Burgos, las Merindades y la Bureba. (Primera parte).

El dos de junio, sábado, a las siete de la madrugada, cuando todavía la mañana reposa dulcemente sonriendo ante el comienzo del fin de semana, los esforzados viajeros del CSC se embarcan en el autobús que les llevará hacia Burgos. Con los párpados a medio abrir, aunque alegres e ilusionados, ocupan los asientos. El conductor es Barreiro y el guía Juanjo.

Rodando, rodando y tras la primera parada técnica, casi sin pensarlo se llega a Sahagún. Con sol y a pie, el grupo comienza la visita, que el mercadillo por donde se cruza, lo divide y algunos pierden contacto con el guía.

En primer lugar se aprecia la iglesia de San Lorenzo de la primera mitad del XIII, mudéjar de carácter híbrido, con elementos románicos, góticos y musulmanes, construida en ladrillo. En el exterior, el mayor interés está, por una parte, en la cabecera de la iglesia con el triple ábside y, por otra, en la magnífica torre sobre el tramo central.

De seguido y a correr, La iglesia de San Tirso, ya sin culto, del siglo XII, representativa del arte románico-mudéjar leonés. Posee una estructura de tres ábsides. La torre, rectangular se eleva sobre el tramo recto del ábside central. Después el Monasterio Real de San Benito, muy importante en la Edad Media, con una gran historia que acaba con la desamortización de Mendizábal, y del que solo queda como vestigio de su esplendor el Arco de San Benito. La visita se endulza con las sabrosas cerezas que abundan en el mercadillo, entre los productos locales. En el regreso al autobús todavía quedan algunos minutos para alguna compra de última hora.

El viaje continúa hasta Carrión de los Condes, donde se almuerza. Nos saltamos la siesta para visitar el casco histórico. A orillas del Carrión, conserva varios edificios religiosos medievales y es lugar de paso para peregrinos del Camino francés a Santiago de Compostela.

En esta villa se encuentra la iglesia de Santa María del Camino, templo románico del siglo XII, con fachada meridional porticada.

De camino hacia Burgos, se hace una breve parada en Fromista, para visitar la Iglesia de San Martin de Tours, de la segunda mitad del siglo XI, románica. En el exterior destaca el cimborrio octogonal sobre el crucero y las dos torres cilíndricas. El aspecto general es de gran solidez y belleza. El interior sobrio, destacando los capiteles de las columnas, sobre todo los dedicados a la historia de Adán y Eva, o la fábula de “la zorra y el cuervo”.

Antes de llegar a Burgos, unos minutos para admirar el Canal de Castilla, la más importante obra hidráulica del siglo XVII, con 207 km. De longitud y una anchura que varía de los 11 a los 22 m. Es un tiempo de relajación para las fotos, con el fondo del agua y las amapolas, que siempre son un marco excelente para el recuerdo.

Por fin se llega a destino, Burgos, y en el barrio de Gamonal, el hotel, Confort de los braseros nos recibe con sonrisas de hospedaje. Una vez alojados aún queda tiempo para dar un paseo antes de la cena.

3 junio, domingo Comarca de la Bureba: Poza de la Sal, Briviesca.

El domingo por la mañana el autobús llega a Briviesca, capital de la comarca de la Bureba. Esperando por el guía local en la plaza mayor, hay tiempo para visitar la Iglesia de San Martín y en una tienda que hace esquina comprar almendras garrapiñadas, famosas del lugar, como una grata manera de recordar la visita, ya que el estómago es quien atesora los mejores recuerdos. Con el guía se hace la visita de la ciudad, la Torre Blasona de los Soto de Guzmán ubicada en la Plaza Mayor, hoy sede del Ayuntamiento, el Palacio de los Torre y la Colegiata de Santa María (XVIII). En la iglesia de Santa Clara se puede admirar el monumental retablo en madera de nogal, sin policromar, original en su estructura y talla, además de su gran calidad artística.

