La generación sándwich

A los que rondamos en esta época los 65 nos ha tocado lo que yo llamo la generación sándwich y explico las razones.

Nosotros ya no somos  de un bocata con pan de pueblo y chorizo de matanza, porque habitualmente compramos pan “recién horneado” en el súper de al lado de casa; de regreso  de las múltiples actividades que realizamos durante nuestro ajetreado día de jubilados, el chorizo lo compramos bajo en grasas y exento de gluten. Como algunos de nosotros  ya somos muy modernos, nuestras cenas se han convertido en un sándwich de jamón York y queso de Gouda en lonchas, todo muy internacional; rematamos con un yogur desnatado y edulcorado,  evidentemente  lo tomamos con cara de pena recordando un buen bocadillo de pan de hogaza y chorizo de pueblo.

Pero este término no lo utilizo para definirnos literalmente como comedores, sino porque estamos atrapados por dos generaciones que dependen de nosotros, somos como el queso y el jamón, entre un pan por arriba y otro por debajo: padres, hijos y nosotros en medio.

La mayoría de nosotros perdimos a nuestros abuelos  a muy tierna edad, la esperanza de vida en la década  de los 60 rondaba los 73 años y  en la actualidad estamos casi en 83 años.

Por primera vez en nuestra sociedad tenemos familias que cuentan con abuelos en muy buena forma, y  tener bisabuelos es muy frecuente.

Con 70 años cumplidos la mayoría de nosotros se considera como mucho “maduritos” cuando no “jovenes con mucha experiencia”,  nuestros hijos lo saben y se aprovechan.

Ya no estamos en los años 50 de la emigración en la que los niños quedaban con los abuelos y se criaban a su cargo, pero si vivimos en un momento de crisis económica y de difícil conciliación de la vida laboral con la familiar. La mayoría de nuestros hijos nos tiene asignado un trabajo en el cuidado de los más pequeños de la familia, trabajo que por supuesto asumimos encantados, porque no hay nada más gratificante para un abuelo que tener que actualizarse para jugar o ayudar con los deberes a esos pequeños que: “se nos parecen, y así nos dan la primera satisfacción; ésos que se menean con nuestros gestos” como diría Serrat.

Así que ya tenemos la primera parte de nuestro sándwich.

La segunda va relacionada con la esperanza de vida de nuestros mayores, y el cambio de la estructura de la vida familiar. La generación de nuestros padres perdió a los suyos muy pronto,   además en esa época siempre había un hijo que heredaba la casa familiar y esto conllevaba  el cuidado de los padres hasta su fallecimiento. Ahora todo es muy diferente.

En los últimos 50 años, ha cambiado mucho el perfil familiar: tener una buena herencia no asegura tener ningún cuidador interesado en heredar. Si con los nietos era fácil cuadrar horarios, a los niños en caso de necesidad siempre puedes llevarlos contigo a casi cualquier sitio,  no es igual con los mayores.

La segunda parte de nuestro sándwich.

Con los mayores se dan una serie ilimitada de posibilidades.

Que sean conscientes de que necesitan ayuda y la acepten, se han acostumbrado a ser independientes y les cuesta reconocer sus limitaciones.

Que quieran o no salir de su casa, si quieren cada cierto periodo en función del número de hermanos, tendrás uno más en casa que alterará tus ritmos y tus hábitos.

Que piensen que ya que tú estás jubilado, que problema hay que vayas y estés en la suya.

Que son mayores para que vengas tú a mangonear su vida, eso si que no haga falta pedirte que le resuelvas todos los problemas burocráticos y de médicos.

Que si tienes hermanos se entra en una dinámica de turnos a veces rocambolesca, en la que cada uno piensa que se ocupa más del otro, y ni que decir tiene que siempre hay alguno que se “despista” y no participa en estos repartos.

Que acepte tener una ayuda en el domicilio ajena a los hijos, pero aún así tú estarás ahí para cuando falle y para coordinar todo lo necesario que no realiza esa persona.

Puede suceder que  por las circunstancias, o por la decisión personal del mayor, la solución sea estar en una residencia, cosa que casi siempre es una decisión dolorosa por los prejuicios que tenemos contra estas instituciones ellos y nosotros, pero si ese es el caso ahí está el buen hijo haciendo visitas mínimo tres veces en semana.

Así tenemos que cambiar el chip continuamente; unos días  actualizándonos con despiertos niños que dominan la tecnología más que lograremos nosotros nunca, tratando de transmitirles valores porque en conocimientos nos ganan en muchas ocasiones, tratando de estar al día en algún video juego y otros con nuestros mayores  recordando los años  30, 40… el primer 600, la primera TV… y manteniendo conversaciones sobre  la actualidad política y cotilleo además de jugar a la brisca.

Así que  en mitad de los dos emparedados, uno enriquecido con vitaminas y otro integral, está nuestra generación. A nuestros 50 años, las personas que tenían la edad que tenemos hoy nosotros los llamábamos  de la tercera edad, hoy no dejamos que nos pongan etiquetas, hoy somos capaces de ayudar en el cuidado de nuestros nietos y nuestros padres, somos capaces de tirarnos en parapente y hacer nuevas amistades, aprender mil cosas nuevas.

Sí, creo que el símil está bien.

Porque el pan es imprescindible en un buen emparedado, pero lo fundamental es lo de dentro y el nuestro está a rebosar de sabores exóticos como nuestros viajes; libre de grasas trans como estamos libres de prejuicios , lleno de color vegetal como la camiseta que nos ponemos para hacer ejercicio,  con una pizca de frutos secos que nos recuerda a la aldea…. Y muchas cosas más, le ponemos además como aderezo buena literatura y música marchosa.

Somos la generación sándwich porque emparedado suena a inquisición, a antiguo y porque queremos demostrar que nunca es tarde para aprender inglés. Y porque nuestras dos lonchas de pan con mil cosas dentro está de rechupete como diría mi madre o guay como diría mi nieta.

 

Colaboración: Gustavo Gil

Un comentario sobre “La generación sándwich

  • el 30 de septiembre, 2017 a las 1:18
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    Que buena reflexión. Me lleva a recordar lo que me dice mi madre de 80 años: “cuando sea mayor y no me pueda mover me tienes que cuidar tú”. Y yo siempre le digo,que cuando llegue ese momento tal vez yo tenga ya más de 70 años y, para entonces, ¿quién cuidará a quién? Esto si que es un emparedado o empanada mental. Mi madre calla y piensa ante tal posibilidad. Un saludo Alex

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