El Rocío. El barrio que supo sobrevivir a la lacra de la droga

Yendo de Coya a Bouzas, pasamos por unas casas que fueron construidas a semejanza de las viviendas de los pescadores. El nombre de sus calles: Calle de Arriba, Calle del Medio y Calle de Abajo, nos recuerdan a esos pueblos, en los que se las nombra así, porque no hay muchas más.

No es este el caso, porque el Rocío está situado en el populoso barrio de Coya. Pero esto nos da una idea de cómo es la zona. Si no fuera por los coches aparcados ante las casas, diríamos que el tiempo se ha detenido aquí, porque todo nos recuerda a aquella época en que, cuando hacía buen tiempo, los vecinos solían sentarse por las tardes ante sus casas, para charlar unos con otros.

Los bajos, hoy cada uno con un color o alicatado diferente, a gusto de los propietarios que moran en las casas, recuerdan a los de los pueblos y aldeas marineros,  con la salvedad de que este pequeño rincón está rodeado de edificios altos más propios de una gran urbe.

Cerca hay un pequeño parque, con unos árboles que dan sombra a unos bancos,  que parecen invitar a los vecinos a disfrutar de la fresca, en los calurosos días de verano.

Cruzando la carretera se alza la escuela del Rocío. En otros tiempos tuvo muy mala fama en la ciudad, pero que hoy afortunadamente, ya es como cualquier otro centro de Vigo.

Lejos quedan los tiempos en que estos mismos vecinos, o tal vez otros que les antecedieron, tuvieron que hacer una movida, para ahuyentar de la zona a los camellos que vendían droga a los chavales, algo que entre otros problemas, agravó el fallecimiento de dos jóvenes del barrio.

Ante esta situación la gente del barrio ideó un ingenioso plan, para liberarse de una vez por todas de este problema.

Hartos de que la policía acudiera y no pudiese hacer nada, organizaron una sentada en la plazoleta del la calle del Medio,  con panderetas, tambores o haciendo ruido y aplaudiendo, cada vez que aparecían por allí los camellos a traficar. De esta manera tan inteligente, lograron erradicar el trapicheo de sus cercanías de una forma pacífica.

Hoy, se puede pasear por el Rocío con tranquilidad, ya que, aquella época ha quedado en el recuerdo.

El barrio cuenta con algunos bares. Esos bares de toda la vida en los que los vecinos se pueden reunir al final de la jornada, para charlar o ver el fútbol, porque ya se sabe, con los amigos se comentan mejor las jugadas.

Hay un par de tiendas de ultramarinos y ya en la carretera un pequeño comercio que estoicamente, aguantan las envestidas del cercano Alcampo o de los supermercados que proliferan en la ciudad.

Siguiendo nuestro camino hacia Bouzas, podemos ver varios chalets y casas que bordean la carretera. Una de estas casas luce orgullosa el año de edificación: 1.934. Hoy está renovada y alicatada con azulejos, pero aún conserva un aire antiguo.

Llegando a Bouzas, dos chalets ajardinados a un lado de la calle, y una casa en lo alto de un muro pintada de rojo al otro,  nos despiden del Rocío.

Un barrio que supo librarse de una lacra, que podía haberlo convertido en un barrio marginal.

Texto: Gloria

Fotos: Gloria.

Un comentario sobre “El Rocío. El barrio que supo sobrevivir a la lacra de la droga

  • el 7 de agosto, 2017 a las 11:47
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    Gloria, buen reportaje, gracias por tu información.

Comentarios cerrados.