esto, es posible, ahora sí, visitar unas minas de manganeso. Las vetas son alargadas sobre un plano, por lo que los mineros escavaban siguiéndolas. Por seguridad, antes de entrar, hay que llevar un casco. Los mineros de aquella época no eran tan altos como nosotros.

El recorrido estándar son dos minas. El grupo se divide en dos. Gracias al casco se evitan varios coscorrones. En algunos tramos es preciso avanzar en cuclillas. La experiencia es alucinante, el pensar como trabajaba esta gente durante diez o doce horas, cuando a los visitantes les fatiga un solo recorrido. Se puede ver los pozos de ventilación. Está todo tan bien pensado que mientras por un nivel viaja el mineral, en otro nivel va la basura con lo cual se evitan pérdidas de tiempo.

Terminada la visita a la primera mina, se inicia la visita a la otra. Ahí se vive una experiencia interesante, avanzando un tramo solo con la luz de dos velas, y al mismo tiempo con una descarga de humo artificial y la humedad añadida, que no es tanta como sería realmente, por lo que a los pocos minutos todos los mineros estarían empapados. Todavía se vive otra experiencia de avanzar un tramo sin luz. La experiencia es una forma de conocimiento de un valor incalculable, pues muestra mucho mejor que cualquier explicación lo que se nos quiere dar a conocer. Ahora cuando se hable de minas y de mineros y de sus condiciones infrahumanas, se podrá entender mucho mejor esa realidad tan compleja y arriesgada. En la historia de la humanidad, el sacrificio de niños en el trabajo de las minas, quedará para siempre escrito como una de las muchas vergonzosas acciones del ser humano. Una experiencia como esta bien merece un viaje y pasar un pequeño mal rato.

7 junio, jueves, último día del viaje aunque todavía quedan dos buenos momentos para disfrutar.

El primero es la visita a Clunia, una ciudad romana, que bien merece un capítulo aparte.

Y el segundo la experiencia gastronómica en el restaurante La Cueva de Mucientes, a sólo 10 minutos de Valladolid, en las bodegas del mismo nombre.
Construida en el siglo XVI a una profundidad de 15 m. bajo tierra, con una superficie de 1600 m2 es la mayor bodega natural de la zona, con 9 comedores, 2 hornos de leña para asados, un salón especial para grandes banquetes, un museo del vino, 2 pozos de agua natural, 3 prensas romanas y una discoteca con una amplia terraza en la superficie. 4 años duraron las obras de adaptación de la bodega productora de vino a restaurante, inaugurándose en 1.989.

Como aperitivo una morcilla de la tierra y luego el chuletón de 400 gramos muy en su punto, jugoso y tierno.

Buen remate para un viaje tan atractivo y sorprendente como este, por tierras Burgalesas y de las Merindades, un mundo montañoso, verde y húmedo. Una región privilegiada y bella donde todavía hay mucho por descubrir.

Un lugar ideal para olvidarse de los agobios de la agitada vida urbana y dejarse llevar por el rumor del agua y el viento, caminando por milenarias calzadas, sabios caminos y evocadores senderos.

En el largo trayecto de autobús en el regreso se puede rumiar el recuerdo de todo el viaje, comenzando por Frías, con sabor medieval, encaramada en una abrupta plataforma de toba, presidida por la silueta de un altivo castillo, y el frente de sus casas colgantes, Medina de Pomar, antigua capital de Las Merindades, con una privilegiada ubicación geográfica, una densa historia un rico y variado patrimonio artístico y cultural, como el monasterio de Santa Clara y la fortaleza “Las Torres”. El complejo Kárstico de Ojo Guareña, con el conjunto de cuevas más extenso de la Península, con varios santuarios prehistóricos e invertebrados exclusivos, experimentados en la visita a la cueva y ermita de San Bernabé. Viene a la mente La Bureba, llanura inundada de verdes y amarillos, recorrida por arroyos, campos de cereales y montañas vigilantes. Y entre sus pueblos más pintorescos, Briviesca, con su plaza Mayor, y el templete, las casas señoriales, el buen trazado de sus calles, La Plaza Mayor con el Palacio de Soto Guzmán y la Iglesia de San Martín, el Convento renacentista de Santa Clara… pasear por Briviesca es un continuo mirar hacia los lados y hacia arriba, admirando construcción tras construcción y sin poder evitar menospreciar un poco a la arquitectura de las urbanizaciones residenciales de nuestro tiempo, todo ello mientras endulzas el paladar con las almendras garrapiñadas. Y luego, como no recordar Poza de la Sal, un escenario de cuento con su aire medieval, lugar privilegiado para admirar la belleza de la Bureba. Así, disfrutando de nuevo del viaje, en el recuerdo, se llega al destino. Ahora queda tiempo para ver las fotos y recordar de nuevo. Se puede disfrutar tantas veces de una bonita experiencia. Los recuerdos son la cueva del tesoro de nuestra vida, porque recordar es vivir de nuevo.

Texto Jesús Muñíz.  Fotos Carmen