Hasta aquí llegué

Dos veces al año, antes del verano y al finalizar dicha estación, me hago una limpieza de cutis. Pero últimamente, las diferentes esteticistas que me la han hecho, me dicen que… tengo la piel muy arrugada, que se ve una piel apagada, seca, falta de vida y que tengo muchas arrugas.
Ni me inmuto, porque ya sé lo que viene a continuación. Resulta que necesito unos productos maravillosos, que ellas me venden y que por cierto, cuestan una pasta. Dinero que yo, ni por asomo, pienso invertir en parecer más joven de lo que aparento.
Tengo más cosas en las que gastar el dinero. Con esto no me refiero a lo necesario, sino a las cosas superfluas. Un viajecito, una excursión, teatro, cine, libros y salir a pasarlo bien con mis amigas.
Lo de querer parecer más joven y guapa, no me dice nada. Me arreglo lo normal. ¡Vamos! que intento no parecer una doña Rogelia. Por eso no soy nada clásica vistiendo. Sigo usando vaqueros, botas y un tipo de ropa, que se la puede poner gente mucho más joven que yo.
Y aunque no tengo canas, el día en que me aparezcan no tengo pensado teñirlas. Estarán acordes con mi cara, que ya tiene arrugas y las flacideces propias de los que tenemos, o hemos tenido el cutis graso.
No comprendo a la gente que se hace una cirugía estética. Seguramente creen que así parecerán más jóvenes, que no se le notarán los años vividos, y que los demás, les tomarán por mucho más jóvenes, de lo que en realidad son. Tenemos multitud de ejemplos, que no voy a nombrar aquí, de hombres y mujeres que se operaron, con un pésimo resultado.
Hace poco fui a ver una película, en la que trabajaba Anne-Margret. Una actriz a la que yo recordaba bellísima. ¡Qué decepción! Parecía una muñeca de cera, con la cara hinchada para disimular las arrugas y carente de expresión. A pesar de todo, se veía que tenía sus años y por tanto, no hacía el papel de una jovencita,  interpretaba a la novia de uno de los protagonistas. Un jubilado con muchos años y, que por cierto, no intentaba ocultarlos.
Cada vez me caen mejor mujeres como Meryl Streep, Ángela Molina, Carmen Maura y otras muchas, que no sufren por disimular sus años.
Hace dos años, fui a visitar a una amiga en Barcelona, quien tenía entonces unos 82 años. Cuando la vi. Me pareció guapísima. Con su pelo blanco y corto, unos vaqueros, un jersey grueso y con todas sus arrugas. Pero eso sí, esta mujer asiste a conferencias, va a exposiciones,  cuando se jubiló se matriculó en la Universidad de Mayores, y que hasta hace poco era voluntaria en la Asociación de vecinos de su barrio. ¡Vamos! Una mujer mayor, pero activa y a la que no importa, que se le noten los años que tiene.
Así quiero ser yo, como ella. Porque llegar hasta aquí me costó: trabajo, superar enfermedades, sobreponerme a disgustos, sufrimientos, perder a seres queridos. Esas tristezas que nos trae la vida a todos los seres humanos.
Pero también alegrías, conocer a gente que dejó una maravillosa huella en mi vida, y que no olvidaré nunca, porque forman parte de mi pasado. También he tenido buenos momentos, de esos que te alegra recordar, algo que hago cuando estoy especialmente nostálgica.
Todo eso es lo que se refleja en mi cara. Por eso tengo arrugas, flacideces y lo que haga falta.
¡Con lo que me costó llegar hasta aquí!
Que nadie intente convencerme de que tengo que hacer tal cosa, o ponerme tal potingue, para que no se me noten los años, porque tengo que demostrar… eso: ¡Que hasta aquí llegué!
Quiero que se me note lo que he vivido, haber logrado llegar hasta aquí, y la única muestra de eso, es que se vea el paso del tiempo en mi cara y en mi cuerpo.
Que todos se den cuenta de que hasta aquí llegué.

 

Texto: Gloria
Fotos: Wikipedia, República.com, Taringa.com

Un comentario sobre “Hasta aquí llegué

  • el 6 de julio, 2017 a las 20:58
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    Es que eso es lo importante, querida Gloria, “llegar hasta aquí”. Con todas sus consecuencias. En una palabra: VIVIR.
    Un abrazo.

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