 

Después de comer en el hotel el autobús rueda hasta Poza de la Sal, pueblo natal de Félix Rodríguez de la Fuente, Conjunto Histórico-Artístico. Se camina calle arriba, cruzando la muralla, hasta llegar a una pequeña plaza, casi triangular, donde se sitúa el ayuntamiento. La guía, de melena leonina y mirada de acero, con voz entusiasta y rotunda, no carente de ironía, nos traslada en el tiempo para contemplar la comarca y la ciudad a un tiempo. Enriscada en la ladera de una sierra, fortificada y protegida por el Castillo de los Rojas y con vistas sobre las llanuras de la comarca de La Bureba, ofrece un aspecto lleno de fuerza y contraste. Comienza a llover y la guía improvisa al resguardo del palco de la música un concierto de palabras que trasladan al grupo a través del tiempo hacia la historia del lugar.

El momento culminante de la visita es la sal, en el Centro de interpretación. Con la emotiva y vibrante explicación de la guía, se experimenta la presencia de un tesoro, como en la canción del pirata: “Qué esta sal, es mi tesoro, el diapiro mi verdad, mi ley el agua que corre, y recoger al final”. A esta sal debe Poza de la Sal, todo su esplendor antiguo.

La producción se realiza conduciendo el agua de los manantiales por una red de acueductos hasta unas plataformas horizontales construidas en madera y piedra (gracias al desnivel del terreno) denominadas granjas y en las que el agua se reparte en parcelas rectangulares o eras. La evaporación del agua deja lista la sal para su recolección en unos depósitos protegidos de la lluvia o terrazos.

La sal explotada en Poza de la Sal proviene del denominado “diapiro”. Está formación geológica es uno de los puntos de interés geológico del sector oriental de la Cordillera Cantábrica y el más grande de Europa y se encuentra entre los tres mejores del mundo. Es de forma circular con un radio de 2,5 km.

Un diapiro es un tipo de intrusión en el que se fuerza un material más dúctil deformable y móvil a través de las rocas supra yacentes quebradizas. Es decir, que en palabras más entendibles para el común de los mortales, se trata de un material de menor densidad que se encuentra debajo de otro más pesado, y ejerce una presión que termina rompiendo lo que le impide salir “a flote”. Es como un parto de sal.

Y de una clase tan instructiva como salada nos vamos a otra visita que seduce con su encanto y leyenda: el santuario de Santa Casilda. Dice la leyenda… « En los aledaños de Briviesca resuena siglos ha un nombre de mujer que es la flor de la gracia; en castellano se dice poesía: en árabe Casilda. Fue una princesa mora llena de guapura y de melancolía. Nació en Toledo, hija del sultán, medio siglo antes que Alfonso VI recristianara la imperial ciudad. Vivía la princesa ocultamente su cristianismo y se derramaba como un perfume de caridad entre los cautivos cristianos. Como un día la sorprendiera el rey, su padre, Casilda declaró que a los prisioneros les llevaba “rosas” y, el pan, por milagro, se hizo rosas …»

El lugar donde está emplazado el Santuario es hermoso, digno de una leyenda o de un poema, o de ambos, y donde se alberga la belleza, la historia se inventa si es necesario, como las flores que adornan el lugar. Si fue o no verdad, es cierto que es hermoso que así sucediera, pues lugar de tanta belleza, necesita alegrar el corazón con una historia que lo alimenta.

(Continuara)

Texto: Jesús Muñiz González

2 comentarios sobre “Burgos, las Merindades y la Bureba. (Primera parte).

  • el 20 de junio, 2018 a las 19:00
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    Magnifico relato. Coñezo bastante ben a ruta até Burgos, non así as Merindades, das que teño una fluida información. Espero a segunda parte

  • el 24 de junio, 2018 a las 20:33
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    Estupendo Jesús. Y muy bien recogida la información del famoso Diapiro y la originalisima guía de Poza de la Sal. Para mí uno de los lugares que me fascinaron, como todas las Merindades.Todo un descubrimiento estos lugares y viajes, tan fuera de las típicas rutas turísticas. Gracias por el relato y seguiremos contando más…

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