¿Modernidad o qué?

La modernidad es uno de esos conceptos que se nos escapan de entre los dedos de la mano,  de tal forma que los contemporáneos no tenemos claro si nos encontramos en el escenario histórico de la modernidad,  o  si por el contrario nos encontramos en otro, el de la post modernidad, en una clara oposición y de  rechazo de la modernidad.

Una mirada al concepto de la modernidad nos exige hacerlo como mínimo de dos formas diferentes, situándolo históricamente, o de forma  analíticamente, o sea a partir de sus rasgos fundamentales del concepto de la modernidad.

Desde la perspectiva histórica  no es fácil situar de forma precisa el período histórico en que se puede considerar el inicio de la modernidad; pero lo que sí se puede asegurar es que corresponde a un momento en que se trata de las nuevas forma de los  modos de vida de los individuos y de las organizaciones surgidos en Europa Occidental con la emergencia del Renacimiento, las grandes revoluciones americana, francesa, y el entramado político e institucional de la modernidad en pos de la razón y la lógica.

Pero no se llega a la modernidad con el fin de la Edad Media, es a partir de La Revolución Industrial,  al profundizar en los aspectos económicos, mediante la producción industrial, el asentamiento urbano  y el capitalismo. Por tanto, podemos situar el origen de la modernidad entre los siglos XVI y XVIII en adelante.

Pero parece más apropiado realizar un  análisis de  la modernidad a partir de los rasgos que supuso la emergencia de esa nueva forma de vida. Ya en sus albores, algunos de los científicos sociales, como   Comte, Durkheim, Weber y el propio  Marx,  señalaron esos rasgos, y entre ellos la concentración del trabajo en centros urbanos, una organización del trabajo buscando la eficacia y  beneficio, la aplicación de la ciencia, la tecnología, el antagonismo entre los dueños de los medios de producción y los asalariados, la burocracia  y la creciente desigualdad social.  No parece que sea muy diferente a nuestro momento actual.

Es destacable el impacto que ello ha tenido  sobre los hombres de esa época; hasta el punto de ir modulando su personalidad de forma que ha supuesto la emergencia de un hombre nuevo, donde su mayoría de edad  se manifiesta  en un interés por experiencias nuevas, la eficacia, la planificación, la confianza en la regularidad, el cálculo, la idea de justicia, el interés por la educación, así como el respeto por la dignidad de los otros.

 ¿Pero hemos superado la modernidad y estamos en otra etapa?

La experiencia y sus consecuencias sobre la modernidad son ambivalentes, unas en positivo y otras no tanto.

Las posiciones optimistas se centran en considerar una tendencia en su mayoría beneficiosa, y que su evolución supondrá unas formas más maduras y perfectas, que continuarán en el futuro, lo que supondrá un aumento del bienestar social. Entre ellas se encuentran las que atañen a que nos encontremos  ante una sociedad post industrial, dejando atrás  la modernidad.

Pero hay otras posiciones menos optimistas. Los enfoques que se decantan  por el desencanto toman diversas posturas, mostrando las partes menos prometedoras de la modernidad haciendo suya la idea de que no puede,  ni debe continuar por esta senda, y que hay que adoptar una postura radical ante  tal despropósito y situarnos más cerca de lo tradicional como forma de vida más natural.

Hay otra perspectiva que  sitúa encima de la mesa la teoría  de que las transformaciones sociales son irreversibles, pero que se orienta  hacia un tipo nuevo de sociedad que  surge desde el ocaso de la modernidad.  Desde este aspecto  ya hay una denominación  que se ha hecho un lugar en el mundo sociológico, la época de la postmodernidad

Sin embargo, hay posiciones mucho más restrictivas que la las teorías post-industrial, y menos pretensiosas que las de la postmodernidad.   Se trata de la teoría de la “modernidad tardía” o de “alta modernidad”, pero en definitiva dentro de la modernidad, ello con sus sombras y sus luces, propuesta por  el sociólogo inglés, Anthony  Giddens  que se manifiesta  notoriamente opuesto al concepto de la postmodernidad.

Giddens,  considera que es apresurado hablar de postmodernidad,  sino que estamos viviendo en una fase de radicalización como consecuencia  de las experiencias negativas que la modernización ha supuesto.

La “modernidad tardía”,  vista por Giddens   se materializa  básicamente en cuatro aspectos: la confianza en la ciencia, la tecnología, las telecomunicaciones, el riesgo como elemento globalizado, la opacidad  y la incertidumbre asociada, así como  la globalización.

Con la experiencia vivida todo parece que hay que asumir que nos encontramos aun en un periodo de la historia ligada a la  modernidad,  y que en tal caso se trata de una modernidad tardía que nos promete un futuro mejor, pero lleno de incertidumbre y por lo tanto de peligros.

Javier Garmilla

 

Un comentario sobre “¿Modernidad o qué?

  • el 4 de noviembre, 2017 a las 20:47
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    Sintome un profano pero abofé que me gustan as novas correntes de opinión. Facer pensar e romper a monotonía rutinaria e conservadora é fundamental para o desenrolo da sociedade

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