La ruta Nazarí.

A las seis de la madrugada, el siete de setiembre, jueves, antes de que los gallos se atrevan a anunciar el día, porque aún es de noche, tres docenas de veteranos viajeros, salimos en autobús rumbo al sur. Tras las paradas de rigor, llegamos a Aranjuez, donde el sol ya calienta y nos pega al suelo. En el restaurante fresquito, nos espera un arroz caldoso y unas chuletitas con patatas. Al terminar, deambulando lo más posible por la sombra paseamos en torno al palacio real, para tomar las fotos que testimonien que estuvimos allí y sobrevivimos.

Regresamos al autobús, para seguir ruta hacia Andújar, sesteando hasta la llegada sobre las ocho de la tarde. En el restaurante del hotel del Val, ensalada, consomé, pescado y flan. Al terminar la mayoría se horizontalizan y un pequeño resto inagotable se van a pasear a la feria que se extiende a pocos metros.

Al día siguiente viernes, visita guiada en Baeza, envueltos ya en el calorcillo de la zona. El guía, con buen timbre de voz, descarga con una fluidez asombrosa un caudal de conocimientos, que refresca nuestra mente a pesar de la temperatura. Seguidamente en Úbeda,  con el mismo guía, dos ciudades rivales que ha hermanado Europa, concediéndoles en conjunto el privilegio de Patrimonio de la humanidad. Como muchas veces ocurre con las personas, las diferencias terminan en boda. En la comida, pimientos, aceitunas, sopa, pollo asado y flan con nata.

Tras breve siesta en el bus llegamos a Jaén y como unos valiente, a pesar del calor atendemos las explicaciones de Eva, la guía local, acerca de la catedral, el castillo y los baños árabes. En el regreso, el director del hotel, que nos acompaña, nos habla de los olivos, de los sesenta y seis millones que le dan a la provincia olor a aceituna y la convierten en la más aceitada de la península.

En la cena, ensalada y otras cosas. Después paseo por la feria, Muy animada en la calurosa noche de este viernes. Lo más destacado la cantidad de comida, la abundancia de niños y adolescentes y el buen ambiente en general que se respira.

El sábado a Córdoba, en donde nos sorprende una agradable temperatura. La guía con todo lujo de detalles nos condesa los mil doscientos años de historia de la Mezquita-catedral en poco más de dos horas. En el tiempo libre, me dedico a buscar el diminuto bar Santos para degustar un pincho de la tortilla de cinco kilos de patatas y treinta huevos que da fama al local.

Comida en el hotel, como no, ensalada y otras cosas. Esta vez podemos descansar hasta las cinco. A esa hora, con treinta y cuatro grados de temperatura, recorremos la desierta ciudad de Andújar. No me extraña que nuestros antepasados hayan echado a los árabes de esta tierra, porque quien es capaz de soportar, sin quejas, una visita por la ciudad a esta hora, es capaz de las mayores hazañas.

El domingo nos toca Baños de la Encina, donde la guía, María de la Encina (¡Cómo le gusta que la llamen por su nombre!), nos habla del castillo de Burgalimar, hecho de barro, la iglesia de San Mateo y la Ermita de Jesús del Camino y que pide un toque de gaita (de nuestro compañero Pena) en el portal de la casa donde vive su familia.

Por la tarde subimos al Santuario de la Virgen de la Cabeza, donde Isabel, la simpática guía nos explica con agradable timbre de voz, la historia y leyenda del Santuario.

Regreso al hotel, cena, ensalada y más, claro.

El lunes maletas a bordo, pues vamos a dormir en Plasencia. Llegamos a Cáceres con algo de tiempo libre antes de comer. El almuerzo es en pleno centro histórico de la ciudad. Sorpresa: no hay ensalada. Huevo con jamón y bacalao asado, rico, rico. Ya sin descanso, Gema, una guía muy didáctica nos muestra y explica, de forma interactiva, haciendo participar al grupo: ¿En dónde se encuentra la ciudad romana? ¿Después de los romanos quienes vienen? ¿Qué hacen los visigodos? Y así pregunta tras pregunta tras pregunta nos va contando la historia, como una maestra.

Tras un tiempo libre seguimos ruta hasta Plasencia, y nos alojamos en el Hotel Valle del Jerte, decorado, como no, con cerezas.

Al día siguiente la misma guía, Gema, nos acompaña en la visita a Plasencia, que termina en una plaza con mercado de frutas y verduras.

Desde ahí nos vamos a Hervás, un pueblecito encantador, con río y puente romántico, con un jardín liliputiense, donde podemos pasear antes de hacer nuestra última comida viajera.

A partir de ahí, directos hacia Vigo, con paradas técnicas y entramos en nuestra maravillosa ciudad, donde una agradable temperatura nos da la bienvenida diciéndonos con su caricia, que estamos de nuevo en casa, que es donde mejor se está, algo que siempre comprendemos mejor, al final de un viaje.

Ahora, tranquilamente en casa, viendo las fotos podemos acordarnos de Alfonso VIII, de Fernando III el Santo, de los Reyes Católicos, de Abderramán, de peleas de moros y cristianos. Claro que todo eso lo podemos leer en los libros de historia, o en la Wikipedia, pero que es mucho más divertido patear iglesias, palacios, baños y murallas. Luego, al ver la película, pensamos con regocijo: “Yo estuve allí”.

Y colorín colorado este viaje…

Texto Jesús Muñiz

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