Seguimos leyendo el Quijote

Continúo dando información de los nuevos talleres que están funcionando en nuestros centros sociales. El más “raro”, por lo complicado que resulta actualmente que se lean a los clásicos, es un taller de lectura dirigida para leer, gozar y entender el gran clásico como es el Quijote. Ya saben, todo el mundo habla de él pero pocos lo han leído. Y no digo ya nada de la segunda parte, que entonces se cuentan con los dedos de las manos quienes la conocen a fondo. Pues así, continuando con la locura que a mí también me invade por los buenos libros, los eternos, esos libros donde está la sabiduría y te dan respuestas para seguir en esta vida sin desmoronarte, me lancé a montar un taller para leer el Quijote, la primera y la segunda parte.

Un taller que puse en marcha en el centro social de Vigocentro (Pi y Margall). Nos reunimos un grupo de 10 personas, 9 mujeres y un caballero, todos los miércoles a partir de las 5 y 6,30 de la tarde. Un grupo vamos ya por la segunda parte, y otro estamos con la primera . Muchas de las alumnas son usuarias del centro sociocomunitario de Coia, además de Vigocentro, por supuesto.
He de confesar que no salgo de mi asombro porque, siendo un taller de pago, estamos 10 personas leyendo un clásico y pasándolo realmente bien, desde hace ya dos años. Mis compañeras fieles a mi amado Cervantes y Quijote, como yo, se subieron a la gruta de este caballero del honor, para encontrar todas las respuestas que hay en el libro a la propia vida.

Me gusta ir contracorriente, ahora que tan de moda están los bersellers, que yo llamo “novelas de caballerias” con todos mis respectos. Atreverse a leer un clásico, encima pagando, es propio de las acciones más quijotescas que, a veces, realiza el ser humano.

Mi agradecimiento y admiración por este grupo que, como yo, amamos a don Quijote y Sancho y los hemos incorporado a nuestra vida. Lean a los clásicos porque ellos son los grandes de la buena literatura: Cervantes, Quevedo, José Zorrilla, la novela picaresca, la Celestina, …

 

Texto – AG.

Fotos – internet y Alex

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