¿De viaje o de turista?

Ir de viaje o ser turista son dos formas de observar la realidad de otros paisajes y sus paisanos,  y  la diferencia está la actitud y la forma de situarnos; el viajante  como un observador participante hacia lo desconocido, o, como turista tratando de contemplar  con asombro los contrastes culturales, pero sin ninguna intención de ser partícipe.

Ello no es ni bueno ni malo, todos en algún momento hemos   simultaneado esas dos alternativas, eso sí con diferente intensidad en función de espíritu aventurero, la curiosidad, el tiempo de que se dispone, y si las condiciones físicas lo permiten.

Viajeros ha habido siempre, unas expediciones  se han hecho  con la intención de conocer nuevas culturas o  para mantener relaciones comerciales, y otros con propósitos menos amistosos, tratando de anexionarse nuevos territorios, o para expoliar las riquezas del vecino más o menos lejano.

No así el turismo, el turismo es un fenómeno relativamente nuevo. Nace con  el siglo XVIII en Inglaterra a partir de la revolución industrial y los cambios de las costumbres que ello produjo.  El turismo, se puede ver desde perspectivas muy diferentes,  como factor de desarrollo y cambio social, fenómeno que se ha ido incrementando de una forma exponencial, para convertirse en una de las formas de vida social de nuestro tiempo; pero también por la preocupación del impacto  que el turismo masivo tienen en el  medio ambiente  y en  la sociedad.

La diferencia entre un viajero y un turista suele saltar a la vista, y los que vivimos en una ciudad en donde  cada vez más la presencia de forasteros que llegan a nuestras tierras por mar no nos resulta difícil reconocerlos, son turistas.

Los turistas suelen viajar en grupos y en excursiones organizadas, el viajero suele desear hacerlo sólo o en grupos reducidos, lo que le permite más libertad de movimientos.  También se percibe que el turista busca aposentos cómodos frente al viajero  que lo hace en lugares más austeros, e incluso en ocasiones llega al destino sin conocer en donde podrá dormir.

El turista, cámara fotográfica colgada al cuello y ropa cómoda trata de no perderse nada de los lugares más turísticos, para en otro momento poder decir que estuvo ahí.  El viajero busca lo desconocido, alejado de las guías turísticas, y si en un momento decide cambiar de dirección no habrá nada que se lo impida.

El viajero se asocia a una mochila, y a la utilización del dinero de forma comedida para emprender de la forma más eficaz sus sueños de recorrer el mundo. El turista llena las maletas de cosas por si hacen falta.

No obstante, tanto el turista como el viajero no es una cosa o la otra todo el tiempo, pues se encuentra alojado en la naturaleza humana el interés y curiosidad por lo desconocido,  y lo importante es no quedarse detrás de la cámara  y aprovechar el tiempo para descubrir nuevas cosas, que de otra forma nos las perderíamos; así como la tentación de destinar el tiempo  para la sufrida compra del souvenir que nos recordará el lugar que hemos visitado, que en el mejor de los casos terminará en el trastero.

Javier Garmilla

 

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