Leer es vivir

Este mes convertimos una de las ventanas del C.S. en un escaparate de novelas, con la finalidad de facilitarles a los usuarios la lectura con préstamos rápidos que entran por los ojos y la mayoría en formato “letra grande”. Una forma de celebrar el Día del Libro

Retirado en la paz de estos desiertos,

con pocos pero doctos libros juntos,

vivo en conversación con los difuntos

i escucho con los ojos a los muertos.

 Si no siempre entendidos, siempre abiertos,

o enmiendan, o secundan mis assuntos,

i en músicos callados contrapuntos

al sueño de la vida hablan despiertos.

 

En 1643 Francisco de Quevedo, habiéndose retirado a su señorío de la Torre de Juan Abad, un pequeño municipio de  La Mancha,  escribió el soneto al que pertenecen estos versos que constituyen un auténtico elogio a la lectura.

En su retiro lee a los clásicos y medita con ellos sobre su propia vida y leyéndolos aprende y se enriquece.

Don Francisco, retirado en su refugio,  vivía otras vidas en los libros y reflexionaba sobre la suya. En esta sociedad nuestra tan influenciada por los medios audiovisuales en los que la imagen domina nuestro paisaje intelectual sería muy conveniente desviar nuestra mirada hacia los libros donde todo es silencio, un silencio lleno de vida y de conocimientos, de experiencias vividas en otros ámbitos, en otros mundos llenos de vida, en otras vidas que aún  siendo de ficción son tan reales como la nuestra.

Dice Vargas Llosa en su ensayo “La verdad de las mentiras”: Los hombres no están contentos con su suerte y casi todos —ricos o pobres, geniales o mediocres, célebres u oscuros— quisieran una vida distinta de la que viven. Para aplacar —tramposamente— ese apetito nacieron las ficciones. Ellas se escriben y se leen para que los seres humanos tengan las vidas que no se resignan a no tener. En el embrión de toda novela bulle una inconformidad, late un deseo.

 Claro que no todo es ficción en los libros.  Ensayos, historia, filosofía… En ellos se aprende y se reflexiona pero en las novelas se reproduce la vida misma, la de otros, personajes en ocasiones reales, imaginarios en otras pero que reviven en nuestra imaginación al leer sus historias.

 

Lejos del ruido y de la luz de la televisión en la que todo se nos da masticado, la lectura nos permite  participar con nuestra imaginación en las vidas reales o ficticias que nos ofrecen las historias contadas por tantos  escritores de ayer y de hoy, excelentes muchos de ellos, maestros de la vida y de la literatura.

El 23 de abril de 1616 fallecían dos genios universales del arte de escribir, Cervantes y Shakespeare, y ese fue el día que escogió la UNESCO para celebrar el Día del Libro.

En sus obras  palpita la esencia del vivir  y revelan como pocos supieron hacerlo los avatares y vaivenes de la naturaleza humana. Han hecho de la ficción algo tan real que nos hacen vivir sus historias como si ocurriesen de verdad sumergiéndonos en ellas como si las estuviésemos viviendo en  su tiempo y lugar.

Y como ellos hay y ha habido muchos a lo largo de los tiempos. Leerlos es vivir, vivir más allá de nuestra propias vidas, ampliar el mundo intangible de nuestra imaginación, gozar y sufrir con sus personajes, aprender con ellos, ampliar nuestra experiencia vital con las de sus vidas ficticias pero tan reales como las nuestras.

Un libro es vida.

Leer es vivir.

José Trigo

25.03.2018

 

 

 

 

 

 

 

Un comentario sobre “Leer es vivir

  • el 30 de marzo, 2018 a las 19:43
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    Gran verdade.Os libros levannos máis aló de nos mesmos;fannos pensar,e pensar fainos tomar decisión máis acaidas aos obxetivos que nos marcamos.

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