El suicidio, un acto social

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Últimamente hemos visto un crecimiento del interés periodístico por un fenómeno social que ha sido y sigue siendo un tema tabú, como es el suicidio, pero  esta forma de terminar con la vida ha estado ligado a la humanidad y a sus costumbres, así por ejemplo,  los mayas, veneraban a Ixtab, la diosa del suicidio, y en el Lejano Oriente, los japoneses  el suicidarse era  una forma de lavar la deshonra.

En sociedades donde la sacralidad formaba parte de la vida cotidiana, era razonable que el comportamiento suicida se rechazara, pues el hombre no tenía permitido modificar su destino, pues estaba en las manos de Dios.

Émile  Durkheim, en su  obra El suicidio de 1897, desarrolla un  enfoque causa efecto sociológica, señalando que los suicidios son fenómenos individuales que responden esencialmente a causas sociales. Las sociedades presentan ciertos síntomas patológicos, ante todo la falta de integración o exceso de regulación social del individuo lo que da origen a comportamientos suicidas.

En su trabajo, como sociólogo, no trató de conocer el motivo de por qué un individuo particular se suicidaba, su interés se centró era conocer y explicar el porqué unos  grupos tenían unas tasas de suicidas más altas que otras, llegando a la conclusión de que diferentes grupos tenían  diferentes sentimientos conectivos que generaban diferentes corrientes sociales que influían en las decisiones individuales.

Durkheim consideró que la causa de los suicidios era debido a los diferentes niveles de integración social (apego del individuo a la sociedad) y a diferentes niveles de regulación de la sociedad (normas y reglas sociales que añaden presión sobre las personas) y estableció cuatro tipos de suicidio: Suicidio egoísta, altruista, anómico y fatalista.

No obstante, los estudio científico sobre el suicidio son muy difíciles pues  muchos de ellos se basan más en los intentos que en los fallecimientos realmente ocurridos, porque los familiares de estas víctimas ocultan este tipo de muertes y en otros casos por ser difíciles de  determinar las causas del fallecimiento con exactitud.

Lo que sí es verificable es lo que los expertos en psiquiatría advierten del aumento ininterrumpido de casos de suicidio que se registra en España en los últimos años, a la vez que alertan de que esos fallecimientos suponen ya la primera causa de muerte no natural.

Este tipo de muertes se ha incrementado en todos los segmentos de población, en especial entre los jóvenes, colectivo en el que supone ya la tercera causa de muerte no natural superando incluso a los causados en accidente de tráfico. También es mayor entre los varones en proporción de tres varones por uno femenino.

Los datos del INE del 2013 ponen de manifiesto que Asturias se sitúa en el primer lugar de la lista con 13,92 casos por cada 100.000 habitantes, seguida de Galicia (12,09) y Andalucía (9,63). Madrid y Cantabria se sitúan en el otro extremo, siendo los lugares en los que menos muertes voluntarias registraron.

Las estadísticas ponen de manifiesto también, que este tipo de muerte es más común en grandes ciudades y municipios pequeños frente a las zonas de población intermedias, lo que de alguna manera confirma las hipótesis de Durkheim respecto a la causalidad, considerando que la conciencia colectiva y apego en las grandes ciudades es menos  y que la presión social que se ejerce en las pequeñas puede ser mayor.

¿Pero qué se puede hacer? 

En el análisis de las conductas suicidad no debe ser suficiente con hacer una interpretación sociología del fenómeno, los expertos proponen que se han de desplegar acciones encaminadas a integrar las posibles conductas suicidas dentro de las patologías a tratar dentro del sistema de la salud pública, incorporando unidades de prevención o alertas sobre conductas suicidas.

Por otra parte, los familiares  que han perdido a un ser querido son los grandes olvidados pues es frecuente que en ocasiones se mantengan unos  fuertes sentimiento de culpa que precisaría tratamiento psicológico, algo que no está reconocidos  tampoco en el sistema de salud pública.

Texto: Javier Garmilla

 

2 comentarios sobre “El suicidio, un acto social

  • el 22 de septiembre, 2016 a las 21:22
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    El tema del suicidio es algo con lo que los expertos no se ponen de acuerdo. ¿El suicida es un enfermo?, me pregunto muchas veces. Se puede analizar desde todas las ópticas, pero como muy bien señalas, en los sistemas de salud, no hay respuestas claras ni preventivas. Por desgracia, a enfermos por alcoholismo u otras patologias psíquicas, se les deja en la calle. Como mucho, se les dá pastillas para que se duerman o atonten. Cerca de casa hay una pobre mujer, muy enferma por alcoholismo, que vive y duerme en unas escaleras. La gente dice, “es una alcohólica”, como si fuese lo que se merece, pero lo cierto es que es una persona enferma que no tiene respuesta en la seguridad social, con internamiento o lo que necesite, para que no tenga que dormir en la calle y viva sucia y olvidada. Estos enfermos no votan, claro..

  • el 23 de septiembre, 2016 a las 23:47
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    Magnifico articulo; non é frecuente que se comente algo sobor dos suicidios, como tantas cousas a cultura na que estamos inseridos ten reparos pararecoñecer que é un fenómeno maís dos seres humanos, pero pesa moito a crenza que a vida é de deus, e ese pensamento reprime aos individuos e a sociedade

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