El estigma y el estigmatizado

 

Sabemos lo importante que es el primer contacto entre individuos en cuanto la valoración de sus atributos, tanto positivos como negativos, y lo difícil que es cambiar esa primera impresión, salvo que tengamos la posibilidad de mantear una relación continuada, que nos permita apreciar otros atributos que modifique los anteriores.

El fenómeno del estigma ha sido tratado de una forma extensa por el sociólogo canadiense Erving Goffman, desmenuzando las profundas y múltiples interacciones sociales que se producen alrededor  del individuo estigmatizado socialemente, y que llegan a hacer del individuo estigmatizado un ser desacreditado, extraño y no humano.

La sociedad, o sea todos nosotros, es la que establece las formas para determinar las categorías de las personas, y así considerar los atributos del individuo, de forma que ya en los primeros contactos determinamos la categoría social de su identidad social, ayudado, eso sí, por los prejuicios que de antemano poseemos.

De esta forma establecemos en qué medida una persona se separa de los estándares que socialmente determina la norma y que a través de las diferencias nos puede hacerla ver como inferior y despreciable, lo que se transforma en el descrédito.

El estigma se puede adquirir de diversas formas; por  de determinados rasgos corporales, por defectos de carácter del individuo, o debido a la raza, etnia, religión, sexo.

Si las interacciones sociales de por sí son complejas, las que atañen a las relaciones en donde los diversos actores que intervienen en este tipo de dependencia, lo son mucho más. Así por ejemplo, en la conjunción de relaciones posibles, se pueden situar la  aceptación de su desventura, la intención de corregirla, de ocultarla, de hacerla visible, o en su caso tratar de obtener un beneficio de su limitación, tratando de justificar la falta de éxito por otras razones.

Pero cuando se produce la interacción del estigmatizado con otros individuos,  entran en el escenario otros actores que forman parte decisiva en la relación, y que el autor denomina, el igual y el sabio, personajes que de alguna forma comparten su estigma, proporcionando un conjunto de relaciones en donde el estigmatizado puede compartir un conjunto de respuestas, ayudas, y la sensación de sentirse humano, lo que puede facilitar aminorar su ansiedad.

En cuanto al sabio, Goffman, se refiere tanto a individuos normales cuya situación se les supone estar informados de la vida de infortunio del individuo estigmatizado, y  de esa forma contar con la consideración, aceptación y la pertenencia al grupo; pero además también tienen la deferencia de sabio, aquellas otras personas que forman parte de una estructura social de apoyo, como puede ser un familiar que comparte el descrédito de la persona estigmatizada; aunque también se otorga la categoría de sabio a la persona estigmatizada que por su relevancia o ascendencia sobre los demás convierta su estigma en una profesión y presta apoyo a otros miembros.

Otro aspecto que destaca Goffman, es el manejo de la información por parte de los individuos estigmatizados, puede ser múltiple en función del contexto en que se producen y de la creatividad que muestre, e incluso una combinación de todos ellos, pero los simplifica en cuatro y sitúa algunos ejemplos:

  • Ocultar,  anular, o enmascarar los signos que provocan el estigma.
  • Situar los efectos de su limitación con otro efecto que tenga menos importancia y sea menos estigmatizante.
  • Establecer dos grupos de personas, de forma que al más numeroso no les cuenta nada, y al otro, el más próximo, que les informa sin reservas de su infortunio esperando su comprensión y ayuda.
  • Por último, una vez descubierto voluntariamente, en lugar de tener que manejar la información ha de tratar de controlar las situaciones difíciles.

En resumen, el autor plantea la complicada relación que el individuo estigmatizado mantiene tanto con su yo, con sus pares, o como con los demás, ello unido a la  ansiedad que le produce al tratar de ocultar su deficiencia o limitación para no ser considerado una persona desacreditable.

Javier Garmilla

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