Embarcados en Martes.

Gracias a las buenas gestiones de nuestra directora Lucía, podemos acceder por segunda vez a un viaje por nuestra ría, por el módico precio de 12 euros.

Dice el refrán que ¨en martes, ni te cases ni te embarques¨. No me casé en martes, si nos embarcamos, con espíritu de aventura, los viajeros infatigables del Centro Sociocomunitario de Coia, rumbo a Cíes. En el muelle se presenta nuestra guía, de dulce nombre, María, que nos comunica el cambio de rumbo debido a las condiciones marítimas y en lugar de ir a Bayona, como estaba programado, nos vamos a Cíes. Al principio no hay buena acogida a la noticia, porque es un viaje repetido. Como si en la vida las cosas se repitieran. Aunque los destinos sean los mismos la experiencia es diferente. El grupo se dispersa por el barco, en el exterior los más aventureros y el interior los más conservadores, al resguardo de vientos y rayos solares. En buena conversación los trayectos se hacen cortos y teniendo a Telmo como compañero de banco, la comunicación es amena y didáctica. Así que en un diálogo fluido llegamos sin darnos cuenta a los gigantes que acostados sobre las aguas de la ría, la resguardan de los malandrines vientos que siempre acosan a los barcos como si fueran fantasmas de piratas y corsarios asolando las costas de nuestro diminuto paraíso.

Desembarcamos en torno a María, que cuando sonríe me recuerda a esos emoticones que ponemos en el WhatsApp, que alegran el chat. El grupo se divide entre los que se quedan a pie de restaurante y playa, los que van a explorar por su cuenta la isla y los que seguimos el caminar pausado y apacible de nuestra amable guía. Por el cómodo sendero nos vamos hacia el camping, como primera parada, degustando el variado pasaje que la naturaleza nos regala en un día tan espléndido como este. Azules y verdes se mezclan en tierra y mar con las pinceladas de oro de la arena de las playas. Las cámaras recogen todo para rumiarlo después en la tranquilidad del hogar. Por el camino abunda el tráfico de carritos con maletas, y enseguida llegamos al camping. Después de un breve descanso para hacer cambios de agua, seguimos en ruta, entretenidos cada poco con las explicaciones de María, acerca del clima, la fauna y la flora que se ubican en esta isla tan codiciada para vivir por gente pacífica que pronto tuvo que emigrar por el acoso de los violentos que siempre, con su egoísmo rompen el equilibrio natural que entiende la vida como un tiempo feliz.

Caminamos hasta que es necesario regresar, para llegar a tiempo a nuestro barco. Aún tenemos unos minutos de reserva para para refrescarnos con una bebida antes de embarcar. Una vez sentados a la mesa, comienza la comida, empanada, mejillones y arroz caldoso con productos marinos, con tarta de Santiago de postre y café. El mar no está muy tranquilo y nos zarandea un poco, no sé si para facilitar la digestión o bromear con nuestros frágiles cuerpos ávidos de emociones, navegando en martes. El vino fresco alegra el corazón y hace más soportable el bamboleo. Con el susto de algunos y la sonrisa benevolente de los marinos más experimentados, llegamos a las aguas más tranquilas de la ensenada de San Simón.

Tras bordear la costa nos acercamos al muelle donde se haya el museo de Meirande, centro de interpretación de la batalla de Rande. Desembarcados se nos divide en dos grupos, uno se dirige al interior y el otro circula por el exterior recibiendo las explicaciones acerca de la famosa batalla que aquí tuvo lugar en el 1702. Se mezclan leyenda e historia, esta muy poco documentada, por lo que el relato del enfrentamiento entre españoles y franceses con ingleses y holandeses está tan enfangado y oscuro como el fondo de las aguas del estrecho de Rande. Este suceso, enmarcado en el transcurso de la guerra de Sucesión española, tras la muerte de Carlos II, es un acontecimiento muy importante para la historia de Europa, porque tras la desaparición de la flota de guerra francesa y la mercante española, los objetivos estratégicos de colonias y puestos costeros sufrieron un cambio muy relevante. Y todo ocurrió en el interior de la hermosa ría de Vigo, que durante unas horas se convirtió en un verdadero infierno de codicia y muerte violenta. Siempre es bueno recordar el horror de la guerra, para aprender a vivir en paz. Aunque seguimos en parvulitos.

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Regresamos a puerto y el refrán se queda en anécdota, pues embarcamos en martes y disfrutamos de un día feliz, de belleza e historia enlazadas en las ondas del mar de Vigo.

Texto: Jesús.  Video: José Antonio. Fotos: Carmen

3 comentarios sobre “Embarcados en Martes.

  • el 24 de julio, 2018 a las 11:10
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    Bonito relato narrado acercándonos a la historia de nuestra ría.

  • el 24 de julio, 2018 a las 23:36
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    Muy bonita excursión y mejor reportaje para recordarla. Lo archivaré. ¡Muchas gracias Jesús y José Antonio!

  • el 10 de agosto, 2018 a las 18:53
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    Moi bo reportaxe. Un pracer compartilo contigo

Comentarios cerrados.